Eunice y su esposo, quienes intentan reconstruir su vida alojados por Casa Caridad, creen firmemente que “el optimismo es una decisión” y esperan ver “días mejores”.
VALENCIA, 19 Oct. –
Eunice Espinoza, junto a su marido y sus tres hijos, uno de ellos recién nacido, vivían de alquiler en una planta baja del barrio de La Torre, en Valencia, hasta que la noche del 29 de octubre de 2024, una riada provocó que el agua llegara a un metro y cuarenta centímetros, destruyendo todo a su paso. La dana no solo se llevó sus muebles, también el empleo del cabeza de familia. La imposibilidad de continuar con el arrendamiento los dejó sin opciones para alquilar otra vivienda. Desde entonces, residen en una vivienda proporcionada por Casa Caridad, a la espera de “días mejores”.
Durante las primeras horas de la riada, Eunice y su familia pidieron ayuda a la policía debido a la completa inundación de su hogar, siendo trasladados a la residencia Orpea donde permanecieron varios días, según relata Eunice Espinoza en una entrevista. En ese momento, Eunice no trabajaba porque acababa de dar a luz. Su marido perdió su empleo cuando la obra en la que trabajaba también se inundó. Apenas pasado una semana de la tragedia, el propietario de la vivienda donde habían residido durante tres años les exigió el pago del alquiler de noviembre. “Nosotros estábamos sin nada, sin un centavo, y al decirle que no podíamos pagar, él cambió la cerradura. Nunca más tuvimos acceso a la casa”, lamenta. Eunice menciona que el propietario era un particular sin contrato de alquiler formal y sospecha que “quería cobrar las ayudas de la dana como si él hubiera sido el afectado”.
El apoyo temporal llegó a través de una derivación municipal mientras aún se encontraban en la residencia Orpea. Una trabajadora del Ayuntamiento les ofreció una vivienda temporal a través del Proyecto Fénix de Casa Caridad. Para Eunice, esto fue “como el arco iris después de la tormenta”. Aunque el proceso fue complicado y aterrador, especialmente para sus hijos que han enfrentado cambios de colegio y domicilio, han intentado mantenerse optimistas.
La familia encontró grandes dificultades para acceder al mercado de alquiler. Los altos requisitos económicos, como la necesidad de ingresos de al menos 3.000 euros mensuales para rentar una vivienda de dos habitaciones, sumados a la negativa de alquileres a familias con niños, fueron enormes barreras. Esta situación se mantuvo incluso antes de la dana, debido a la dificultad general de encontrar vivienda en el mercado.
Un año después de las inundaciones, su principal objetivo es lograr estabilidad laboral y poder alquilar una vivienda. El esposo de Eunice ha conseguido un nuevo empleo, pero para ella es más difícil encontrar uno que se ajuste a las necesidades de cuidado de sus hijos pequeños. Sin embargo, mantiene la esperanza y la fe en que vendrán días mejores.
Casa Caridad ha sido testigo del impacto devastador que la pérdida de vivienda por la dana ha tenido en muchísimas familias. La entidad destaca las dificultades en el acceso a viviendas dignas un año después del desastre. Los precios elevados y condiciones inalcanzables del mercado de alquiler han dejado a muchas familias en situaciones precarias. A pesar de haber ofrecido doce viviendas en Torrent para los afectados, el camino hacia soluciones habitacionales estables es aún un reto. La labor de Casa Caridad sigue centrada en el apoyo a estas familias, reafirmando su compromiso con la inserción y la dignidad de las personas afectadas.