Algirós. Surcos de agua en una Isla Perdida

La acequia de Mestalla, después de pasar por Marxalenes y los grandes huertos de las calles de Sagunto y Alboraia, se dirigía a Benimaclet antes de llegar al mar. Cruzaba la partida de Algirós que era uno de los tres ramales principales de Mestalla. Su topónimo delata la procedencia: del árabe al zurûb, significa precisamente el canal. En el Repartiment de Jaume I ya quedó registrado como Algeroç, Algerof o Aliarof. Entre sus repobladores surgieron nuevos nombres: Pere Beceda, Guillem de Vic, Pere Eiximén o Joan de Cornudella. Pero fue a Guillem d’Aguiló al que le correspondió la alquería íntegra, un conjunto de casas rodeadas por exuberante huerta atravesada por el camino que iba en dirección al Cabanyal, al mar. A principios del XX llegó el ferrocarril de la Compañía Central de Aragón que segmentó el área hortofrutícola convirtiéndola, poco a poco, en espacio urbano y distrito residencial.

A principios del XX llegó el ferrocarril de la Compañía Central de Aragón que segmentó el área hortofrutícola convirtiéndola, poco a poco, en espacio urbano y distrito residencial.

Barraca en Algirós. Ca. 1915. A. P. R. S.

Barraca en Algirós. Ca. 1915. A. P. R. S.

Una mirada cincuenta años atrás nos acerca al Algirós trasformado. A uno y otro lado de la senda de la Carrasca se veían las casas de Giner, Farinós, Belloch, Prima, Torrás, Marqués, el chalet de Rosita o el del Castillo, antes de llegar a la estación del tren de vía estrecha que iba a las playas y al Grao. El camino de Algirós partía de la alquería de Valero. A un lado dejaba las casas del Figuero, Tofolín, Crespa, Fino, Barracús y la alquería de la Palmera antes de llegar a las de Chunsá, Llibrer, Martino y la barraca de Coscollá. Imponente se alzaba el citado palacete de Ayora rodeado de árboles exóticos, junto a la casa de Navarro. Más allá quedaban las alquerías de Calabuig, Carrasco, Estellés y la mítica senda de Albors. Surgían incipientes barrios: el de Castro u Obrero de Algirós, junto al asilo de Santa Isabel y el bloque de Cros; el de la Previsión Social o de la Unión; el Católico y el de la Infanta Isabel.

Camino de Algirós. Casa Horticultura Beyrat. 1930. A. P. R. S.

Camino de Algirós. Casa Horticultura Beyrat. 1930. A. P. R. S.

Imponente se alzaba el citado palacete de Ayora rodeado de árboles exóticos, junto a la casa de Navarro. Más allá quedaban las alquerías de Calabuig, Carrasco, Estellés y la mítica senda de Albors.

Actualmente el distrito está integrado por cinco barriadas: Ciutat Jardí, L’Amistat (construido en 1928), L’Illa Perduda (así llamada porque durante más de una década, desde su proyección en 1955, aquel bloque quedó aislado como un oasis del desierto urbano) la Carrasca y la Vega Baixa. Del Algirós de antaño poco o nada queda. Tan sólo su recuerdo, la memoria del canal que portaba agua dorada entre huertos de amistad.

Jardín de Ayora, Años 70. A. P. R. S.

Jardín de Ayora, Años 70. A. P. R. S.

Del Algirós de antaño poco o nada queda. Tan sólo su recuerdo, la memoria del canal que portaba agua dorada entre huertos de amistad.

A. P. R. S. = Archivo Privado de Rafael Solaz

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2 Responses to "Algirós. Surcos de agua en una Isla Perdida"

  1. Javier Luna  18 de marzo de 2015 at 11:03

    Rafael Solaz logra hoy sorprendernos con una descripción que, con independencia del lujo y precisión en los detalles, logra transcender más allá y nos permite ver, oler, escuchar, etc. En definitiva, sentir y emocionarnos con un pasado que pertenece a nuestra historia más reciente y cuyo recuerdo imborrable nuestro corazón, aunque con dificultad, aún es capaz de resistir.

    En 1812 fué cuando en la Huerta de Algirós se establecieron las tropas del Mariscal Suchet, prestas a a la invasión francesa de nuestra ciudad. En 1862 y, con la aparición de las vías de Valencia a Tarragona, la Estación del Cabanyal. En 1900 se se terminó el Palacete de Ayora. Y el 7 de Diciembre de 1919 se inauguraba el primer campo de fútbol en el que jugó el Valencia C.F.

    La urbanización y rápida y posterior ocupación de la huerta, la apertura del Paseo de Valencia al Mar y otro devenires posteriores hicieron desaparecer por completo los últimos vestigios del Camino de Algirós.

    Nuestra memoria y nuestro corazón, una vez más y como siempre, permanecerán junto al Distrito de Algirós con sus Barrios de L´Illa Perduda, Ciutat Jardí, L´Amistat, La Bega Baixa y La Carrasca. ¡ Y por mucho tiempo !

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  2. Julio Cob  18 de marzo de 2015 at 18:44

    La riqueza de la huerta que otrora envolvía a Valencia hubiera sido un imposible sin las acequias que regaban su vega. Aguas nacidas del Turia que desde tiempo inmemorial han ido enriqueciendo la tierra. Y no sólo aptas para múltiples cultivos en sus repetidas cosechas en el transcurso de uno año, sino produciendo vida en forma de barracas y alquerías con una urdimbre que se fue extendiendo y en la que se recrearon poetas, dejando para la posteridad el fruto literario de una obra universal.

    Navegando por las aguas de la acequia de Algirós, con su timón adiestrado, Rafael Solaz nos exprime de ella hasta la última gota y nos rescata para la actualidad la Valencia jaimina de aquellos sus repobladores; y ya con el salto en el tiempo y con el nuevo “canal de hierro” que encontraba su espacio entre acequias y caballones, el autor nos habla con todo lujo de detalle de alquerías y sendas, estaciones de ferrocarril, huertos y bloques de obreros al socaire de una acequia emblemática, que todos los jueves del año y desde la puerta de los Apóstoles es reclamada en voz alta, al grito de:

    ¡Denunciats de la sequia de Algirós!

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