Nada es lo que parece en Ciudad de México

En México muchas cosas no son lo que parecen. Por ejemplo, cuando crees que por ser sábado irá el metrobús vacío, te encuentras con la sorpresa de que va lleno. Si piensas que por llover todos los días por la tarde no va a hacerlo por la mañana, también te puedes llevar una sorpresa. Si crees que por ser el único que está en un establecimiento te van a atender rápido, puede ocurrir que no sea así y tengas que esperar.

Al fin y al cabo México tiene sus contradicciones. Siempre digo que mi relación con este país es de amor-odio, pero no sabría decir que gana más, si el amor o el odio. Lo que está claro es que el día a día en el DF es una aventura. La imagen de la semana fue, sin duda, la de un chico que tuve al lado del metrobús. Estaba estudiando chino en voz alta, pronunciando las palabras muy, muy concentrado. Lo que consiguió fue que los que estábamos allí lo miráramos y después aplaudiéramos.

Mientras escribo estas palabras, por la ciudad pasan miles y miles de coches, taxis y camiones con la bandera de México. El día 15 de septiembre se celebra el Día de la Independencia y, huelga decirlo, los mexicanos lo aprovechan para mostrar su fervor patriótico. La verdad es que me da envidia sana de verlo puesto que a mí no me ocurre con respecto a España. Lo más importante de ese día es que en las diferentes plazas del país se celebra el llamado “Grito”. Su nombre tiene que ver con la siguiente frase: “fuera gachupines”. Los gachupines son los españoles. Así de directo. Es una forma de reivindicar su independencia de un país, España, acostumbrado a colonizar y a mandar porque sí.

Sí que es cierto que últimamente solo me doy cuenta de que estoy en la segunda ciudad más grande del mundo cuando cruzo la Avenida Insurgentes, la que dicen que es la avenida más larga del mundo. Mi vida se reduce en estar entre dos colonias, pero cuando cruzo Insurgentes entonces me doy cuenta de que estoy en el DF: coches, gente, ambulancias, policías…Cuando desaparece la avenida de mi vista me vuelvo a sumergir en mi propio mundo.

El mundo del cuál hablo es La Roma, que es donde vivo. Puedo decir que es la colonia que más me gusta de la ciudad. Por varios motivos. El primero, y más importante, porque me recuerda al barrio de Benimaclet de Valencia: casas bonitas, tiendas de barrio, ambiente joven…El segundo motivo es porque está muy bien comunicada. Y en tercer lugar me gusta mucho la Roma porque tiene un ambiente bohemio que me seduce. Me gusta pasear por las calles, ver las tiendas, peluquerías, cafés, quedarme parado mirando la fachada de una casa…Lo malo es que es la zona más frágil de la ciudad y donde se notan más los temblores.

Mi segunda etapa en México ha durado, de momento, 15 días. Todavía no he cogido un taxi y lo necesito. Necesito escuchar alguna historia rara, diferente del taxista de turno. Mientras tanto, sigo corriendo y entrenando, aunque a menor ritmo porque vuelvo a notar la altura de la ciudad. No he cambiado de lugar de entrenamiento, lo que significa que los coches son mi acompañante. Los echaba de menos. Seguiremos informando.

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