29 de octubre de 2025
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💓 Donde el viento guarda la memoria: los abanicos que sobrevivieron a la DANA en Aldaia

Donde el viento guarda la memoria: los abanicos que sobrevivieron a la DANA en Aldaia | Valencia Noticias

29 de octubre de 2025 | Redacción

El aire se detuvo, pero no las manos

En Aldaia, el aire tiene memoria. Entre calles donde el viento siempre huele a madera y barniz, la DANA del 29 de octubre de 2024 quiso borrar una historia de más de un siglo: la del abanico valenciano. Pero el arte —como la fe o el amor— no se ahoga. Solo espera. En el taller de Abanicos Andrés, Macarena recuerda el momento en que el agua se coló por todas partes. “Entró por la puerta, por el garaje, por el váter… por donde pudo”, dice. Al amanecer, el suelo era un espejo de barro y los abanicos flotaban como mariposas vencidas. Sin embargo, entre tanto silencio, había algo intacto: las manos, el conocimiento, los años de oficio. “Lo único que no perdimos fueron los años de aprendizaje”, afirma con serenidad.

Una herencia que el agua no se llevó

Los bisabuelos de Macarena, Carmen y Salvador, fundaron el taller en 1880. Ella hilaba las telas; él tallaba las varillas. Cuatro generaciones después, los abanicos siguen naciendo entre el ruido de las tijeras, la música de la madera y el eco de las historias familiares. Cuando el barranco de la Saleta se desbordó, el agua alcanzó más de un metro y medio. Las existencias para la próxima temporada se perdieron, junto con piezas únicas que jamás podrán repetirse. Pero el taller, como sus artesanos, se levantó. “Fuimos quitando barro, estanterías caídas, mesas rotas… poco a poco. Con ayuda de voluntarios y vecinos, conseguimos volver a respirar.”

El museo que duerme, pero no muere

A pocos metros, el Museu del Palmito (MUPA) sigue cerrado. El agua entró sin piedad y dañó casi una quinta parte de su colección. Su director, Francesc Martínez, mira las vitrinas vacías con calma. “Perdimos parte de la exposición, pero no el sentido de lo que somos. Esto se volverá a abrir. Porque Aldaia no se entiende sin el abanico.” El museo, inaugurado en 2015, custodiaba más de 800 piezas de 15 países distintos. Hoy, espera pacientemente las ayudas prometidas para su restauración. Mientras tanto, los vecinos mantienen vivo su espíritu, en cada taller, en cada varilla que vuelve a girar, en cada tejido que recupera su forma al viento.

El valor de seguir

En Abanicos Andrés, el 90% de la producción ya ha vuelto. Las pérdidas materiales superan los 150.000 euros, pero hay daños que no se pueden medir: los recuerdos, las piezas irremplazables, la emoción de lo que ya no volverá. Aun así, Macarena sonríe. “Fue como empezar de nuevo, pero con todo lo aprendido. El barro se quita. Lo que sabes hacer, no.” Entre varillas limpias y telas recién cortadas, vuelve a sonar el mismo murmullo de siempre: el del trabajo bien hecho. Porque Aldaia no perdió su arte; solo lo hizo más fuerte. Y en ese arte que resiste, **Valencia late**, como un abanico que vuelve a abrirse frente al sol después de la tormenta.

Etiquetas: Aldaia, DANA, abanicos, tradición, artesanía valenciana, palmito, MUPA, cultura, resiliencia

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