1 de octubre de 2025
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Faltan medidas reales en comités de emergencia zona DANA

Faltan medidas reales en comités de emergencia zona DANA

Una respuesta insuficiente ante la amenaza constante de las DANAs

La gota fría o DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) se ha convertido en un fenómeno meteorológico recurrente y destructivo que afecta, año tras año, a comunidades del levante español, especialmente en la Comunitat Valenciana. Sin embargo, a pesar de la experiencia acumulada y la inevitable llegada de nuevos episodios extremos, los expertos y afectados coinciden: los comités de emergencia siguen fallando en aplicar medidas eficaces.

A través de sesiones ejecutivas y planes de contingencia teóricos, las autoridades intentan dar respuesta a las alertas meteorológicas. Pero los resultados evidencian que la falta de medidas concretas y sostenibles mantiene la región expuesta a graves consecuencias humanas, económicas y ambientales.

Qué es una DANA y por qué es tan peligrosa

Una DANA es un fenómeno atmosférico que se forma cuando un embolsamiento de aire frío en altura se aísla de la corriente general. Al encontrarse con el aire cálido y húmedo que asciende desde el Mediterráneo, se originan precipitaciones intensas e incluso tormentas muy localizadas que pueden generar inundaciones repentinas.

Las zonas más vulnerables en la Comunitat Valenciana incluyen regiones costeras y vegas fluviales, como:

  • La comarca de la Vega Baja (Alicante)
  • L’Horta Sud (Valencia)
  • La Ribera Alta y Baixa
  • Zonas rurales cercanas a ramblas o barrancos

En muchos de estos puntos, los episodios de DANA provocan cada año la activación de los planes de emergencia regionales, a menudo con resultados limitados o demasiado tardíos.

Críticas a los comités de emergencia: planes sin acción tangible

El despliegue de comités de emergencia suele ser inmediato ante las alertas por DANA. Reuniones y comunicados oficiales se suceden, anunciando medidas de revisión y refuerzo de infraestructuras, atención a los núcleos poblacionales y coordinación entre cuerpos de seguridad.

Sin embargo, representantes vecinales, organizaciones ecologistas y alcaldes locales han denunciado lo que consideran una “respuesta burocrática, cortoplacista y desconectada del territorio”. Entre las críticas más repetidas destacan:

  • Ausencia de inversiones a largo plazo para adaptarse a eventos climáticos cada vez más frecuentes.
  • Poca participación ciudadana en la toma de decisiones y diseño de protocolos.
  • Desactualización de infraestructuras hidráulicas y alcantarillado urbano.
  • Deficiente comunicación antes, durante y después del episodio meteorológico.

La Vega Baja: la zona cero de cada DANA

Cada vez que se activa una alerta por DANA, todas las miradas se centran en la Vega Baja del Segura. Su orografía, con cauces como el río Segura y ramblas sin canalizar adecuadamente, la convierten en un auténtico punto crítico.

En septiembre de 2019, una histórica DANA dejó más de 6.500 viviendas anegadas, 61 colegios cerrados y más de 7000 hectáreas de cultivo afectadas sólo en esta comarca. Desde entonces, poco ha cambiado de forma estructural.

Los vecinos de municipios como Orihuela, Dolores o Almoradí han reclamado en numerosas ocasiones:

  • Un plan hidráulico integral que incluya nuevas zonas de laminación y control de avenidas.
  • Protocolos automáticos de desalojos en zonas inundables.
  • Restauración del dominio público hidráulico y ordenación urbanística adaptada al riesgo.

Planes redactados pero sin ejecutar

Tanto la Generalitat Valenciana como el Gobierno central han aprobado varios planes de actuación frente a riesgos naturales y emergencias climáticas. Entre ellos destaca el Plan Especial Frente al Riesgo de Inundaciones (PEI), que incluye mapas de riesgo por municipios y propone acciones específicas.

No obstante, su aplicación real es mínima. Muchos ayuntamientos carecen de recursos para aplicar las recomendaciones, y las obras de adaptación pendientes se dilatan indefinidamente.

Expertos del mundo académico, como la Universitat de València y la Universidad de Alicante, señalan que esta brecha entre planificación y ejecución es el mayor desafío para disminuir la vulnerabilidad de la comunidad ante las DANAs.

Emergencia climática: más que un concepto político

Aunque desde 2019 varias instituciones españolas han declarado formalmente la emergencia climática, en el ámbito práctico esta categoría no se ha traducido en una priorización real de inversiones ni reformas estructurales.

Según el Observatori del Canvi Climàtic de València, cada año el nivel de intensidad y frecuencia de fenómenos extremos aumenta en el Mediterráneo occidental. Pese a ello, sigue habiendo:

  • Déficit de acciones de prevención relacionadas con el cambio del uso del suelo.
  • Falta de integración de la perspectiva climática en la gestión urbanística.
  • Dependencia de respuestas reactivas sobre estrategias proactivas.

Propuestas de mejora desde entidades locales y expertos

Diversas asociaciones y colectivos han puesto sobre la mesa un conjunto de medidas concretas que podrían mitigar los efectos de las DANAs en la región. Algunas de ellas son:

1. Rehabilitación verde del territorio

Implementar soluciones basadas en la naturaleza para controlar escorrentías y restaurar la funcionalidad de riberas y barrancos. Entre las propuestas destacan:

  • Creación de corredores ecológicos y humedales artificiales que absorban excedentes hídricos.
  • Reforestación de zonas erosionadas para reducir el impacto de lluvias intensas.

2. Modernización de infraestructuras hidráulicas

Invertir en una red de alcantarillado inteligente y sistemas de detección temprana. También es urgente:

  • Revisar y ampliar las cuencas de laminación.
  • Eliminar vertidos ilegales y residuos que obstruyen el drenaje urbano.

3. Educación ambiental y cultura del riesgo

Fomentar una ciudadanía preparada, a través de:

  • Planes escolares de formación en emergencias climáticas.
  • Simulacros comunitarios y difusión de canales oficiales de información.

4. Participación activa de los municipios

Dotar a los ayuntamientos de fondos y autonomía suficientes para ejecutar los planes de emergencia adaptados a su realidad. También es clave:

  • Incorporar la voz de asociaciones vecinales en las decisiones del comité.
  • Transparencia en la gestión de fondos destinados a prevención y adaptación.

El papel de los medios y la sociedad civil

Los medios de comunicación y plataformas digitales desempeñan hoy un papel clave en la concienciación ciudadana. Cubrir las alertas con rigor, dar voz a los afectados y exigir responsabilidades se ha vuelto una labor esencial.

Además, la sociedad civil ha tomado la iniciativa en múltiples casos. Plataformas como “Stop Inundaciones Vega Baja” o “SOS Llanera Huerta Sur” reúnen a vecinos, agricultores y profesionales que luchan por una planificación real que ponga la vida y el entorno por encima de intereses particulares.

Conclusión: de la palabra a la acción

Las DANAs ya no son fenómenos excepcionales: son parte del nuevo contexto climático que afronta el litoral mediterráneo. No es suficiente con tener planes redactados o formar comités que se limitan a reaccionar después del desastre.

El camino hacia una verdadera resiliencia frente a las catástrofes naturales pasa por invertir hoy en medidas estructurales, poner a las personas en el centro de la acción política y entender que preparar el territorio es proteger el futuro.

Mientras las acciones reales no lleguen, seguiremos contando víctimas, pérdidas patrimoniales y daños en los ecosistemas año tras año. Y lo más grave: sin aprender lo suficiente de cada emergencia vivida.

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