Durante años, el foco de las políticas de prevención ha estado en el alcohol, el tabaco o el cannabis. Sin embargo, los últimos datos oficiales apuntan a un cambio de escenario inquietante: la principal adicción entre los adolescentes ya no es una sustancia, es una pantalla.
Internet, y especialmente las redes sociales, generan hoy más riesgo de adicción que el consumo de drogas o alcohol en los jóvenes.
Más horas conectados que nunca
El uso de internet se ha normalizado hasta el punto de que el 98% de la población lo utiliza a diario con fines lúdicos, pero no todos lo hacen del mismo modo.
Los adolescentes son, con mucha diferencia, el grupo más expuesto:
- A los 14 años: más de 6 horas diarias los fines de semana.
- A partir de los 15: más de 7 horas al día frente a pantallas.
No se trata solo de tiempo, sino de dependencia emocional, dificultad para desconectar, ansiedad si no hay acceso y pérdida de interés por otras actividades.
Más riesgo que el alcohol o las drogas
Un informe reciente del Ministerio de Sanidad ha comparado el riesgo de adicción entre diferentes conductas:
| Conducta | Índice de riesgo |
|---|---|
| Borracheras | 20 puntos |
| Cannabis | 15 puntos |
| Tabaco diario | 7 puntos |
| Uso adictivo de internet | 26 puntos |
Es decir: engancharse a las pantallas es hoy más probable que engancharse al alcohol, al cannabis o al tabaco.
La franja más vulnerable: de 15 a 24 años
El riesgo no se reparte de forma uniforme en la población. Se concentra sobre todo en jóvenes:
- Entre 15 y 24 años: más del 11% presenta riesgo claro de adicción digital.
- A partir de los 30: el porcentaje cae de forma notable.
- En adultos mayores: el riesgo es residual.
La diferencia está en el tipo de uso: en los adolescentes predomina el consumo compulsivo, impulsivo y socialmente reforzado (likes, validación, miedo a quedarse fuera).
No es solo entretenimiento
Los expertos advierten de que esta adicción no es inofensiva. Está relacionada con:
- Trastornos de ansiedad y depresión.
- Problemas de sueño crónicos.
- Dificultades de atención y memoria.
- Aislamiento social real.
- Bajo rendimiento académico.
Y, en los casos más graves, con conductas autolesivas, trastornos alimentarios y dependencia emocional extrema.
Un reto mucho más complejo que prohibir sustancias
A diferencia del alcohol o las drogas, internet no se puede eliminar de la vida cotidiana. Es una herramienta de estudio, comunicación, trabajo y ocio.
Por eso los especialistas insisten:
no basta con prohibir, hay que enseñar a usar.
El verdadero desafío no es desconectar a los adolescentes, sino reeducar su relación con la tecnología, establecer límites reales y recuperar espacios sin pantallas en casa, en el aula y en el ocio.
Porque por primera vez en la historia, la adicción más extendida entre los jóvenes no se compra en la calle, sino que vive en su bolsillo.
