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**El heroísmo de un abuelo: sacrificio por su nieta en una tragedia**
“Está bien, vuelve a casa, se ha subido a la azotea”. Estas fueron las palabras de Rosa a su hija Aitana cerca de las 20:00 horas del 29 de octubre. En Catarroja, Aitana, de 21 años, luchaba contra la corriente del agua que avanzaba con fuerza mientras se dirigía a la casa de su abuelo Manuel, con quien vivía. Rosa había hablado con su padre a las 19:55 horas. El anciano, incapaz de llegar al primer piso, le confesó que nunca había visto algo así. Cuando Rosa le informó que su nieta, a quien él adoraba tras vivir siempre juntos debido al trabajo de Rosa en Castellón, estaba en camino, Manuel tomó la decisión que muchos abuelos tomarían: proteger a su nieta. “Dis-li a la xiqueta que se’n torne”. Aitana consiguió regresar a casa poco antes de las 20:11 horas, convencida de que su abuelo estaba a salvo. Sin embargo, Manuel falleció aquella noche.
El sumario de la tragedia causada por la DANA revela escenas de dolor indescriptible. La declaración de Rosa trasluce una amargura profunda: “Mi padre murió pensando en su nieta, a quien quería con todo su corazón. Estaban en la misma situación, y esa angustia me persigue. Mi hija no puede perdonarse no haber alcanzado la casa de su abuelo a tiempo”. Aitana, por su parte, enfrenta sus propios demonios: “No está en tratamiento porque no puede compartir sus sentimientos con alguien que no conoce, pero está somatizando todo”.
Esa tarde, Rosa contactó a Manuel a las 19:08 horas. Le habían administrado las vacunas del covid y de la gripe, y tenía algo de fiebre. Aún así, Manuel confiaba que la casa, elevada un par de escalones desde el año 2000, no sería afectada por el agua. Era la casa más alta de la zona. Sin embargo, al inundarse Catarroja, Aitana y su padre se esforzaron por llegar a su abuelo. Aitana lloraba desesperada: “Mi iaio, mi iaio”. Regresó porque él se lo pidió, en un último esfuerzo por protegerla. Esta tragedia no solo nos habla de dolor, sino también de héroes que sacrifican todo por los suyos. Recordar estas historias es un acto mínimo de justicia.