El 6 de octubre, la Comunitat Valenciana anunció un nuevo proyecto de ciberseguridad para el sector aeroespacial, fruto de un acuerdo de intenciones entre la Generalitat y la empresa S2GRUPO. Este convenio busca situar a la región como un referente en ciberseguridad industrial con la creación de un laboratorio que apoyará la implementación del proyecto ‘Cicerón’. El acuerdo fue firmado por el ‘president’ de la Generalitat, Carlos Mazón, y el CEO de S2 Grupo, José Rosell, durante una visita a las instalaciones de la empresa en Valencia. También estuvieron presentes el vicepresidente segundo, Francisco José Gan Pampols, y la consejera de Innovación, Marián Cano.
Carlos Mazón destacó que la iniciativa posicionará a la Comunitat Valenciana y a España como actores clave en la resiliencia aeroespacial europea, subrayando la importancia estratégica de la ciberseguridad en las políticas públicas y empresariales. Además, enfatizó el potencial impacto económico del proyecto, que pretende atraer inversiones significativas y generar empleo en la región.
El proyecto ‘Cicerón’ busca asegurar la cadena de suministro de la industria satelital mediante el desarrollo de un Centro de Operaciones de Ciberseguridad Espacial. Se prevé que este esfuerzo fomente la creación de empleo altamente cualificado y programas de formación en colaboración con universidades y centros de investigación locales. Según Rosell, el proyecto, con una inversión estimada de entre 10 y 15 millones de euros, comenzará en las instalaciones de S2 en Valencia, aunque podría requerir espacio adicional.
Rosell también señaló el desconocimiento como la principal amenaza en ciberseguridad, destacando que la mayoría de los incidentes son consecuencia de ataques de ‘phishing’ que se aprovechan de la confianza de las personas. Añadió que los errores en el software son puntos vulnerables que pueden comprometer a las empresas.
Finalmente, Rosell alertó sobre el aumento constante de incidentes de ciberseguridad a nivel global, agravado por los conflictos geopolíticos, e indicó la dificultad para medir el volumen real de estos incidentes debido a la falta de estadísticas y el temor a las repercusiones mediáticas.