1508165666470-1507139643574-2017-10-04¿Y si la educación sexual se centrara en el placer, en lugar del miedo?

Andrea Barrica creció siendo una filipina católica, lo que significa, según nos explicó, que la única educación sexual que recibió fue que le dijeran que no debía tener relaciones sexuales antes del matrimonio.

“Eso fue más o menos lo que me dijeron”, le dice a Broadly la joven de 27 años. El mensaje era que “todo lo que haces antes del matrimonio es un pecado. Nunca aprendí nada acerca del consentimiento o consenso. La razón por la que nunca aprendí sobre ello es: ¿por qué iba siquiera a pensar en ello? Se trataba de todo o nada. El tener un simple faje o llegar hasta el coito significaba que arderías en el infierno”.

Los efectos nocivos de este enfoque único de miedo y abstinencia con respecto a la educación sexual hicieron que Barrica se diera cuenta de que la positividad sexual es crucial para una educación sexual eficaz. Motivada por esta revelación, Barrica y su equipo lanzan este octubre O.School, una plataforma en línea impulsada por el streaming en vivo y el chat en vivo. O.School tiene como objetivo dar a la gente un espacio seguro para aprender sobre placer sexual, identidad y comunicación en la cama.

“La idea es convertirnos en el lugar más confiable en línea para hablar de sexo, resolver problemas íntimos y explorar la identidad sexual”, dice Barrica. “Eso es realmente diferente de la información basada en el miedo que recibes en la escuela: ‘Así es como evitas quedar embarazada; así es como evitas una ETS; ésta es la menstruación, éste es tu cuerpo’. Todo eso es muy importante, pero realmente no alcanza a cubrir ni un poco lo que significaría tener conocimientos sobre sexo y placer. Y es que ni siquiera en la clase de ciencias se aborda el tema del placer más allá de las explicaciones puramente anatómicas”.

Uno de los resultados de la destigmatización del placer —ayudar a las personas a deshacerse de la vergüenza y la incomodidad sexual— es lograr sexo más seguro. En los Países Bajos, por ejemplo, una educación sexual completa comienza desde los cuatro años, y los educadores apoyan la filosofía de que el placer sexual es normal. En un estudio realizado en 2011 en Women’s Health Issues, nueve de cada diez adolescentes holandeses reportaron haber usado anticonceptivos durante su primer encuentro sexual. Y la tasa de embarazo adolescente en los Países Bajos es menos de una cuarta parte de la de los E.U., de acuerdo con un estudio del Journal of Adolescent Health.

Varios estudios han relacionado la inclusión del placer en la educación sexual con otros resultados positivos, entre ellos “mayor comunicación en cuanto a las prácticas e identidades sexuales, desarrollo de una conciencia crítica (feminista), desarrollo de un mayor conocimiento de la logística y la respuesta corporal sexual e incremento de la libertad sexual y el empoderamiento; esto en particular, pero no exclusivamente, para las mujeres jóvenes”, según una reseña de Sex Education.

La educación sexual basada en el placer puede incluso ayudar a que las personas entiendan el consentimiento. Una vez que las personas tengan las herramientas para articular lo que quieren en la cama, Barrica argumenta que también tendrán las herramientas para articular lo que no quieren. “Al hacer que la educación sexual sea positiva, le enseñamos a la gente sobre el deseo, y cuando le enseñamos sobre el deseo, entonces puede comenzar a hablar sobre consentimiento y todas esas otras magníficas cosas que le enseñan a la gente cómo estar segura y cómo negociar los límites”, nos dice.

 “La positividad sexual le permite saber a la gente que tener sexo no es algo malo”.

Megan Stubbs, sexóloga certificada radicada en Michigan, también es una gran defensora de que se eduque a la gente acerca del placer. “Una vez que eres capaz de darte permiso de decir: ‘Soy un ser sexual’… [tienes] poder real para tomar decisiones y abogar por [tu] propio bienestar sexual”, le dice a Broadly.

“Las mujeres comúnmente son complacientes” cuando se trata de sexo, dice Stubbs, y que ellas aprendan lo “poderosa” que puede ser la palabra “no” podría beneficiar su salud sexual y su bienestar.

De hecho, un análisis de 22 programas de educación sexual para adolescentes y adultos jóvenes publicado en International Perspectives on Sexual and Reproductive Health encontró que el 80 por ciento de los programas de educación sexual con al menos una lección sobre género y poder trajo como resultado una disminución significativa en los embarazos o las ETS, en comparación con tan solo el 17 por ciento de los que no incluyeron esa lección.

“Con todo esto”, dice Barrica, “estamos haciendo que la gente hable más sobre sexo. Es muy raro que se le enseñe a la gente a hablar de sexo. En las películas hacen parecer que todo es muy natural y no requiere esfuerzo. Se supone que debes saber qué hacer, y esto nos conduce a tener sexo [poco seguro] porque tal vez no hablamos de las barreras que se sienten mejor.O quizás no hablamos de nuestra historia porque tenemos miedo de hablar de lo que estamos a punto de hacer”.

“La positividad sexual le permite saber a la gente que tener sexo no es algo malo”, continúa. “El sexo es algo bueno, y dado que es bueno, ¿por qué no deberías hablar al respecto? ¿Por qué no habrías de conseguir lo que deseas de él? Cuando te educan con la mentalidad de que el ‘sexo es malo’, no recibes todas las herramientas para poder protegerte”.