Ajusticiados en Valencia. Breves apuntes sobre el verdugo y el cementerio de Carraixet

En Valencia existieron hermandades que, por motivos de piedad, asistían a los sentenciados a la última de las penas. Fue la Cofradía de Nuestra Señora de los Inocentes Mártires y Desamparados la que, desde el año 1409 hasta 1900 en que el servicio fue municipalizado, se dedicó a asistir espiritualmente a los reos de muerte, además de socorrer a los enfermos. La cofradía tenía otorgado el derecho de asistir y darles sepultura, para lo cual, igualmente tenían el privilegio de recoger limosnas por las calles para sufragios por el alma del ejecutado y para los cadáveres desamparados que aparecían en la ciudad. Tan pronto se hallaba un reo en capilla aparecían los andadores, miembros de la cofradía, acompañados de algunos niños del Hospital, portando una caja o cepillo con el nombre del reo y por medio de una campanilla que tañían, imploraban la caridad invitando a dar limosna a la voz de: ¡Germans, per a misa i sepultura!

Fue la Cofradía de Nuestra Señora de los Inocentes Mártires y Desamparados la que, desde el año 1409 hasta 1900 en que el servicio fue municipalizado, se dedicó a asistir espiritualmente a los reos de muerte …

Calle Angosta de la Compañía. Casa del verdugo. Ca. 1920. A. P. R. S.

Al aproximarse el momento del traslado al patíbulo hacía acto de presencia en la capilla el verdugo. En el siglo XIX se presentaba ante el reo pidiéndole disculpas y perdón por quitarle la vida. También el ejecutor podía oír misa o comulgar junto al condenado vestido con prendas de mortaja, previo pago al verdugo ya que éste era dueño de ellas en virtud del antiguo derecho llamado de despojo.

Al aproximarse el momento del traslado al patíbulo hacía acto de presencia en la capilla el verdugo. En el siglo XIX se presentaba ante el reo pidiéndole disculpas y perdón por quitarle la vida.

Cementerio de los Ajusticiados.  Barranc de Carraixet. Ca. 1920. A. P. R. S.

Cementerio de los Ajusticiados.  Barranc de Carraixet. Ca. 1920. A. P. R. S. 

Una de las vías de la ciudad que quedó para el recuerdo de los ejecutados fue la dels Transits (transidos, no tránsitos), que transcurría desde la iglesia de San Jorge a la calle de las Barcas. Su denominación es antigua y se debía a que allí existía un corral en el que por el siglo XV portaban y se exponían los cadáveres de los reos.

Los ajusticiados, antes de ser acompañados a Carraixet por una procesión formada por los cleros, se les colocaba sobre el féretro la imagen de la Virgen de los Desamparados, un ritual que quería ofrecer el amparo a los que ya poco lo necesitaban. Se ponían paños negros sobre el carro y un capellán tocaba una campanilla anunciando el paso del fúnebre cortejo.

Los ajusticiados, antes de ser acompañados a Carraixet por una procesión formada por los cleros, se les colocaba sobre el féretro la imagen de la Virgen de los Desamparados…

El último verdugo, Manuel Marco de las Mulas, Manolet, vivió en una humilde casa de la calle Angosta de la Compañía, cuya puerta hoy se haya tapiada, como cegada ha quedado la sentencia de muerte.

Capilla del Cristo de los Ajusticiados. Ca. 1920. A. P. R. S.

Capilla del Cristo de los Ajusticiados. Ca. 1920. A. P. R. S.

A.P.R.S. = Archivo Privado de Rafael Solaz
 

 

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3 Responses to "Ajusticiados en Valencia. Breves apuntes sobre el verdugo y el cementerio de Carraixet"

  1. Julio Cob  19 de julio de 2014 at 13:47

    Una advocación marcó la impronta de los valencianos desde aquel siglo XV que tantos nos enorgullece. No fue la de una Virgen hallada en una cueva, sino la necesidad de ayudar al desprotegido inmerso en el desamparo. Al igual que acompañar al ajusticiado en su último camino tras haber merecido con mayor o menos culpa la sentencia de muerte, pero a quien había que reconducirlo hacia la divina misericordia. Advocación, reo, verdugo y morada final al socaire de las hermandades valencianas que hicieron posible la perpetuidad de aquel hospicio que fundara el Padre Joffré como el gran adelantado de la sanidad pública. Y allí, escondido en la penumbra de la calle Angosta de la Compañía, el último verdugo esperaba la llamada de una tradición ya perdida que Rafael Solaz nos rescata y nos alumbra.

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  2. Javier Luna  21 de julio de 2014 at 13:44

    Si existen dos realidades incuestionables en la naturaleza humana, son el nacer y el morir.
    A ésta última se refiere Rafael Solaz en su tránsito no natural, sino como consecuencia de la aplicación de la justicia humana que, como tal, es siempre imperfecta.
    Pese a ello o precisamente por ello siempre han existido, existen y existirán quienes han sabido, saben y sabrán aplicar el principio de la misericordia que como virtud inefable contribuye a ser benévolos en el juicio que en cada caso pueda proceder y, por otra parte, a tener un carazón solidario con cuantos pasan privación o necesidad y tal vez se encuentren a muy cercana distancia geográfica o emocional nuestra, esperando nuestra respuesta.
    ¿ Sabremos responder adecuadamente a su interpelación ?

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