Internet, la cultura ya no ocupa espacio

Carlos Morenilla Mairena. Arquitecto.Carlos Morenilla Mairena.

Arquitecto.

Algunos ven en  ARPANET el origen profundo de nuestro actual Internet. Arpanet era una red que unía un nutrido grupo de computadoras del Departamento de Defensa de USA. La idea era que fuese indestructible; que aunque un nodo, una computadora fuera desconectada el resto siguiera funcionando. Y vaya si lo consiguieron!!. En las siguientes dos décadas evolucionó interconectando más y más redes, hasta el World Wide Web (www). Y aunque Internet era utilizada al principio por muy pocos era ya una idea global con pocos contenidos por el momento.

Un grupo de científicos del CERN de Suiza en 1989 decidió utilizarlo para sus comunicaciones profesionales. Para ello desarrolló el HTTP con HTML, con avances en páginas dinámicas programadas PHP, Java, JavaScript, ASP, etc., aumentando sus posibilidades. Poco a poco, Internet fue llenándose de información, pero el gran cambio  llegó con los buscadores que permitían un acceso sencillo y rápido a todo el contenido de la RED, y ese todo empezó a crecer exponencialmente hasta casi convertirse realmente en “todo”.

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En 1996 apareció Backrub, un buscador creado por, Page y Brin, dos estudiantes de posgrado en ciencias de la computación en la Universidad de Stanford. Un año después le cambiarían el nombre por Google.

Como toda disrupción tecnológica, progresivamente la revolución de Internet se fue cobrando cadáveres: enciclopedias, guías de todo tipo, revistas,  diarios y periódicos … básicamente cualquier publicación en papel está amenazada con extinguirse. Hoy la batalla se está librando ya en el terreno de la televisión generalista que conocemos. Pronto tendremos una televisión personalizada para el usuario en el siguiente nivel evolutivo de la televisión a la carta.

No pretendo, sin embargo, dedicar este espacio a los logros y futuro de Internet, sólo trato de mostrar su potencia en el entorno del conocimiento y, en definitiva, de la Cultura.

En un artículo reciente, hablaba de las webs más visitadas del mundo. Google es la primera, lo que empezó como un potente buscador, ahora es mucho más. Busca, indexa, ordena y clasifica todo: textos, imágenes y vídeos.

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Wikipedia, la enciclopedia libre digital,  está también entre las diez primeras más visitadas. Cultura al alcance de todos.

Otro de los lugares más visitados es Youtube. 4 millones de vídeos son vistos al día. Su archivo de vídeos tutoriales sobre cualquier temática es abrumador. No puede entenderse la formación y el aprendizaje de cualquier actividad, profesional o no, sin el concurso de estos instrumentos.

Y lo más llamativo es que tanto Wikipedia como Youtube se nutren de las aportaciones de personas que desinteresadamente suben y actualizan sus conocimientos a la RED.

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Además, el acceso a  Internet desde nuestros smartphones o teléfonos inteligentes nos da unas capacidades enormes. Esta circunstancia afecta al modo en que el ser humano vive y cada vez somos más digitales en todo lo que hacemos. Nuestra música, libros, películas, fotografías, agendas, mensajes… se almacenan en Internet, en la nube. Y en nuestra vivienda, coche o incluso en la maleta de las vacaciones queda libre más espacio.

También en la Cultura y el Arte Internet lo ha transformando todo. Se estudia y se crea en Internet. No es que se suban las creaciones a Internet, es que se producen dentro de Internet. Y con la adopción progresiva de la “realidad virtual” accederemos a una nueva dimensión digital cultural nunca antes conocida.

Y disrupción tras disrupción, nuestro entorno vital cada vez es más digital.

Si asumimos que Internet ha dado un acceso absoluto y cada vez más libre a todo contenido cultural, dejando intencionadamente al margen el debate sobre los derechos de autor de los artistas,  también deberíamos reflexionar sobre cómo está afectando esta circunstancia al mundo físico, no digital, en el que se ubica la Cultura.

Antes las manifestaciones culturales necesitaban ocupar espacio físico: museos, bibliotecas, escuelas, universidades, centros de exposición de todo tipo, auditorios, teatros, cines… Ahora la alternativa digital ya ha superado en usuarios y volumen de contenidos a estos tradicionales espacios culturales físicos.

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Y ¿Cómo estamos gestionando el “espacio público cultural” físico? O dicho de otro modo, ¿qué va a pasar con nuestras bibliotecas, museos, auditorios …? Es una reflexión muy necesaria en momentos de sacrificio económico.

Debemos afrontar en la arquitectura el reto de replantear los requisitos para la eficiente convivencia entre el “espacio público cultural” físico y la dimensión digital o virtual.

Como arquitecto creo que la “versatilidad o polivalencia espacial” podría desvelar la clave en este proceso de transformación de los tradicionales contenedores arquitectónicos culturales.

Tenemos un patrimonio arquitectónico dedicado a la cultura valiosísimo y, precisamente por serlo, debiera de concentrar sobre sí mismo todo el esfuerzo económico. Debiera de ser perfectamente conservado, respetado, promovido y adaptado a las nuevas posibilidades expositivas.

Nuestro patrimonio cultural no necesita la creación sistemática de nuevos contenedores físicos, museos costosísimos, en vez de la adaptación de los ya existentes a Internet, una nueva dimensión infinita, espacialmente hablando.

Internet y todo el desarrollo que permite, bien utilizado puede permitirnos acceder a un nivel superior de difusión cultural y con ello aumentar nuestras expectativas de prosperidad y bienestar basado en la Cultura.

Siempre dijimos que “el saber no ocupa lugar”, hoy ya podemos hacer que sea rigurosamente cierto.

Carlos Morenilla Mairena, arquitecto.

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