Todo por el aire

javier-furioJavier Furió
Director de VLC Noticias

Antaño, cuando alguien erraba de forma notoria con una información que resultaba ser falsa o bien ‘tenía que ser falsa por el artículo 33’ -extremo éste que hasta hace bien poco ocurría con mucha frecuencia-, se oía la frase “Todo por el aire” en versión original de aquella voz al final del pasillo, justo después del característico sonido seco y plástico derivado de la acción de colgar el teléfono, uno de aquellos famosos ‘Teide’ que el entonces monopolio Telefónica esparció por toda la ‘piel de toro’, y justo después, el eco casi musical de la campanilla tras aquel disco que ametrallábamos para ir haciéndole bailar, uno a uno, los siete -no nueve, sino siete- números que nos ponían en comunicación, más o menos, con el otro lado. El jefe acababa de perder una batalla con el poder -llámese censura, llámese cacique, llámese señor de- y tocaba la hora de “tocarle las narices al de Maquetación con un cambio de titular”.

Se iniciaban entonces, de forma simultánea, tres carreras con otras tantas líneas de meta: la del redactor jefe para convencer al periodista de que se sacara de la manga, cual as en la timba de los viernes, unas letras con las que adornar la cabecera en primera plana, en vez de las previstas inicialmente; otra del ‘chico del café’ para que el fotógrafo sacara de su archivo la fotografía correspondiente; y una tercera, la que nadie quería protagonizar, para ir al jefe de maquetación o preimpresión a decirle que parara la rotativa, que se nos había colado un tema en portada. Las tres carreras acababan con una colección de irrepetibles improperios por boca del receptor de la ‘buena nueva’. Eso y de nuevo la frase: “Todo por el aire”.

Por eso, que el Movimiento, la Censura o simplemente el señorito de turno se permitiera el lujo de frenar la rotativa de un periódico y a toda prisa éste consiguiera sacar adelante la edición, con todo lo que tal agravio significaba -ya lo pagaba el director y el jefe de redacción en calmantes-, dignificaba aún más si cabe a todos los implicados en el siempre tortuoso y ennoblecedor arte de sacar a la calle un diario.

Ahora eso queda en el recuerdo, casi como la nostalgia de lo artesanal, de lo manufacturado, de lo ancestral. Ya no hay un señor con el cargo de ‘corrector’ porque ahora, en su lugar, aun en el caso de los más cerriles ‘plumillas’ de los de antes, criados y educados en la calle -nunca en la facultad, que por aquel entonces o tu padre estaba ‘forrado’ y pagaba lo de Moncada, o simplemente no había-, el ordenador corrige mientras uno va escupiendo las palabras por las teclas.

Tampoco está el jefe de maquetación, siempre con un trapillo en las manos, intentando deshacerse de las manchas de tinta en sus peludos brazos. En su lugar hay un ‘enterao’ que nos habla de que si los ‘divs’ esto, que si los ‘ceeseeses’ lo otro, que si el ‘seo’ -yo siempre creí que eso del Seo era como se llamaba ‘en fino’ a la catedral-; y por fin, el ruido profundo y sordo que se sentía bajo las máquinas de escribir -ahora sustituidas por rapidísimos ‘pecés’ nada comunistas y macs -que de escoceses no tienen nada, oiga-, ya no se oye. En su lugar, un tenso silencio solo roto por un suave rumor de “tic-tac-tic” procedente de los sofisticados teclados informáticos. Ya ni las impresoras láser -¿para qué, si publicamos en Internet?-.

Pero los viejos sobresaltos, las prisas y los nervios, son los mismos, impulsados por otros ‘brazos’, pero con la misma fuerza e intensidad. Ahora, cuando salta un titular, no pasa nada. Es lo bueno que tiene Internet. Se modifica y ya está. El ejemplo lo tenemos simplemente, con el raudo y veloz redactor de turno que ha escrito ‘Ajuntamiento’ en vez de ‘Ayuntamiento’ y, como el palabro erróneo existe para Microsoft, pues ya está liada… Pero no. Se edita la noticia, se cambia la ‘j’ por la ‘y’  que calma a Google -que le faltaba un minuto para rasgarse las vestiduras con aquello de “sexo kaka, of course” y, por extensión, del director. En su lugar, eso sí, cuando no hay un hacker tocando las narices, al administrador de sistemas se le ha ido la cabeza y el servidor, de repente, ha caído víctima de un aluvión de lectores ávidos de la última hora.

Así que, como hoy me puedo permitir la nostalgia sin pisar el terreno de ‘cualquier tiempo pasado fue mejor’ que, por cierto, es una de las mentiras más grandes que jamás se dijeron, déjenme al menos enarbolar la bandera de ‘sea lo que sea y como sea, que sea verdad’. Aunque de vez en cuando, y a pesar de haber pasado 40 años de dictadura y más de 30 -dicen- de democracia, de vez en cuando alguien tenga que gritar aquello de “Todo por el aire”.

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