Las autoridades de emergencias tuvieron más de tres horas para actuar y salvar vidas en l’Horta Sud
En la mañana del 29 de octubre de 2024, el día comenzó en Chiva bajo un cielo oscuro, con intensas lluvias acumulando hasta 90 litros por metro cuadrado en solo cinco minutos. Desde las 7.30 horas, el agua comenzó a acumularse en los campos y corría por el lecho del barranco del Poyo. Durante toda la mañana, el agua siguió fluyendo lentamente y llegó a l’Horta Sud. Un estudio realizado por el Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva ha determinado que el agua acumulada antes de Riba-roja tardó tres horas y veinte minutos en recorrer los 19,8 kilómetros que separan ese punto del medidor de Massanassa. Este tiempo podría haber sido crucial para salvar más de 200 vidas esa tarde.
El profesor Juan Soria, de la Universitat de Valencia y partícipe del estudio, estima que la crecida de las 18.55 horas pudo haber alcanzado Massanassa hacia las 22 horas. A las 11.30 horas, el medidor de Riba-roja registró un caudal de 208,207 metros cúbicos por segundo. El agua avanzó a lo largo del barranco del Poyo y llegó a Massanassa a las 14.50 horas, momento en que un medidor, que según la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) no existía, detectó 1,3 metros de altura.
Según los estudios, el estrechamiento del barranco del Poyo, confinado por construcciones, exacerbó la inundación. En el encuentro de los barrancos de Horteta y Poyo en Torrent, el cauce alcanza un ancho de casi 137 metros. Sin embargo, en Massanassa se estrecha a 32 metros, lo que provocó que el agua se desbordara.
Durante esas cruciales tres horas, no hubo alertas de la CHJ ni de Emergencias. La CHJ era responsable del monitoreo de los barrancos y del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH), un conjunto de sensores destinados a medir el caudal. Entre las 16.13 y las 18.43 horas, la CHJ perdió el control del Poyo, y en una comarca densamente poblada como l’Horta Sud, muchos continuaban con sus actividades cotidianas sin saber del peligro que se avecinaba.
La mañana de ese día, Emilio Argüeso, alto cargo de Emergencias, se desplazó entre varias localidades pero no transmitió ninguna advertencia, aunque pasó por el puente sobre el Poyo en la A7, mismo que horas después colapsaría, ocasionando un gran atasco en el Corredor Mediterráneo. No hubo verificaciones o controles en Riba-roja ni en Chiva, a pesar de que los medios ya reportaban inundaciones desde temprano.
Esta situación pone en evidencia la falta de reacción de las autoridades y subraya la necesidad de mejorar los sistemas de alerta y comunicación en situaciones de emergencia.