El duelo de estilos entre Levante y el Málaga no defraudó (1-2)

Los granotas festejan el gol/Isaac Ferrera
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Los granotas festejan el gol/Isaac Ferrera

El Málaga gana opciones y puestos en la zona noble de la clasificación después de imponerse al Levante en un partido complicado. Barkero adelantó desde el punto de penalti a los granotas, pero Isco, también con una pena máxima, estableció la igualada y posteriormente la remontada definitiva.

El Levante se topó con Isco en el Estadio Ciutat de València, lo que equivale a advertir que se cruzó con un jugador de quilates con capacidad y argumentos suficientes para decidir y cerrar los partidos pese a su insultante juventud. Y también se topó con los guantes engrasados y las manos repletas de consistencia y gigantescas de Willy. Los dos aspectos entrelazados permiten fundamentar parte de las claves explicativas de la derrota consechada en el Estadio Ciutat de València por un Levante que nunca se rindió. El Málaga de Pellegrini, asido a los goles de Isco, desde el punto fatídico en los minutos finales del primer acto, y sorprendido desde atrás, llegando como un jugador embozado e indetectable, en los albores de la reanudación, pero también a partir de las apariciones puntuales y determinantes del arquero argentino, doblegó a un rival, todo casta y pundonor durante la evolución de la confrontación, que había sido capaz de resquebrajar la impenetrable defensa malacitana, merced al gol de Barkero tras un penalti cometido por Demichelis sobre un efervescente Martins.levante-malaga-vlcciudad (2)

La derrota no debe llevar a equívocos en las visiones, ni en los planteamientos, en ocasiones, excesivamente marcados por el resultado definitivo. Ni el Levante fue un equipo de mirada huidiza ante un contrincante cercano en la clasificación general, pero antitético si el análisis se centra en otros aspectos no meramente deportivos. Ni el Málaga se comportó con un oponente devastador y aterrador en el cómputo general de los noventa minutos reglamentarios. Hay indicativos que acentúan este razonamiento. Quizás el comportamiento del cancerbero andaluz ofrezca pistas de esta argumentación que acentúa el encuentro firmado por la escuadra local. Willy surgió sobre la inmensidad del verde del Ciutat de València para mantener a flote al Málaga en primera instancia y para resguardar el triunfo tras las dianas obtenidas por Isco. Willy se enfrentó sin complejos y sin mayor oposición que el balón redondo a Rubén García y a Martins en distintas ocasiones. El cancerbero salió indemne de las razzias protagonizadas por los atacantes granotas y el Málaga mantuvo el tipo.

Y no resulta fácil sorprender a un bloque que entre sus principales virtudes y caracteres muestra una envidiable y pétrea solidez cuando actúa lejos del Estadio de La Rosaleda. En ese sentido, el enfrentamiento siguió los cauces establecidos en virtud de los posicionamientos defendidos por cada uno de los contendientes. Se medían en Orriols dos bloques con proposiciones dispares sobre el verde. El Málaga, desde los minutos iniciales, demostró que se trata de un equipo que alcanza su máxima expresión y apogeo futbolístico con el balón pegado a los pies. Es evidente que tiene futbolistas para poner en funcionamiento ese guion. Por su parte, el Levante es pura velocidad; un caballo desbocado en pos del dominio del esférico. La intensidad que evidencia en cada una de las acciones emprendidas conjuga con una verticalidad exigente para sus adversarios. Es incuestionable que el Levante en el umbral en el que se sitúa la temporada no engaña a sus rivales, pero parece una realidad incontestable que los confunde.

En los primeros minutos un balón en profundidad de Rubén sobre Martins estuvo cerca de provocar un cortocircuito entre Demichelis y Willy. La velocidad del atacante nigeriano aceleró el corazón del entrenador del Málaga. Fue un segundo convertido en una eternidad por la duda generada. Instantes después, Michel hizo una pausa, paró el tiempo, instalado en el área visitante, y acarició con suavidad el cuero para posarlo sobre la cabeza de Rubén. El canterano giró el cuello con violencia para rematar topando con la figura enorme de Willy. La tercera acción levantinista  se convirtió en el prólogo del gol de Barkero desde los once metros. Rubén contactó con Martins y Demichelis derribó al ariete africano. El gol del atacante vasco, reconvertido en mediocentro en compañía de Iborra, espoleó la imaginación local. El Levante se proyectó hacia la meta del Málaga a la velocidad del sonido.

La labor de Manuel Pellegrini pasó a ser la de procurar que sus jugadores no entraran en el juego del Levante y mantuvieran la cabeza fría, por lo que retiró a Joaquín, el jugador con la sangre más caliente de los malaguistas, para dar entrada al joven Piazón. JIM, por su parte, introducía más oficio con Juanlu y Valdo.

Tras el carrusel de sustituciones, el ritmo del partido descendió hasta parecer un amistoso veraniego más que un duelo por los puestos europeos. El mérito del Málaga consistió entonces en mantener la tensión profesional para que ningún desliz pusiera en peligro los tres puntos que extrajo del Ciutat de Valencia, ganando muchos enteros en su carrera por un buen puesto en la elite española.

Levante: Munúa; Chris, Vyntra, Navarro, Juanfran; Iborra, Barkero; Pedro Ríos (El Zhar, m. 79), Michel (Valdo m. 66), Rubén (Juanlu, m. 66); y Martins.

Málaga: Caballero; Jesús Gámez, Sergio Sánchez, Demichelis, Antunes; Iturra, Toulalan; Joaquín (Lucas Piazon, m. 66), Baptista (Seba Fernández, m. 79) Isco; y Saviola (Santa Cruz, m. 74).

Goles: 1-0. M. 26. Barkero, de penalti. 1-1. M. 36. Isco, de penalti. 1-2. M. 46. Isco.

Árbitro: Clos Gómez. Amonestó a Vyntra, Juanfran, Barkero y Baptista.

Fotos Isaac Ferrera

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