España agoniza, la traición impera

jose maria llanos presidente vox valencia (1)José María Llanos

(Presidente Provincial de VOX Valencia)

 

La España democrática ha muerto. Después de cuarenta años desde que se celebraron las primera elecciones democráticas (15/06/1977), y tras haber pasado por momentos en los que enterramos a Montesquieu -según proponía Guerra, hablando de la dudosa división de poderes efectiva-, estos días de la primera semana de septiembre de 2017 hay que decir que la democrática España ha muerto. Pero no se trata de una muerte súbita, no vayan a pensar; ha sido fruto de una serie de lesiones continuadas que han finalizado con la muerte técnica de la nación española, por asesinato.

Este tránsito hacia el fallecimiento de la España democrática comenzó, aunque no lo queramos reconocer, con la propia Asamblea Constituyente que, con ilusión, tenacidad y ganas de avanzar, pero también con tibieza y concesiones a intereses torticeros, sembró la semilla que ha desarrollado el árbol del veneno con el que se ha ido matando a España. La cesión ante el “engendro autonómico” no tenía como objetivo real el que la administración, los servicios, los dineros, la sanidad, y las infraestructuras, se acercaran al ciudadano, tras un período supuestamente de excesiva descentralización; sino que la configuración de España como un Estado Autonómico fue una graciosa concesión (hoy muchos españoles reconocen que no fue graciosa, sino macabra) a los cuatro nostálgicos del País Vasco y de Cataluña, que querían un reconocimiento “especial y prioritario”, como ciudadanos de primera; lo que dejaba a los demás españoles como ciudadanos de segunda, de tercera, o de regional. Y si alguien lo niega, que me explique por qué esas dos posteriores autonomías tuvieron un tratamiento privilegiado en la propia Constitución, frente a los demás territorios de España. Nos dirán que tenían una historia política independiente anterior, que eran lo que se denominó “nacionalidades históricas”; ¿desde cuándo? ¿desde dónde empezamos a contar? ¿desde los iberos, los celtas, la Marca Hispánica, los Reinos de Navarra, Castilla, Aragón y Valencia, los Reyes Católicos, la España de Felipe II en cuyos territorios no se ponía el sol? Porque si de historia hablamos, por ejemplo, podemos citar los Fueros de Valencia, la Batalla de las Germanías, la Batalla de Almansa. ¿Quién osa decir que el País Vasco y Cataluña son nacionalidades históricas? Cuatro descerebrados con intereses espúreos, y una asamblea constituyente que cedió al chantaje prenacionalista.

Pero tras años de gobiernos genuflexos a los nacionalistas “históricos”, llegó Aznar; y cual Rey Salomón decidió que el “café tenía que ser para todos”; eso sí, bajo la presunción de que “todos tomamos café”. Y de nuevo saltó la liebre: ¿por qué café para todos si nosotros somos una nacionalidad histórica y vosotros no? Y vuelta a empezar.

Este engendro autonómico -a pesar de las cesiones, concesiones, bajadas de pantalones, partidos nacionalistas bisagra en gobiernos nacionales chantajeados-, no sólo dejó insatisfechos a todos, y convirtió en 17 las corruptelas, los gastos, los asesores, los políticos de chicha y nabo, los cargos y servicios duplicados, la sanidad, la seguridad, e incluso parte de la soberanía nacional (nunca he visto una embajada o consulado de Texas en ninguna parte del mundo; pero sí hay por ahí embajadas de Cataluña, pagadas con los dineros de todos los españoles); sino que además falseó, manipuló, modificó, pisoteó, vomitó la educación, y se inventó 17 historias distintas, sobre la única realidad histórica (porque del pasado cabrán interpretaciones, pero los “hechos” ocurridos son inmutables). Y de esta manera y con estas concesiones al “poder autonómico” -además de que la educación ha caído en España a niveles tercermundistas-, se ha estado adoctrinando en las escuelas y se ha estado inoculando un odio a España. Todos sabemos que la mente de un niño es una esponja que lo absorbe todo, y goza de la bendita inocencia de la menor edad, lo que es por desgracia un terreno abonado para echar la semilla de la mentira, la manipulación, la distorsión histórica.

Ya he comentado en algún otro momento que tras la Segunda Guerra Mundial, los partidos de izquierdas que habían luchado al lado de los aliados, a pesar de ser minoritarios fueron premiados concediéndoles participación en algunos gobiernos europeos; y cuando se les decía en dónde querían participar siempre solicitaban “educación”. ¡Cómo no! Es en la infancia, en la escuela, donde se puede influir en mayor medida sobre el futuro de una sociedad, porque son esas mentes vírgenes las que habrán de construir el futuro, para bien o para mal.

Y así ha ocurrido en nuestra fallecida España: hoy hay muchísimos más independentistas en nuestro país, que antes de que la enseñanza fuera cedida a las Comunidades Autónomas; y hoy la historia común española, la de verdad, no se oye en un solo colegio vasco o catalán (o valenciano, o ….). Hoy está impregnado en el sentimiento, en la mente, en el seny catalán que Espanya ens roba, y por eso es mejor salirse de España, y si para ello hay que matar a España, pues España muere y listo. Y ahí está el “Presidente honorífico Rajoy” (porque no da un paso ni de lagartija para defender a España), charlando con el “nación de naciones Sánchez”, y con el “hoysocialista – mañanalilberal – pasadomañanacentrista – luegoloqueconvenga Rivera”, y allá a lo lejos el “democráticoIrán – democráticoVenezuela Iglesias”; y ninguno de ellos, NINGUNO, dando un solo paso para defender España, para defender a los españoles, vivan en el territorio español en el que vivan.

Hace unos días escuché a un contertulio radiofónico una comparación que considero muy acertada: necesitamos más Churchills y menos Chamberlains, más fortaleza y eficacia, que buenismo fracasado. Pero, ¿qué se puede esperar de una sociedad en la que personas conocidas como la actriz Rosa María Sardá, al día siguiente de la masacre cometida en las Ramblas de Cataluña el 17 de agosto, hablando de los atentados concluye diciendo “Salut i República”; o de un pueblo que pocos días después sale a la calle, no para condenar el atentado y honrar a las víctimas, sino para llenar los medios de comunicación con banderas independentistas y lemas contra el Gobierno de la Nación y el Jefe del Estado, aprovechándose de los 16 fallecidos y los más de 100 heridos en la masacre?

Por eso España ha muerto; y ha sido asesinada por los mismos a los que se les ha encargado protegerla; los mismos a los que “les hemos” encargado defenderla. Se han cometido delitos que han de perseguirse y juzgarse, y sentencias que han de cumplirse; pero también estoy convencido de que las soluciones más importantes no son estrictamente judiciales sino políticas (por supuesto, dentro de la ley). La Constitución Española prevé que las Fuerzas Armadas protejan el territorio nacional (art. 8) y prevé la posibilidad de suspender el autogobierno de una autonomía (art. 155) si no cumple las obligaciones que la Constitución u otras leyes le imponen, o actúa de forma que atente gravemente al interés general de España. Y como nada de esto se ha hecho, el Gobierno del Sr. Rajoy es ya no cómplice, sino en mi opinión, “cooperador necesario” con este asesinato a la nación. Y existe además una Ley de Seguridad Nacional; y nuestra legislación penal contempla el delito de sedición, el delito de rebelión, el delito de traición; y en mi opinión, ya sea en grado de tentativa (que también son punibles) como en grado de consumación, ya se han producido. Sin embargo no pasa nada: en una parte de España, en Cataluña, un Parlamento constituido en unas elecciones “autonómicas” -gracias a la previsión constitucional y a la legislación electoral nacional-, se arroga un poder ficticio como Parlamento “nacional”, para robar un territorio que pertenece a la soberanía española, y el gobierno se pierde en los tribunales, en lugar de adoptar las medidas coercitivas adecuadas. ¿El 23 de febrero de 1981 se recurrió en los tribunales el asalto al Congreso de los Diputados, o se tomaron medidas de fuerza, dentro del orden constitucional para sofocar la rebelión? ¿Qué diferencia hay en este caso, en el que se ha dado un golpe de estado en un parlamento español –el parlamento autonómico catalán-, y se pretende una rebelión contra España, y arrebatarle la soberanía nacional sobre parte de su territorio?

Así las cosas, y con la actitud del Gobierno de España, que es culpable precisamente por no actuar –es el delito de comisión por omisión-, ¿cabe la Resurrección de España? Yo creo que sí; estoy firmemente convencido de que hay patriotas, hay españoles que no están dispuestos a que nos “roben” España, porque si los independentistas quieren separarse de España lo tienen muy fácil: por un lado tienen Andorra y Francia, y por el otro el Mediterráneo. Pueden elegir dónde montar “la República Independiente de su Casa”; pero desgajar parte del TERRITORIO ESPAÑOL ni hablar. El problema es que los buenistas, los pusilánimes, los tibios, los tancredistas, los casta y los caspa, son como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer; y controlan los medios, de forma que las iniciativas, las decisiones, el mensaje de muchos españoles que queremos resucitar a España, y protegerla, no llega a la ciudadanía. Porque para matar a España, primero la han anestesiado; y para poderla resucitar, hace falta que muchos despierten. Estaba claro que para acabar con España, sólo hacía falta que nos la cargáramos nosotros mismos, como decía Bismarck; pero también siguiendo sus palabras, será nuestro empeño el que la resucite, y vuelva a “Hacer a España Grande Otra Vez”.

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