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María Frisa: “Creo que es necesaria una dosis de humor en la vida”

El Péndulo | Jimmy Entraigües.- Conocida por la exitosa serie juvenil compuesta por ’75 consejos para sobrevivir en el colegio’ (2012), ’75 consejos para sobrevivir en el campamento’ (2013), ’75 consejos para celebrar tu cumpleaños a lo grande’ (2013) y ‘75 consejos para sobrevivir a las extraescolares’ (2014), la escritora María Frisa llega a los escaparates con un nuevo trabajo: ‘Cómo sobreviví a la madre de Pavlito’ (2014, Espasa).

Con una historia mucho más próxima para un lector adulto, Frisa cambia el registro de su anterior modelo literario para adentrarse en los territorios donde los adultos, en este caso una protagonista, debe enfrentarse a los miles de problemas que supone compaginar la viva familiar, laboral, social y…, los hijos.

Licenciada en Psicología Clínica María Frisa es una mujer locuaz, expresiva en sus gestos y comentarios y una verdadera apasionada en todo lo referente a las vicisitudes humanas cuando se enfrenta a sus angustias cotidianas.

María Frisa durante un momento de la entrevista.
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María Frisa durante un momento de la entrevista.

Hablamos con Frisa sobre su nueva novela y acabamos descubriendo que el humor también es un buen remedio para sobrellevar el día a día.

El Péndulo: Con ‘Cómo sobreviví a la madre de Pavlito’, ¿rompes un poco la línea que tan bien te funcionó con la saga ’75 consejos para…’?

María Frisa: Sí, sí. Tienes que tener en cuenta que los anteriores eran juveniles y este es más para adultos. De todas formas, para mí sí que es una continuación lógica y…, el germen de este libro lo tenía hace como dos años en la cabeza pero no sabía cómo materializarlo, cómo plasmarlo, porque fui juntando un montón de sketch de la vida cotidiana y lo veía más bien en viñetas como una especie de novela gráfica pero había un problema, yo no sé dibujar. Pero, un día se me ocurrió que lo que tenía que hacer era lo mismo que hacía con los libros juveniles pero ahora hacerlo para adultos. Si antes el foco estaba en la niña y los padres estaban en un segundo plano, ahora el foco estaba en los padres y la niña pasa a un segundo plano. El tono es muy parecido, es un tono muy irónico, muy divertido, rápido, fresco, no sé…, la intención es que te lo leas como si estuviera hablando una persona muy cercana. También he intentado hacer un libro, y esto puede ser un oxímoron, para no lectores. Yo creo, de verdad, que si todo el mundo encontrara un libro adecuado, todo el mundo leería y…, entonces he hecho un libro para gente que se despierta a las seis de la mañana y está todo el día haciendo cosas y cuando se tumba, a las diez de la noche en el sofá, se pregunta ‘¿qué pongo la tele o leería algo?’, pues…, un libro que se vayan a reír y les apetezca.

E.P.: En este libro juegas con un tono muy pedagógico, muy didáctico, es como si quisieras llegar al lector con una metodología muy instructiva.

M.F.: Bueno…, en los otros tenga un poco más de estilo didáctico y hay más consejos y…, bueno, en este también hay consejos, lo que pasa es que, lo que digo yo, son consejos un poco inútiles. No sé, en este el único consejo útil que doy es, algo así como: si vas a hacer régimen un mes entero sea en febrero que es más corto.

E.P.: Pero no me refiero al sentido de humor o a los puntos de ironía que hay en el libro sino más bien al aire de didactismo que hay en toda la obra. Es como un deseo de señalar un aprendizaje.

M.F.: Yo lo que he intentado con todos los libros y con este es que se produzca una identificación desde la primera página, que el lector se identifique con la protagonista desde la página uno. A ver…, son cosas supercotidianas. El libro empieza con una madre chillándole al hijo ‘¡bébete la leche!, ¡bébete la leche!’ y cualquiera que tengas hijos a chillado eso veinticinco veces. Lo que he intentado es que sean situaciones cotidianas que haya vivido cualquiera y si no las has vivido sabes que te pueden pasar mañana o has conocido gente que ha vivido esa situación.

E.P.: ¿Hay algo del conductismo de Skinner en la obra? Es decir, ordenación del comportamiento humano respecto a los padres y los hijos.

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Portada del libro ‘Cómo sobreviví a la madre de Pavlito’.

M.F.: ¡No, no! (ríe ante la pregunta) De hecho estoy lejísimos del Skinner. Bueno, en casa sí que aplico el conductismo con los niños (vuelve a reír). Vamos, un poco de refuerzo positivo y refuerzo negativo. Vamos a ver, son libros, tanto los anteriores como este, para que la gente se divierta. Quiero que la gente se ría un rato y que situación que ves que te suceden y crees que dices ‘¡oh, dios mío, lo que me ha pasado!’ pues resulta que le pasa a otra gente y que no eres ningún tonto. Lo que intenta el libro es desdramatizar lo que le ocurre a todo el mundo. Cuando empecé a escribir el libro pensé que eran cosas que solo me pasaban a mí y…, empecé a hablar con mis amigas y descubría que a ellas les pasaba lo mismo y eso nos causa mucha risa. De alguna manera a todas nos pasaban los mismos pequeños problemas que, a veces, parecen una montaña y no lo son.

E.P.: Sin duda podemos tomar con humor o desdramatizar un tema pero lo que no podemos obviar es que el problema está ahí y, tarde o temprano, habrá que buscarle una solución. La relación paterno-filial tienen mucha complejidad como para que el humor cambie, por ejemplo.

M.F.: Sí, es verdad, pero yo pienso que con sentido de humor las cosas se toman de otra manera. Soy más optimista y creo que es necesaria una dosis de humor en la vida. Para mí el psicoanálisis está totalmente superado. Soy más de psicología cognitiva. Esta es la situación A, ¿vale? Y…, ante la misma situación tú acabas con una depresión y yo, en cambio, todo lo contrario.

E.P.: ¿Es como más gestalt?

M.F.: Sí. ¿Y eso por qué? Porque en el medio está la diferencia. Es cómo tú has interpretado esto que te ha ocurrido. En ese sentido sí que pude que el libro sea más Gestalt, más cognitivo, que es la psicología que a mí me parece mucho más útil y mucho más efectiva que las otras.

E.P.: El concepto del libro es un modelo que al lector español le resulta cómodo, un modelo como más ligero.

M.F.: (breve silencio) No lo sé.

E.P.: Pero tú lo haces.

M.F.: Sí, ya lo sé, pero yo lo hago porque me apetece. Me refiero que como escritor, cuando te pones a escribir no piensas en ‘¡oh, qué es lo que va a necesitar el público!’…, escribes lo que te apetece.

E.P.: Sin embargo intentas…

M.F.: Sí pero…, desde los ’75 consejos…’, pero yo antes escribí otro tipo de novelas mucho más intimistas que no tenían nada que ver con esto. Quiero decirte que un dije ‘¡pues mira!’ y se me ocurrió y empecé pero… No sé, es muy difícil escribir como para encima tener que pensar ‘¿qué es lo que van a querer los lectores?’ (ríe).

E.P.: Pero habrá un deseo de lo que quiere la editorial, lo busca el lector y lo que desea el escritor, ¿no es así?

M.F.: Bueno, eso sí, pero al final son los lectores los que mandan. Si yo en mi primer libro, ’75 consejos…’, no hubiera tenido la suerte de que se hubieran vendido no se hubieran hecho los demás. La editorial te pude decir, ‘¡mira, tienes que escribir, esto!’, y lo puedes escribir pero…, si no es lo que quiere el lector, el público, pues sabes que no se va a vender y que no se va a ver más. Éste (y señala su nuevo libro), estoy segura, que si se vende tanto como el juvenil pues seguramente habrá una segunda parte y…, sí, claro, que me apetecería escribirla pero para eso hay que vender muchos libros.

Frisa apuesta por el humor y el desenfado ante los problemas cotidianos.
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Frisa apuesta por el humor y el desenfado ante los problemas cotidianos.

E.P.: Es decir que piensas en una segunda parte.

M.F.: Pues…, yo hace como año y medio que vengo diciendo que lo que me apetece es escribir una novela intimista que tengo en la cabeza desde hace tiempo pero…, las cosas, en el ámbito de la literatura, están muy malitas y se venden muy pocos libros y…, a ver si este (y vuelve a tocar la portada de su nuevo libro) tiene unas buenas ventas y…, seguramente que haremos un segundo, ¿por qué no? Hace pocos días entregué el quinto libro de ’75 consejos…’, yo creo los formatos gustan.

E.P.: Además son formatos muy propios de lectores del primer mundo. Los problemas y las angustias que viven los personajes solo se dan en sociedades desarrolladas.

M.F.: Claro, claro. Está pensado para un lector que vive los problemas de aquí.

E.P.: Sería difícil llevar las situaciones que plateas a Nicaragua.

M.F.: No, no, no. Por supuesto y.., los traumas que tiene esta mujer en mi novela (en alusión a ‘Cómo sobreviví a la madre de Pavlito’), son traumas totalmente del primer mundo y totalmente baladíes. Esta mujer no está pensando en qué le voy a dar de comer a mis hijos.

E.P.: También hay situaciones muy duras en aquí, en nuestro país y esa realidad existe.

M.F.: Sí, sí, pero…, yo hice un libro de humor y de un humor muy concreto. Mira, esto es como cuando me preguntaban en los libros juveniles, ‘¿y sale el tema del bullying (acoso escolar)?’ y…, sí que sale un niño que es el niño malo de la escuela pero yo no he querido tocar el tema del bullying porque si yo hubiera querido tocar el tema del bullying o el tema de los desahucios yo no lo hubiera hecho así, hubiera realizado otro tipo de novela. De todas formas fíjate que los libros juveniles se leen en muchos sitios. A mí el país que más me ha sorprendido que se tradujera es Turquía y…, estamos hablando de un país musulmán y tienen toda la saga traducida. ¡Se van a traducir en China! Y, claro, son culturas totalmente ajenas a nosotros y resulta que este tipo de obras les gusta o encuentran similitudes con sus formas de vida.

E.P.: María Frisa, muchas gracias por atendernos y haber conocido algo más de tu trabajo como autora.

M.F.: Gracias a vosotros, ha sido una charla magnífica y espero que los lectores de Valencia se lo pasen bien leyendo el libro.

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