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El ungüento de fray Silvestre Ripollés y la València de los elaborados prodigiosos

Ungüento Cañizares.
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Ungüento Cañizares.

Los ensalmos, nacidos como réplicas supersticiosas a las artes diabólicas, no eran maléficos. Se convertían en actos de sanación cuando se aplicaban junto a remedios para las más diversas enfermedades. Se bendecían las vendas de la persona herida y se realizaban cruces sobre la llaga. Las verrugas se curaban echando en un recipiente tantos guisantes como verrugas tenían que eliminarse, pronunciando luego las palabras mágicas basadas en oraciones secretas. Aparecían los xucladors que curaban chupando las heridas, llagas, quemaduras, mordeduras de serpientes y de perros rabiosos. Lavaban la herida, hacían sobre ella tres veces la señal de la cruz con la lengua y, después, succionaban con toda la fuerza mientras el enfermo rezaba una salve.

Muchos de los curanderos mágicos valencianos emplearon la Triaca Magna en sus diferentes tipos, ya que a, compuesta de hasta cincuenta y siete productos, se podía aplicar otra llamada parva o triaca de pobres, compuesta solamente de cuatro substancias.

La mayoría de libros que contenían fórmulas mágicas eran manuscritos. En ellos se podían apreciar, junto a preparados medicinales, conjuros y soluciones para uso de la vida cotidiana. En ocasiones, se incluían grabados de santos y continuas oraciones que daban un soporte de ayuda divina. Estos manuscritos eran de uso particular de hechiceros, curanderos, adivinos, sangradores y hasta eran utilizados por algunos médicos rurales.

Receta para ungüento. Siglo XIX.

Receta para ungüento. Siglo XIX.

En nuestro archivo tenemos uno de estos manuscritos, de principios del siglo XIX, el cual adjuntamos. Como se ve recoge la fórmula para la elaboración del ungüento más valenciano. Está firmado por Tadeo Gasulla quien dice que es copiado de fray Silvestre Ripollés, monje de obediencia y cirujano del monasterio de San Jerónimo, de Gandía. Se aplicaba sobre viejos tumores, quemaduras o bambollas. Empleado como empasto sacaba las raíces, curaba, limpiaba y también tenía un efecto cicatrizante.

Más modernamente el ungüento Cañizares que desde 1896 se convertía en todo un clásico, una referencia en la ciudad (todavía se comercializa con su redonda caja roja). Su fórmula original ha sido modificada, ahora lo publicitan como más natural, quizá empleando algún producto de los que fray Silvestre preconizaba. En el recuerdo quedaron aquellos granos de la adolescencia, con pus, que Cañizares los hacía estallar con su preparado. Mano de santo, decían. No sé si de santo pero seguro que de fraile tendría algo.

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