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Patrimonio de la Humanidad. Prestigio, turismo, dinero… pero también costes

 Un Bien declarado Patrimonio de la Humanidad es un legado de la comunidad internacional y su presencia en un determinado país, le exige a este país un incremento de imaginación, preocupaciones y gastos para conseguir su protección y defensa. (Convención sobre la protección del patrimonio mundial cultural y natural -París, 1972-)
Patrimonio de la Humanidad es el título que otorga la Unesco a sitios específicos del planeta –sean bosque, montaña, lago, cueva, desierto, edificación, complejo arquitectónico o ciudad– que han sido nominados y confirmados para su inclusión en la lista mantenida por el Programa Patrimonio de la Humanidad, administrado por el Comité del Patrimonio de la Humanidad, compuesto por 21 Estados miembros.
Su objetivo es catalogar, preservar y dar a conocer sitios de importancia cultural o natural excepcional para la herencia común de la Humanidad. Los sitios declarados, pueden obtener, además de la promoción a nivel mundial, financiación para su conservación del Fondo para la conservación del Patrimonio de la Humanidad. 
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A 2013, el catálogo consta de un total de 981 sitios, de los cuales 759 son culturales, 193 naturales y 29 mixtos, distribuidos en 160 países. Italia tiene el mayor número de sitios (49) catalogados como “Patrimonio de la Humanidad”, seguida de España, China, Alemania, Francia, y México. La protección y la conservación de estos sitios son una preocupación de los 188 países que apoyan al Patrimonio de la Humanidad.

Prestigio, turismo, dinero… pero también costes

Según un estudio de magnet.xataka.com el estar dentro de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad  tiene un proceso de entrada, beneficios inmediatos y económicos de estar dentro de la lista , una repercusión internacional y de imagen que beneficia a la ciudad en forma de mayor prestigio, posicionamiento turístico y dinero para las arcas de la urbe. Pero también costes.

PERO SE DEBEN INTRODUCIR CIERTOS MATICES. CADA CASO INDIVIDUAL TIENE SUS PROPIOS CONDICIONANTES. HAY ESTUDIOS QUE HAN TRATADO DE ESTIMAR TANTO EL IMPACTO ECONÓMICO REAL

Pero se deben introducir ciertos matices. Cada caso individual tiene sus propios condicionantes. Hay estudios que han tratado de estimar tanto el impacto económico real de la inscripción en el listado de Patrimonio de la Humanidad como el crecimiento de turistas. Este trabajo, por ejemplo, compara dos monumentos canadienses y concluye que, si bien el crecimiento de turistas y de ingresos es positivo en ambos, sólo en el más grande de los dos los beneficios superan ampliamente a los costes.

Un estudio encargado por el gobierno británico para los sitios Patrimonio de la Humanidad del Reino Unido llegaba a conclusiones parecidas. Pese a que los beneficios son más que tangibles, especialmente en visibilidad, posicionamiento y número de turistas, hay numerosos costes, como la promoción, los estudios técnicos, la gestión del monumento recién designado, costes de oportunidad (desarrollos urbanísticos posteriores) o, quizá, una masificación del turismo en la zona.

Entran en juego distintos factores. Ciudades pequeñas y poco famosas (Cuenca,Cáceres, Ávila) a nivel internacional encuentran amplios beneficios en entrar dentro del listado, pero otras mejor posicionadas (Barcelona, Madrid, San Sebastián) no tienen la misma necesidad, y los costes podrían superar a los posibles beneficios ya existentes de su buena imagen turística. No es casualidad que las grandes ciudades del mundo tengan poco Patrimonio de la Humanidad.

ESTO BENEFICIA ESPECIALMENTE A LAS CIUDADES, QUE TIENEN BUENOS MOTIVOS PARA ASPIRAR A OBTENER LA DESIGNACIÓN: ESTÁN DENSAMENTE POBLADAS Y TIENEN UNA SERIE DE SERVICIOS BÁSICOS

Indudablemente, según el estudio, existe un crecimiento del turismo, pero también de la naturaleza de la ciudad o de la localización donde se encuentra el monumento. Esto beneficia especialmente a las ciudades, que tienen buenos motivos para aspirar a obtener la designación: están densamente pobladas y tienen una serie de servicios básicos, especialmente la hostelería, que les permite asumir con naturalidad el aumento de turistas acudiendo a sus calles y alojamientos.

En el caso de España, hay opiniones tanto a favor como en contra. Sucede en el barrio de Albaicín, en Granada, declarado patrimonio en 2005. Los rigores de conservación impuestos por la UNESCO provocan un efecto parecido al de las ciudades masivamente visitadas: se deja de lado al vecino en favor de una economía orientada al turista, o, al menos, dirigida a preservar el patrimonio. Y eso puede, entre otras cosas, cortar líneas de autobús o actividad comercial para el barrio.

En el caso de Liverpool, por ejemplo, otra ciudad cuyos muelles y zonas históricas han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad, hay quien observa efectos negativos notorios en la designación por parte de la UNESCO. Si bien el posicionamiento de la ciudad ha mejorado, ha conllevado el desarrollo de planes turísticos y promocionales, además de urbanísticos, poco realistas para la realidad de la ciudad, convirtiéndose en un lastre económico y de sostenibilidad.

De nuevo, la cuestión del “turismo sostenible” sale a la palestra. La propia UNESCO es plenamente consciente de la dicotomía: por un lado, la declaración de patrimonio beneficia la conservación milenaria de los monumentos; por otro, atrae a miles y miles de turistas que precisamente pueden poner en riesgo tal conservación, dejando una huella negativa, estudiada y presente en otros monumentos del mundo. ¿Cómo solucionarlo? Turismo sostenible es la respuesta.

LA PROPIA UNESCO ES CONSCIENTE DE LA DICOTOMÍA: POR UN LADO, LA DECLARACIÓN BENEFICIA LA CONSERVACIÓN DE LOS MONUMENTOS; POR OTRO, ATRAE A MILES Y MILES DE TURISTAS QUE PRECISAMENTE PUEDEN PONER EN RIESGO TAL CONSERVACIÓN

Pero como ya vimos, es complicado aplicar políticas de turismo sosteniblecuando los actores implicados tienen pocos incentivos para ello. Algunos investigadores proponen desarrollar planes turísticos específicos para cada monumento, y hacerlo durante el proceso de selección e inclusión de los monumentos en el listado de la UNESCO. Desde la propia organización se han creado líneas básicas y recomendaciones para las ciudades y gobiernos inmersos en el programa.

En resumen, las ciudades cambian de forma drástica cuando son declaradas Patrimonio de la Humanidad, o cuando lo hace alguno de sus monumentos. Los beneficios son claros: se atraen más turistas, se posiciona mejor a la ciudad a nivel internacional y se atrae más dinero. Pero los costes, también muy presentes, no suelen ser tan aireados, y sin embargo pueden llegar a estar igual de presentes. De lo que no hay duda es de que supone un motor de cambio para las urbes.

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