El calor arruina miles de toneladas de sandía en Castellón: algunos productores pierden hasta la mitad de la cosecha
Benihort ha descartado 1.000 de las 7.000 toneladas previstas en Benicarló, mientras una explotación de Nules cifra sus pérdidas cerca del 50% de la producción
El intenso calor del verano está dejando una campaña especialmente complicada para los productores de sandía del norte de la Comunitat Valenciana. Miles de toneladas se han perdido en explotaciones del Baix Maestrat y la Plana Baixa después de que las altas temperaturas hayan dañado los frutos tanto por fuera como, especialmente, en su interior.
El problema está afectando directamente a empresas agrícolas valencianas que afrontaban la campaña con unas previsiones de producción muy superiores a las que finalmente podrán comercializar.
Uno de los casos más significativos se encuentra en Benicarló, donde Benihort esperaba producir alrededor de 7.000 toneladas de sandía. De esa cantidad, unas 1.000 toneladas han terminado perdiéndose, según los datos recogidos por À Punt.
En Nules pierden cerca del 50% de la producción
Todavía más complicada es la situación de Melones Panollo, en Nules, en la comarca de la Plana Baixa.
La empresa calcula que ha perdido cerca de la mitad de toda su producción.
Su gerente, José Javier Oliver, relaciona directamente el resultado de la campaña con las elevadas temperaturas registradas durante el verano y los efectos de las condiciones climáticas.
El sol quema la sandía por fuera, pero el peor daño está dentro
Los daños no siempre resultan evidentes a simple vista.
La exposición al sol puede afectar a la superficie de la sandía, pero el problema más grave aparece en el interior.
Según explica Oliver, las temperaturas extremas provocan que la fruta avance excesivamente rápido en su proceso de maduración.
El agricultor lo describe de una manera muy gráfica: el calor termina «cociendo» la sandía por dentro hasta dejarla con una textura similar a la mermelada.
El resultado es un producto que ya no reúne las condiciones necesarias para su comercialización.
Una pérdida de alrededor del 14% en Benihort
Las cifras permiten dimensionar el impacto.
Si Benihort esperaba recoger 7.000 toneladas y ha perdido aproximadamente 1.000, significa que alrededor del 14% de la producción inicialmente prevista no ha podido aprovecharse.
En Nules, con pérdidas próximas al 50%, el impacto resulta todavía mayor.
Y la situación no afecta únicamente al volumen de fruta disponible, sino también a la rentabilidad de una campaña en la que los agricultores ya habían asumido los costes necesarios para producirla.
El producto que sobrevive tiene que competir en precio
Paradójicamente, las sandías que han conseguido superar las altas temperaturas presentan, según los productores consultados, una calidad elevada.
Pero aparece entonces un segundo problema: el precio.
Los agricultores locales encuentran dificultades para competir con productos comercializados a precios inferiores en las grandes superficies.
Esto convierte a fruterías de proximidad, pequeños comercios y cooperativas en una parte fundamental de la cadena para conseguir dar salida a la producción valenciana.
En algunas cooperativas, el 70% de la sandía vendida al inicio de campaña es local
El director de la Cooperativa Sant Josep de Nules, Fernando Peris, destaca precisamente el creciente interés de los consumidores por el producto de proximidad.
Según explica, cuando comienza la temporada, aproximadamente el 70% de la sandía que comercializan es de origen local.
Para los productores, esa elección del consumidor puede marcar la diferencia en una campaña en la que una parte considerable de la cosecha ya se ha quedado por el camino.
Una campaña marcada por las temperaturas extremas
La situación de Benicarló y Nules muestra hasta qué punto las temperaturas estivales pueden afectar a un cultivo aparentemente asociado precisamente al calor.
La sandía necesita temperaturas elevadas para desarrollarse, pero el exceso de calor y la exposición solar extrema pueden terminar dañando el propio fruto.
Este año las consecuencias se cuentan por miles de toneladas: 1.000 toneladas descartadas solamente en Benihort y pérdidas próximas al 50% en Melones Panollo.
La campaña deja así una paradoja para los agricultores castellonenses: después de conseguir salvar del calor una parte de sus mejores sandías, todavía necesitan que el consumidor esté dispuesto a valorar el producto local y su calidad frente a la competencia por precio de las grandes superficies.


