naked-sushi-CREDIT-markNyotaimori lleva al extremo el matrimonio entre comida y sensualidad, aunque está lejos de ser la primera expresión en hacer esa asociación.

Si estar sentado durante dos horas seguidas suena difícil, imagínate hacerlo desnudo, cubierto en sushi. Si eres una modelo nyotaimori (o, si eres hombre, nantaimori) esta es la mejor descripción de tu trabajo.

La práctica japonesa conocida coloquialmente como “sushi al desnudo” tiene orígenes misteriosos: mientras algunos lo fechan en los tiempos de las casas de geishas en el Japón feudal, otros aseguran que se volvió popular por ser una forma de entretenimiento de los grupos de violencia organizada. Independientemente de su origen, logró abrirse camino en los Estados Unidos por los años 1900, aproximadamente una década después de que el sushi atravesara el Pacífico.

Debido parcialmente a sus sórdidos orígenes, a las nyotaimori se les asocia con una abierta sensualidad que no se acerca a la realidad. Primero que nada, aunque las modelos estén desnudas, es imposible tocarlas. En segundo lugar, a menos que quieras obtener sushi al desnudo en oferta (no recomendado), es poco probable que te enfermes del estómago o incluso que comas el sushi que ha estado en contacto con la piel de alguien. Generalmente, el sushi se coloca sobre hojas de plátano o alguna otra barrera. Cuando los clientes piden comida que haya tenido contacto con la piel, los lugares con alta reputación son capaces de realizarle estudios de hepatitis a sus modelos antes de proceder.

“Aquí en los Estados Unidos, la gente ha intentado convertirlo en una experiencia de alto nivel”, dice Mark Scharaga, dueño y jefe de una compañía de banquetes nyotaimori. “Intentamos sacarlo de su pasado sórdido para convertirlo en algo más elegante y de distinción”. Aunque los amigos de Scharaga lo llamaban en sus inicios “El rey del sushi al desnudo”, dice que ahora cambió el nombre a Experiencia Nyotaimori para alejarlo de la ‘plebe’. “Me estoy concentrando en la gente a la que le importa la cocina y la calidad del sushi”, agrega. Podría parecer que la mujer desnuda acostada bajo los rollos puede opacarlos, pero Scharaga ve a las modelos como algo estético, no como el enfoque principal. “No estamos vendiendo sexo; estamos vendiendo la experiencia con una hermosa mujer o con un hermoso hombre”, aclara.

Hay algunos retos a los que te enfrentas cuando trabajas con seres humanos, si lo comparas con enfrentarte a un platillo, por ejemplo. “Tienes curvas y contornos diferentes con los que debes lograr que la presentación se vea tal y como la quieres”, dice Scharaga. El resultado es que las modelos nyotaimori suelen tener figuras firmes por necesidad, para evitar que el sushi salga rodando al piso. Incluso el acto de respirar debe ser negociado. Lo último que quieres es a una modelo que estornude.

Aunque la mayoría de la gente no ha vivido la experiencia nyotaimori, ya ha aparecido en la cultura popular. En 1991, se le mencionó en Showdown en Little Tokyo. Otro ejemplo notable en los últimos años fue cuando Samantha se cubrió en sushi y esperó a su amante en la película de Sex and the City en 2008 (aunque es poco probable que haya seguido apropiadamente las prácticas de seguridad y manejo de alimentos). El arte del nyotaimori parece todavía ser una fantasía de la gente ric. Scharaga no nos quiso decir sus precios, aunque dice: “Hay gente que nos pregunta y cree que serán 600 o 700 dólares, y nunca es así.” Además del costo del sushi —que abastece de forma sustentable y debe comprarlo unas horas antes del evento— tiene que pagarle a los trabajadores y, por supuesto, a la modelo de sushi.

Algunos detractores de las nyotaimori lo ven como una forma molesta de objetivación. “No es humano ser tratado como un platillo,” le dijo un crítico a The Seattle TimesScharaga ha escuchado quejas similares. Sin embargo, él insiste en que sus modelos son tratadas con respeto (también ofrece la opción de usar modelos varones para quien así lo desee) y jamás hay toqueteos inapropiados en sus eventos. “Algo que aprendí pronto fue el incluir una cláusula de que podemos terminar el evento si las cosas se salen de nuestras manos”, dice Sharaga. Si una modelo se siente incómoda, se acaba el evento.

Las modelos del sushi al desnudo pueden ser vistas por algunos como sexo servidoras glorificadas, pero para la nyotamori Emma Jade el aspecto sexual es secundario. “Lo entiendo”, dice. “Estoy aquí y estoy desnuda, pero la comida es increíble y esto es arte”. Aunque el trabajo es sencillo para ella —después de una primera vez llena de ansiedad, claro está— Jade ama el hecho de que los eventos y la gente siempre sean diferentes. Cuando la llamaron por primera vez para convertirse en una modelo de sushi (hace eventos principalmente para Experiencia Nyotaimori) ella era prácticamente nueva en trabajo de desnudos. “Lo veo hasta cierto punto como una manera de ampliar mi experiencia y una manera de sentirme cómoda con mi cuerpo”. Ahora, dice, su autoestima se ha incrementado exponencialmente. Aunque algunos de sus amigos al principio pensaron que su trabajo era bastante extraño, ahora lo ven como una más de las cosas que hace. “Mi mamá también lo sabe”, dice Jade, agregando que su mamá comenta frecuentemente las fotografías de nyotaimori diciendo, “¡Esa es mi hija!”

Aunque Jade admite que mucha gente se enfoca sólo en la desnudez que tienen enfrente, “otras personas dicen, ‘te ves preciosa y la comida se ve preciosa– permíteme apreciarla'”. Esos son los clientes que más le gustan.

Nyotaimori lleva al extremo el matrimonio entre comida y sensualidad, aunque está lejos de ser la primera expresión en hacer esa asociación. Basta con ver los anaqueles de comida llamados afrodisiacos o la idea popular de que una cita involucre ir a cenar. Compartir la comida con alguien más siempre es algo íntimo, independientemente de si traen ropa puesta o no.

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