7 de abril de 2025
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El temor de los niños valencianos: entre el azote de la DANA y el resurgir del Covid

El temor persistente de los niños tras la dana y el Covid

Las consecuencias psicológicas de la dana siguen presentes. A cinco meses del evento, muchos todavía enfrentan dificultades y requieren asistencia de profesionales para abordar el trauma experimentado el 29 de octubre, un día que transformó sus vidas por completo. Entre los afectados se encuentran también jóvenes y menores de las localidades devastadas por la inundación, quienes, según expertos, han sido en gran medida ignorados en sus necesidades durante este difícil periodo.

Cristina Ruiz, psicóloga especializada en traumas, explica que se priorizó el retorno a la normalidad mediante la escolarización en centros diferentes, sin tener en cuenta el bienestar emocional de los menores. Al sacar a niños y adolescentes de su entorno seguro, el traslado a centros nuevos exacerbó su estrés. Ruiz señala que “después de un acontecimiento tan traumático, queremos estar en un lugar confortable y no en un entorno desconocido” y sugiere que el regreso a la escuela debería haberse adaptado a cada caso.

Además, los adolescentes y preadolescentes de las áreas afectadas por la dana vivieron otra experiencia traumática: el Covid, cinco años atrás. Esta doble experiencia ha llevado a que estos jóvenes desarrollen una percepción más catastrófica del mundo que los adultos, causando retraumatización. Esta inseguridad, producto de haber experimentado dos eventos significativos en poco tiempo, ha generado graves consecuencias en algunos menores, como un miedo constante a que ocurra algo más.

Un ejemplo es un niño de 12 años de una población de la zona cero, que temía el inicio de una tercera Guerra Mundial. “Pasaba las noches llorando, con pesadillas sobre misiles y guerras”, comenta su padre, aludiendo a cómo la dana y el Covid se suman a las noticias sobre conflictos internacionales. Tanto este menor como su hermano de 15 años evitaban salir a la calle en las primeras semanas por temor a una nueva inundación. “El pequeño, cada vez que llueve, se conecta al móvil para revisar alertas y previsiones, preguntando sobre posibles nuevas danas o borrascas”, relata el padre.

Cristina Ruiz subraya que estos miedos no deben ignorarse, ya que podrían ocurrir otros desastres. “Es importante enfocarse en la recuperación sin minimizar el daño”, afirma. Asimismo, María Rubio, psicóloga especializada en Infancia y Adolescencia en la clínica Ian de Psique de Alzira, menciona que estos niños y jóvenes han enfrentado situaciones de caos social y muerte a su alrededor, sin clase, lo que genera síntomas similares.

En estos contextos, los problemas de sueño son comunes en todas las edades, incluidos los adultos. Además, se observan síntomas como ansiedad, falta de concentración, cambios de comportamiento e irritabilidad. La dificultad para verbalizar sentimientos, especialmente en los más pequeños, ha incrementado la ira. “Están frustrados porque no hay parques y todo está destruido”, agrega la experta en traumas.

Un niño menor de cinco años, por ejemplo, no quería regresar a su pueblo después de haber estado fuera. “Decía que no le gustaba que todo estuviera cubierto de barro, tenía muchas rabietas y estaba enfadado constantemente”, relata su madre, quien admite haberse sentido también molestada e irritable, reflejando esos sentimientos en su hijo. El menor expresaba preocupación cada vez que llovía, negándose a salir si el tiempo estaba malo.

Con el tiempo, los síntomas evolucionan, y en adolescentes se manifiesta un gran desánimo generalizado. “Inicialmente, los síntomas eran más agudos, luego se convierten en una tristeza más profunda y un cansancio emocional que se añade al estrés por los exámenes”, destaca Cristina Ruiz, que atiende a muchos jóvenes de la zona cero.

A pesar de la complejidad de estos casos, los expertos concuerdan en que los traumas pueden superarse con intervenciones adecuadas. Cristina Ruiz elogia la resiliencia de los jóvenes y enfatiza la necesidad de espacios donde puedan expresarse y estar acompañados, integrando sus experiencias de manera más saludable, señala la psicóloga María Rubio.

La mayoría de los pacientes que reciben tratamiento profesional experimentan una rápida mejoría, por lo que es crucial que tanto niños como adolescentes dispongan de herramientas para enfrentar estas situaciones. En algunos institutos de l’Horta Sud, se realizan sesiones grupales para expresar sentimientos y ofrecer recursos para mitigar los efectos emocionales de la tragedia. Esto es fundamental ya que, en la zona cero de la dana, todos, independientemente de su situación económica, han sido afectados.

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