Es media jornada en el trabajo y has parado a hacer el descanso. Echas un vistazo a las noticias online mientras engulles un bocadillo, como de costumbre. Rebrotes de coronavirus a diestro y siniestro. Alguna muerte de algún personaje relevante. Lluvia, bajan las temperaturas. El bocadillo de toda la vida, normal y corriente. Jamón, salchicón, pavo, queso, atún… un contagio masivo de coronavirus en un matadero. Y antes de ayer, igual. Y mañana, la misma historia.
La industria cárnica y los mataderos son focos mayoritarios de contagios masivos del virus. Una de las causas principales radican en la precariedad de los trabajadores de estas empresas -la mayoría inmigrantes que trabajan sin descanso y conviven en situaciones precarias debido a los sueldos irrisorios, jornadas abusivas, y de las necesidades económicas de sus familias en el extranjero -, así como en las favorables condiciones de propagación del virus dentro de las instalaciones: grandes regueros de sangre, ventilaciones inadecuadas, despliegue de cadáveres y ritmos frenéticos de asesinatos en que los trabajadores deben permanecer codo a codo y sin descanso. Una combinación macabra y propicia a la enfermedad, ya previa a la etapa Covid-19, cruel para los humanos y especialmente para los animales que son descuartizados en cantidades exacerbadas.
Desde el inicio de la pandemia hemos sido testigos de decenas de brotes focalizados en estas empresas, aunque el protagonismo se ha relegado a otros sectores. Sin embargo, no vamos a dejar de ver como los infectados se disparan dentro de estas naves del terror, como se ha sabido esta última semana el caso de 134 contagios en un matadero de aves de Roquetes, en la provincia de Tarragona. Pero todo resulta ser una noticia más para la ciudadanía, que vivirá adormecida mientras pueda disfrutar de su bocadillo y se concentre en hacer peripecias para mantenerse libre del contagio. Mientras que el embutido que saborea al leer las noticias, tantas muertes habrá provocado para poder llegar a su bocadillo de descanso laboral. Y a su plato a la hora de cenar. Y el de toda su familia.
Es el nivel de inconsciencia social, lo que está tan aferrado a las costumbres que no nos atrevemos a plantear, lo que causa millones de muertes anuales, que mantiene y esparce la precariedad laboral de miles de personas, que está propagando la nueva enfermedad que nos atrapa este 2020, y que está a tan sólo un gesto de cada uno de nosotros: dejar de consumir animales como alimento, y escoger alternativas que ya son ampliamente distribuidas en todo el comercio. Sólo así se acabarán los mataderos y todo el sufrimiento que conllevan.
Iris Sánchez es técnico de laboratorio, estudiante de doble grado de bioquímica y activista de Nova Eucària.