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El Levante goleó a un Sporting gracias a una efectiva primera parte

Real Sporting: Cuéllar, Alen, Luis H., Bernardo, Cases, Lora, Canella, Mascarell, Sanabria, Hugo Fraile, Jony.

Levante UD: Rubén I. , Toño García, Navarro, Simao MJ, Camarasa, Jefferson Lerma, Rubén G., Morales, Pedro López, Deyverson, Zou Feddal.

Árbitro: Mario Melero López.

Goles: 0-1. M. 17. Deyverson. 0-2. M. 24 Feddal. 0-3. M. 43. Deyverson.

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Buscaba el Levante con ahínco durante las últimas semanas un enfrentamiento que reafirmara sus convicciones colectivas sobre el verde y lo encontró a la hora del Ángelus en el Estadio de El Molinón. El fútbol es imprevisible en sus manifestaciones. No parecía el coliseo asturiano el mejor escenario para iniciar la pretendida reconquista en la clasificación. Y ya se sabe de la simbiosis que se establece entre la afición local y el grupo que conduce Abelardo. Sin embargo, el Levante despedazó a su oponente básicamente en cuarenta y cinco minutos lujosos sobre lo que edificó un triunfo de colosales dimensiones. Y no tanto desde una perspectiva numérica, que posiblemente también después de contemplar los resultados de los equipos instalados en la zona más pantanosa de la tabla. Es evidente que se trata el típico encuentro que está repleto de noticias positivas. La lista puede ser tan larga como extensa y profunda. Deyverson ajustó el punto de mira para ajusticiar la meta de Cuéllar. El atacante brasileño comulgó en dos ocasiones con la suerte suprema de la disciplina. Feddal cruzó las antípodas del campo para colaborar en tareas anotadoras y es de sobra conocido los efectos grupales de las dianas obtenidas por aquellos jugadores que menor relación mantienen con el gol por su situación sobre la superficie del tapete. Rubén Martínez se dio un homenaje ante Jony adivinando las intenciones del atacante desde los once metros. Y el grupo cerró el encuentro sin ver alterado su marcador. Portería a cero, como advierten los castizos, y tres goles que validaron una victoria incontestable, de contenido sobresaliente y sumamente liberadora.

El Levante se sintió protegido por los dioses durante el desarrollo del primer capítulo de la confrontación en tierras astures. Los aplausos de sus fieles y valientes seguidores desplazados hasta Gijón se convertían en el arquetipo de todo lo acontecido en esa fase del juego. Su puesta en acción fue decidida y firme. El riesgo va implícito en las propuestas tácticas de Rubi. El bloque ha decidido dar dos pasos al frente para alejarse de su portería y a la vez tratar de taponar la salida del esférico de su contrario. El cuero es un amigo y se establece una estrecha entente con sus caracteres. Es la mejor manera de controlar el tempo del partido. Huérfano de balón, el Sporting nadaba a contracorriente desde los albores de la cita. Las únicas tentativas llegaron por el flanco izquierdo por donde aparecía Jony. No obstante, cuando el Levante logró equilibrarse desapareció de la faz el atacante rojiblanco. Únicamente Halilovic podía virar el diseño del envite. El Levante no mutó con respecto a los partidos disputados en Mestalla o frente al Deportivo en el Ciutat.

Desde ese prisma sus constantes se mantienen inalterables. Rubi está instaurando una idea y los jugadores entienden y asumen esa manera de interpretar el fútbol. Y lo hacen con pasión. Hay una creencia generalizada. Fue un bloque compacto, ordenado, simétrico, con tendencia a dinamizar su juego por los costados y con presencia real en las proximidades de la meta contraria. Quizás la principal y única diferencia entre los duelos pasados y el presente fue la extrema efectividad mostrada por las huestes granotas. Esa fue la distancia real y sideral entre el ciclo de partidos propuestos. Esa virtud le garantizó una plácida mañana ante un rival que perdía fuelle. Necesitaba el bloque de un encuentro de semejantes características para reforzar su moral y sus convicciones. El relato parecía escrito cuando Melero López decretó el final del primer acto.

Deyverson aprovechó un balón sin aparente dueño en el interior del área para estrenar el marcador. Fue un gol que define a un atacante que hace del oportunismo una manera de entender el fútbol. El gol reforzó el espíritu del equipo azulgrana demasiado acostumbrado a tener que torcer resultados que nacen desde la contradicción. Feddal cimentó el triunfo con un gol de raza. El zaguero olió la oportunidad y aprovechó una indecisión de la defensa local tras una excelente falta botada por Morales para meterse en el interior de la portería con el cuero. Deyverson cerró la cuenta al aprovechar una acción que germinó desde la estrategia. El brasileño surgió embozado por el segundo palo para prácticamente abrazar el triunfo. Restaba un mundo, pero el choque estaba totalmente encauzado. Y la victoria no se escapó, pese a los intentos de la escuadra local de mudar la inercia que marcaba un partido que marchaba en una única dirección. Quizás el punto álgido fue la batalla entre Jony y Rubén desde el punto de penalti. Quedaba media hora por delante y se esperaba un Sporting agitador, pero el meta salió indemne del desafío tras leer las intenciones del punta local. Desde entonces el partido fue un monólogo entre dos equipos que ya asumieron cuál era su rol.

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