Papa Francisco: «Por desgracia estamos ante una tercera guerra mundial a trozos»

35659_este_ano_no_hay_fotos_del_lavatorio_al_anunciar_el_vaticano_que_seria_un_acto_privadoLava los pies a tres mujeres y un musulmán convertido entre doce reclusos que colaboran con la justicia

El Jueves Santo del Papa Francisco está teniendo un sabor muy especial, intenso y evangélico. Por la mañana el Santo Padre celebró por la mañana la misa con los sacerdotes, después almorzó con diez párrocos romanos en el apartamento del «número tres» del Vaticano, y por la tarde ha celebrado los oficios del Jueves Santo a una cárcel situada a una hora de automóvil de Roma. Es un centro donde cumplen condena 70 presos muy especiales: son culpables de delitos muy graves, están arrepentidos, colaboran con la justicia y ocho de ellos sufren tuberculosis.

Toda la jornada fue un remolino de actividad, en una Roma «tomada» por turistas y peregrinos, entre los que figuran varios miles de jóvenes de todo el mundo. En una entrevista al diario local «La Repubblica», el Papa explicó que iría a celebrar la misa de la Cena del Señor con los presos de Paliano «porque en el pasaje evangélico del juicio universal se dice “era prisionero y vinisteis a verme“. Ese mandato de Jesús vale para todos, pero sobre todo para el obispo, que es el padre de todos».

Francisco manifestó también que en esta Semana Santa «me siento movido a pedir con más fuerza por la paz en este mundo sometido a los traficantes de armas que ganan dinero con la sangre de los hombres y las mujeres». Según el Papa, «hoy el pecado se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en las guerras, en las diversas formas de violencia y en el abuso de los más débiles. Por desgracia estamos ante una tercera guerra mundial a trozos».

Por la mañana, en la misa que cada obispo celebra con los sacerdotes de su diócesis el día de Jueves Santo, el Papa Francisco había insistido a los de Roma en que «al igual que Jesús, el sacerdote hace alegre el anuncio con toda su persona, hace alegre el anuncio con todo su ser. Precisamente con los detalles más pequeños, los que mejor contienen y comunican la alegría».

Esa misa tiene un sabor especial, pues los sacerdotes renuevan ante el obispo las promesas que hicieron el día de su ordenación. Se llama misa Crismal porque incluye la bendición de los santos óleos que servirán a lo largo del año para impartir los sacramentos de la confirmación, la unción de enfermos y la ordenación sacerdotal.

Ante centenares de sacerdotes, así como docenas de cardenales y obispos reunidos en torno al altar mayor de la basílica de San Pedro, el Papa abordó un punto central recordando que la palabra «Evangelio» significa «buena noticia» y contiene «algo que cohesiona en si todo lo demás: la alegría del Evangelio».

La primera alegría de ese anuncio la manifestó María en el canto del «Magníficat» y la experimentó después otra mujer también embarazada cuando el encuentro entre ambas «hizo saltar de gozo a Juan en el seno de su madre Isabel».

Recordando, en expresión de Pablo VI, «la dulce y confortadora tarea de evangelizar», el Papa advirtió con fuerza a los sacerdotes «que nadie intente separar estas tres gracias del Evangelio: su Verdad —no negociable—, su Misericordia —incondicional con todos los pecadores— y su Alegría —íntima e inclusiva— «.

En una homilía dirigida en realidad a los sacerdotes de todo el mundo, Francisco insistió en que el sacerdote, «cuando predica la homilía -breve en lo posible- lo hace con una alegría que traspasa el corazón de su gente». Aunque incluye pasajes duros, el Evangelio es esencialmente alegre, y no se puede traicionar con presentaciones recriminatorias, amargadas, negativas o tristes.

El Papa añadió que «las alegrías del Evangelio —lo digo ahora en plural, porque son muchas y variadas, según el Espíritu tiene a bien comunicar en cada época, a cada persona— son alegrías especiales, y vienen en odres nuevos», como por ejemplo el milagro de las bodas de Caná.

En un largo comentario a ese primer milagro de Jesús, la conversión de agua en vino, Francisco hizo notar que María habría animado a los sirvientes a «llenar las tinajas de piedra hasta el borde», para que resultase más vino, y ha subrayado que «sin la Virgen no podemos ir adelante en nuestro sacerdocio», un servicio en el que es necesario «superar la tentación del miedo, de no animarnos a ser llenados hasta el borde. ¡Tened el valor de llenaros hasta el borde, e incluso más!«.

La entrega de los sacerdotes a los fieles debe tener rasgos como los de Madre Teresa, a quien «Él llamo y le dijo ‘Tengo sed’, y ella con su sonrisa y su modo de tocar con las manos las heridas llevó la Buena Noticia a todos. Las caricias sacerdotales a los enfermos… El sacerdote es el hombre de la ternura«.

La evangelización, sobre todo a los más pobres, debe hacerse «de modo respetuoso y humilde hasta la humillación. La evangelización no puede ser presuntuosa« sino llena de una «mansa integridad que da alegría a los pobres, reanima a los pecadores y hace respirar a los oprimidos por el demonio«.

Tres mujeres y nueve hombres

El Papa Francisco, que había ido el miércoles por la tarde a la residencia del Papa emérito Benedicto XVI para felicitarle por los 90 años que cumple este domingo, se desplazó el jueves por la tarde a Paliano, a una hora en automóvil desde Roma, para celebrar con unos 70 presos arrepentidos y que colaboran con la justicia la misa de la Cena del Señor.

En la ceremonia lavo los pies a tres mujeres y nueve hombres, incluido un musulmán convertido, que será bautizado el próximo mes de junio. Entre los presos figuraba un argentino y un albanes. El resto eran italianos.

La cárcel de Paliano es un centro muy especial, reservado a colaboradores con la justicia que cumplen largas condenas, incluida dos cadenas perpetuas y una hasta el 2073, que resulta equivalente.

El Papa les saludo personalmente a todas las presas y presos, y se desplazó hasta las celdas de los dos reclusos en régimen de aislamiento, así como a la galería protegida donde viven ocho enfermos de tuberculosis.

Este Viernes Santo, el Santo Padre asistirá por la tarde a los oficios en la basílica de San Pedro, donde escuchara la homilía del predicador de la Casa Pontificia. Por la noche, presidirá el Vía Crucis nocturno en el Coliseo.

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