L’Oceanogràfic suelta al mar 20 tiburones ‘pintarroja’ tras criarlos a partir de “descartes”

La Fundación Oceanogràfic ha soltado al mar 20 ejemplares jóvenes del tiburón ‘pintarroja’ tras criarlos en sus instalaciones a partir de los “descartes de pesca”, que la entidad ha transformado en un recurso para realizar labores de investigación, divulgación, educación y conservación del medio marino, con un proyecto que no tiene precedentes en España.
El director de la investigación y biólogo en la Fundación Oceanogràfic, Pablo García, ha presentado este viernes en la Marina de València el proyecto junto con la presidenta de la Fundación, Cadia García, el director general del Consorcio Valencia 2007 –que gestiona la Marina–, Vicente Llorens, y la concejala de Bienestar Animal en el Ayuntamiento de València, Glòria Tello, antes de soltar a los tiburones a unos dos kilómetros de la costa.
El responsable del proyecto ha explicado que la investigación, en la que han colaborado el área de Conservación de la Fundación Oceanogràfic con la Asociación LAMNA y los pescadores del barco Cap Prim Segón de Xàbia y el Pausep de València, se trata de un proyecto de recuperación de huevos de elasmobranquios, que pretende trasladar a la ciudadanía el sentimiento del “cuidado del mar”, para que comprendan la “necesidad de conservar el medio marino”, ha señalado la presidenta de la Fundación Oceanogràfic.
Estos “descartes de pesca” incluyen huevos de rayas y tiburones enganchados en las redes o hembras preñadas con huevos dentro que, gracias a la “labor impagable” de los pescadores, fueron extraídos de las hembras muertas o desenredados de las redes de pesca y trasladados a las instalaciones de cuarentena del Oceanogràfic donde se limpiaron y colocaron en “acuarios especializados”, ha indicado Pablo García.
Allí, probaron diferentes niveles de salinidad, iluminación y temperatura del agua para que el desarrollo de los animales fuera “lo más exitoso posible”, además de controlar “diariamente” el desarrollo de los animales, que provocó la “eclosión de los embriones”.
LIBERADOS EN UNA ZONA ESPECÍFICA
Los tiburones, de aproximadamente diez centímetros y nacidos hace dos meses, han sido soltados mar adentro, después de partir de la Marina, en una zona elegida por ser “similar” a la empleada por las hembras en el medio natural para sus puestas, ya que los tiburones son “muy específicos” a la hora de elegir el lugar donde ponen los huevos.
De esta manera, los animales podrán “vivir libremente” y así “cerrar el círculo” y completar el paso interrumpido cuando los huevos fueron sacados del mar.
“Seguramente se irán mar adentro, hacia el talud, y abandonarán la plataforma continental”, ha aventurado el responsable del proyecto y ha explicado que esta especie de tiburones, que se alimentan de pequeños invertebrados, gusanos, gambas y cangrejos, vive en distintos lugares en función de si son crías o adultos, para no compartir el alimento y no son “para nada” agresivos.
Asimismo, García ha indicado que los tiburones pintarroja adultos no varían demasiado la forma respecto a las crías y alcanzan unos 60 o 70 centímetros. Sin embargo, no ha querido evaluar la supervivencia de los animales liberados, ya que se trata de una experiencia “piloto”.
EMBAJADORES DEL RESTO DE ESPECIES
El proyecto se ha iniciado con los tiburones pintarroja, una especie habitual que no se encuentra en peligro de extinción, para ver si la investigación era “posible”, por lo que son “embajadores del resto de especies”.
Al tener un resultado “positivo”, el objetivo próximo es trabajar con especies que se encuentren en peligro de extinción, con las que ya saben cómo actuar al tener esta primera experiencia. “Gracias a lo que hemos aprendido con esta especie podremos ayudar a otras”, ha destacado García.
A pesar de que en esta ocasión no supervisarán los movimientos de los tiburones liberados, la intención futura –la próxima suelta la realizarán dentro de tres o cuatro meses– es “marcar” a los animales que se liberen, siempre que estos sean más grandes que los soltados hoy, para ver por dónde se mueven y así supervisarlos, a través de la colaboración con empresas que trabajen con sensores de animales.
En cuanto a las rayas, García ha señalado que son el “siguiente paso”, aunque ha manifestado que es “más complicado” que los huevos sean “viables”, ya que estos animales y sus huevos son “más delicados” y sufren el “estrés” de la pesca.

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