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Rescate de 113 ancianos en la residencia de Paiporta el 29 de octubre
Un evento extraordinario tuvo lugar en Paiporta la noche del 29 de octubre cuando la residencia Savia enfrentó una crisis por la llegada inesperada de agua que inundó las instalaciones. A pesar de estar a unos 8 kilómetros del mar, el personal de la residencia experimentó la chocante sensación de que estaban viendo una vasta extensión de agua a lo lejos. Esta percepción se transformó rápidamente en realidad al escuchar el ruido de agua fluyendo dentro del estacionamiento. Alarmados, los trabajadores abandonaron sus vehículos y corrieron a la residencia, donde intentaron poner a salvo a los residentes. Sus esfuerzos fueron vitales para salvar a 113 ancianos, aunque lamentablemente seis perdieron la vida.
El sumario sobre los hechos de esa noche, recopilado en un informe enviado a la jueza del juzgado de instrucción número 3 de Catarroja, detalla los heroicos esfuerzos de los 15 trabajadores del centro que desafiaron las adversas condiciones para proteger a más de un centenar de ancianos vulnerables. Desde las 19:30 horas, el equipo enfrentó enormes retos, incluidas intensas corrientes de agua.
En aquel momento, 75 personas estaban distribuidas en cuatro salas comunes de la planta baja. Los trabajadores formaron cadenas humanas y utilizaron todo lo que tenían a su alcance, incluso una puerta convertida en improvisada balsa, para trasladar a los ancianos a lugares seguros. Algunos ancianos estaban en sillas o sillones y fueron trasladados alejándolos del agua que crecía rápidamente. La sala 4, con salida hacia la recepción, se convirtió en un punto crítico pues estaba lejos del barranco del Poyo, el cual amenazaba con mayor presión de agua.
El mayor drama ocurrió en la sala 3, donde la fuerza de la corriente impidió a los profesionales acceder para salvar a cuatro ancianos. En la sala 2, dos personas más no lograron salir de sus sillones a tiempo. Desesperados, los trabajadores realizaron numerosas llamadas de auxilio, pero se enfrentaron a problemas técnicos y retrasos en la respuesta de los servicios de emergencia.
Pese a los intentos por contactar con los Bomberos y Protección Civil, las líneas fallaron, y el personal recurrió a contactos personales para obtener ayuda. Comunicaciones con la Dirección General de Infraestructuras Sociosanitarias de la Comunitat Valenciana y con la vicepresidenta primera, Susana Camarero, se llevaron a cabo, aunque la asistencia tardó en llegar.
Finalmente, hacia las 3:30 de la madrugada, miembros de la Unidad Militar de Emergencias evaluaron la situación. Fuentes del informe critican la percepción de control que hizo que algunos residentes en necesidad de atención médica urgente no fueran evacuados. La intervención concluyó alrededor de las 15:30 horas del día siguiente, cuando los militares facilitaron el traslado de los residentes a otras instalaciones en Picanya y Albuixech. Sin embargo, la logística del transporte y las dificultades en las áreas afectadas por la inundación dificultaron la atención adecuada en los días posteriores.
Este relato destaca un episodio de abnegación y sacrificio personal dentro de un sistema de respuesta que, según el informe, mostró limitaciones significativas en momentos críticos para la seguridad y bienestar de una población vulnerable.