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El Mercado de Valencia (IV)

Existían otros mercados considerados mayores o especializados: la Lonja de la Seda, donde se almacenaban géneros custodiados por un guardián que, a su vez, era el encargado de guardar las llaves; la Lonja del Aceite, donde estaba establecido el Peso Público y la medida oficial, edificio que tras ser derribado dejó paso a la actual plaza del Doctor Collado.

Plaza del Mercado. Ca. 1916.

Plaza del Mercado. Ca. 1916.

Este centro de pesaje, además de controlar los pesos de las mercancías, también controlaba los pesos de las tiendas; eran épocas en que, a veces, estos se trucaban para beneficio del tendero. Los pesos solían ir con una marca que indicaba el haber pasado por los controles legales pero, con alguna frecuencia, las pesas eran trucadas realizándose unos agujeros que después eran rellenados con plomo. Los empleados públicos del Tribunal del Repeso recorrían la amplia zona del Mercado y sus inmediaciones. Resolvían cualquier litigio entre compradores y vendedores, en las desavenencias eran una especie de filtro antes de que éstas llegaran a la justicia ordinaria.

14 Els pillets del Mercat. Dibuix de l'autor

Els pillets del Mercat. Dibuix de l’autor.

Aquí se podía comprar aceite al por mayor, envasado en un pellejo que pesaba cinco arrobas. En toda esta zona se encontraban el Almudín o Alhóndiga de trigo; las lonjas o casas de arroz, que se vendía en talegas en el carrer de l’Engonari, donde también se comerciaba con granos de pimienta, cacao, garbanzos, clavos, cominos; la pescadería, en la plaça de les Herbes; las carnicerías mayores; la lonja de pasas e higos de la plaça de la Companyia; el mercado del carbón, que se vendía en serones junto al cuartel militar del Principal y después fue trasladado al carrer Aluders.

Aún más: el mercado de la cal para enjalbegar, en la plaça de la Mercé, en la que igualmente se vendían cañas; la de cerdos y peso de la paja y algarrobas, en la plaça de les Barques; la casa del peso de vino y licores, en la plaça de Santa Úrsula; la lonja de medida de castañas y huevos, en la plaça del Mercat; el comercio de paradas ambulantes del vidriado y obrajes de barro, en la plaça del Cementeri de Sant Joan; el Alfolí de la Sal, en el carrer de l’Almirall. Junto al portal del Cid se podía adquirir pólvora, salitre y otros minerales; las velas de sebo en la fábrica situada en el Muro de la Blanquería.

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2 Responses to "El Mercado de Valencia (IV)"

  1. Julio Cob  25 de octubre de 2015 at 16:48

    Rafael Solaz, en su viaje torno al mercado, nos habla de aquello que contribuía a darle más entidad. Todos los productos que llegaban a Valencia tenían su “control de calidad” y el sitio adecuado para su almacenaje y posterior distribución.

    No podían faltar los “pillos”, siempre al descuido. El autor nos informa de ellos también con el pincel, en un dibujo cuyo muestra es la que se esconde en su interior. La mujer temerosa que abraza su mercancía sabe de ellos.

    Pesos, garbanzos, pólvora, laurel. Empleados de “repeso” en su obligación diaria. Lo de Rafael Solaz es otra cuestión: su devoción.

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  2. Javier Luna  25 de octubre de 2015 at 20:20

    En ésta ocasión Rafael Solaz logra con una fuerza descriptiva inigualable e incomparable hacernos ver, oir, sentir, oler, gustar … lo que nos cuenta en tan magistral relato.
    Es indudable que las transacciones comerciales de la época contaban con unas peculiaridades muy diferentes a las de hoy en día. Pero también es cierto que la vertiginosa evolución en los usos y costumbres permite seguir vendiendo a unos y comprando a otros, pero quizá con la aceleración y el vértigo consumista de los tiempos modernos y no con la serenidad y el gozo de tiempos pasados.
    Mercados de nuestra querida Valencia, que supusieron centros neurálgicos de la actividad comercial en su momento y que aún hoy siguen marcando a otro muy diferente nivel el devenir de nuestros habitantes a la hora de encontrar aquello que difícilmente puede encontrarse en otro lugar.
    ¡ Tratemos de que la supervivencia de los mismos sea duradera !.

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