Subtítulo:
La banda de Lichis presentó su nuevo disco “Canciones y maquetas 1993-1997” con un concierto vibrante que recorrió tres décadas de música mestiza y emociones compartidas.
Una noche para reencontrarse con la memoria musical
València volvió a cantar con La Cabra Mecánica. Este viernes, el Roig Arena se llenó de nostalgia, alegría y baile para celebrar el arranque de la nueva gira del grupo madrileño, que eligió la ciudad del Turia para presentar “Canciones y maquetas 1993-1997”, su nuevo trabajo discográfico.
Con el público en pie desde los primeros acordes, Lichis y su banda ofrecieron un viaje sonoro por los temas que marcaron toda una generación: desde “Felicidad” hasta “El día de tu boda”, pasando por esa “Carne de canción” que aún resuena como un himno de libertad.
“El público valenciano tiene una sensibilidad muy especial”
Horas antes del concierto, Lichis confesaba la emoción de pisar el escenario del Roig Arena: “Esto es tan grande que impresiona mucho. El público valenciano tiene una sensibilidad musical muy desarrollada y una cultura musical muy grande”.
Y así fue. Durante casi dos horas, la complicidad entre banda y público convirtió el recinto en una auténtica fiesta popular.
Entre maquetas y recuerdos
El nuevo álbum, publicado este viernes, reúne grabaciones originales de los años 90, restauradas y remasterizadas en 2022 junto a Cataldo Torelli. Más que una recopilación, es un viaje íntimo a los orígenes del grupo, a aquellas primeras cintas de cuatro pistas donde empezó a gestarse su inconfundible mezcla de rumba, rock y poesía urbana.
Sobre el escenario también sonó “La novia del marinero”, que dos décadas después mantiene intacto su espíritu libre. El cierre, como no podía ser de otro modo, llegó con “La lista de la compra”, desatando un baile colectivo que hizo vibrar el corazón del Roig Arena.
València, siempre cómplice
Entre luces, coros y abrazos, quedó claro que La Cabra Mecánica sigue teniendo cuerda para rato. Su sonido, mestizo y humano, se reencontró con una ciudad que siempre le ha abierto los brazos.
Porque si algo demostró la noche, es que hay canciones que no envejecen: solo esperan el momento justo para volver a sonar.