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Silicon Valley se prepara para el Apocalipsis

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Una parte de la élite estadounidense cree que será necesario huir del país. Algunos compran búnkeres en territorio americano, pero muchos otros se han hecho con propiedades a miles de kilómetros de distancia. Este es el relato de quienes ven el fin del mundo (o de los Estados Unidos) más cerca que nunca…

Extraterrestres, zombis, guerra nuclear, catástrofes naturales, epidemias, escasez de agua y alimentos, disturbios, dictadores, saqueos… El fin del mundo es una idea que ronda nuestras cabezas desde siempre, y las historias de ficción (desde ‘Armageddon’ hasta ‘The Walking Dead’) no han ayudado mucho. Ante una amenaza de tal calibre, un sector de la población ha reaccionado con resignación (tal vez por la imposibilidad de hacer nada al respecto). Otra parte ha reaccionado con miedo, pero se mantiene en estado latente y continúan su vida con resignación, en una curiosa mezcla de ambas posibilidades. Sin embargo, hay otra parte de la sociedad que ni se resigna ni tiene miedo: se ha preparado para defenderse. Y para ello han puesto al servicio de esta causa su bien más preciado: el dinero. Son los multimillonarios, sobre todo estadounidenses, que se están armando para sobrevivir al Apocalipsis.

“Mantengo un helicóptero con combustible todo el rato y tengo un búnker subterráneo con un sistema de filtración de aire”, explica el jefe de una empresa de inversión a The New Yorker. Lo hace en un grupo de Facebook copado con multimillonarios estadounidenses que intercambian consejos sobre máscaras de gas, búnkeres y lugares seguros para protegerse de un variopinto abanico de posibles causas del fin del mundo: desde la guerra nuclear hasta el cambio climático.

El hecho de que los millonarios se estén armando para sobrevivir en caso de colapso generalizado del mundo que conocemos no es extraño. A fin de cuentas, ¿hay alguien que no invertiría una pequeña fracción de su riqueza en procurarse un refugio, reservas de agua y comida o equipamiento para poder presenciar cómo es la Tierra después de su final? En las películas no parece tan complicado sobrevivir al fin del mundo. ¿Lo será en la vida real? Habrá que verlo en su momento. Pero esta idea, la de sobrevivir, ha calado con más fuerza si cabe entre un selecto grupo de personas caracterizadas por no ver imposibles ante sus ojos: Silicon Valley.

“Los expertos en tecnología no piensan necesariamente que un colapso sea probable”, explica Yishan Wong, uno de los primeros empleados de Facebook y CEO de Reddit entre 2012 y 2014. “Lo consideran un evento remoto, pero uno con un inconveniente muy grave, así que, dada la cantidad de dinero que tienen, el gasto de una fracción de su patrimonio para protegerse contra esto es lógico”. No nos cansamos de llamar ‘visionarios’ a estas personas porque ellos han ‘descubierto’ cosas que nos ayudan en nuestro día a día y que a nadie se le había ocurrido antes. Bueno, tal vez a ellos se les ha ocurrido antes que nadie que el fin del mundo es probable y, fieles a su tenacidad, se pueda esquivar. Como dice Wong, “la mayoría de la gente simplemente asume que los eventos improbables no suceden, pero los técnicos tienden a ver el riesgo de una manera muy matemática”.

Asumamos que el fin del mundo es posible y evitable (sobre todo si tienes dinero). Pero, ¿por qué son los estadounidenses – y no los franceses, ingleses, alemanes o chinos- quienes se están preparando para ello? La respuesta no es sencilla: bien porque la prensa ha decidido centrarse únicamente en estadounidenses, bien porque la población americana está más acostumbrada (o expuesta, o atemorizada, o concienciada…) a este tipo de posibles calamidades… o bien porque se trata de algo mucho más terrenal. ¿Y si el fin del mundo es terrenal? ¿Y si no es lo que estábamos imaginando?

Descartemos por un momento la idea de naves espaciales aterrizando en Nueva York para destruir la Humanidad. Imaginemos que no habrá ningún virus mortífero e imparable que barrerá a toda la población.

Imaginemos otro fin del mundo: el de su mundo. El de las élites.

“Cualquiera que está en esta comunidad conoce gente que está preocupada de que Estados Unidos se esté dirigiendo hacia algo parecido a la Revolución Rusa”, explica Robert H. Dugger, quien se convirtiera en socio del fondo de cobertura Tudor Investment Corporation. El problema no son los extraterrestres. El problema parece ser la desigualdad, utilizada por populistas como arma política que ha demostrado funcionar.

“El 20 de enero de 2017 será recordado como el día en que el pueblo volvió a ser el gobernante de esta nación. Los olvidados hombres y mujeres de nuestro país ya no lo serán más. Todo el mundo les está escuchando ahora”, expresó Donald Trump durante su discurso de investidura como 45º Presidente de los Estados Unidos. “Hoy no estamos meramente transfiriendo el poder de una administración a otra, o de un partido a otro, sino que lo transferimos de Washington DC y se lo devolvemos a ustedes, al pueblo”. Y lo hizo porque mientras las élites políticas y económicas (entre las cuales se encuentra el propio Trump) “prosperaban”, las familias trabajadoras “tenían poco que celebrar”, algo que “cambia aquí y ahora”.

Contra todo pronóstico, parece que en esto Trump sí tiene razón: 117 millones de estadounidenses ganan, en promedio, lo mismo que en 1980, mientras que los ingresos del 1% más rico se han triplicado desde entonces, según explicaron en diciembre del año pasado Thomas Piketty, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, economistas que durante los crudos años de crisis han demostrado con datos la realidad de la misma: los ricos se hicieron más ricos y los pobres se hicieron más pobres. “Veinticinco gestores de fondos de cobertura ganan más dinero que todos los profesores de guardería de Estados Unidos juntos”, explica Robert A. Johson, doctor en Economía por la Universidad de Princeton que trabaja en finanzas. “Ser uno de esos veinticinco no hace sentirse bien, creo que han desarrollado una mayor sensibilidad”, añade. Hay más: “Si tuviéramos una distribución más equitativa de los ingresos y mucho más dinero y energía para las escuelas públicas, los parques, el ocio, la cultura y la salud, se podría eliminar mucho de lo que crispa a la sociedad. En gran medida hemos desmantelado esas cosas”.

La élite tiene miedo no a seres con tres ojos quieren comerse a las personas: tiene miedo a otros humanos que, simplemente, quieren comer. Y que han identificado, a veces con ayuda, a los culpables de sus males. De su pobreza. De su situación. De la desigualdad. Quieren hacer justicia porque ahora han visto que es posible. Y más cuando en la Casa Blanca ya habita el adalid del cambio de tornas. Una persona que ya ha puesto nombre (de ahí la ayuda del pueblo) a algunos culpables. A saber: los ricos, los extranjeros, los políticos, la prensa, el sistema judicial. Un discurso que ha calado en la sociedad, especialmente entre una parte de la población que cree que “hay un movimiento deliberado por parte de la gente del Congreso para abatir a América” porque “no quieren que la gente sea inteligente para ver lo que está pasando en la política” y que, incluso, leyó acerca de una investigación que lleva en marcha 20 años hará que hasta el 40% de los miembros del Congreso de los Estados Unidos sea arrestado por un plan que involucra a los Papeles de Panamá, la Iglesia Católica y la Fundación Clinton. Lo dice Larry Hall, CEO del Survival Condo Project, una promoción inmobiliaria de búnkeres de lujo que ha construido (con bastante éxito entre la élite) en diversos lugares de los Estados Unidos.

Lo de la ‘investigación’ suena a posverdad, palabra del año 2016 para el Diccionario de Oxford. Pero la élite, por si acaso, ha decidido armarse. Sobre todo porque ellos serían el objetivo de ese fin del mundo basado en turbas enfurecidas de gente dispuesta a hacer justicia. Aunque no todo, ni mucho menos, comienza con Trump: algunos llevan años preparándose para ello. Tal vez desde que la caída de Lehman Brothers, en 2008, demostró que el statu quo era tan frágil como los negocios que lo sustentaban.

Claro, que no todo son búnkeres en esta defensa: en muchas películas han sido asaltados, demostrando cierta vulnerabilidad. Además, dile a un multimillonario acostumbrado a una mansión que se pase el resto de sus días bajo tierra a pesar de seguir vivo. ¿Hay alternativas? Sí, Nueva Zelanda.

Aunque en los primeros siete días después de la elección de Donald Trump 13.041 estadounidenses se registraron ante las Autoridades de inmigración de Nueva Zelanda (17 veces más de lo normal), en los primeros diez meses de 2016 se compraron casi 1.400 kilómetros cuadrados de tierras en el país oceánico, el cuádrupe que en todo el año anterior. Los compradores estadounidenses superaron en número a los australianos. Y muchos de ellos construyen pistas de aterrizaje en sus nuevas casas, a 13.000 kilómetros de distancia de Silicon Valley, donde las élites que diseñan el futuro de la tecnología tienen miedo de ser aplastados por quienes instalan en sus móviles sus aplicaciones, leen noticias en sus plataformas y clican en publicidad que ellos gestionan.

Curiosamente, las mismas herramientas que los han colocado a lo largo de la lista de Forbes son las que podrían acabar con su modelo de vida. “Internet ha facilitado que las personas estén juntas”, pero “es más fácil para la gente entrar en pánico cuando están juntos”, explica Steve Huffman, cofundador de Reddit. Se operó la miopía en 2015 para aumentar sus posibilidades de sobrevivir al fin del mundo. Ya sea nuclear, extraterrestre o humano: “Sin ellos estoy jodido”. Por Miguel Ángel Ossorio 

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