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Cruset ironiza con que el Ejecutivo “no suspenderá más leyes porque no presentará ninguna” mientras Junts cierra la puerta a cualquier marcha atrás
En plena tormenta política, con la legislatura sostenida por el hilo más fino del parlamentarismo moderno, Junts ha vuelto a apretar el acelerador del conflicto. Esta vez no con nuevas exigencias, sino con una colección de bofetadas dialécticas dirigidas directamente a Pedro Sánchez. ¿El objetivo? Que alguien —quien sea, por favor— le “abra los ojos”.
Durante una entrevista en el programa Parlamento de RNE, Josep Maria Cruset, diputado de Junts en el Congreso, pintó un retrato bastante apocalíptico de la situación actual. O, más bien, explicó que el apocalipsis ya ha ocurrido, pero que Pedro Sánchez sigue con la cabeza metida bajo tierra como un avestruz. Un recurso visual que, por cierto, viene a ser lo más amable que se ha dicho en estos días entre socios de investidura.
“La situación ha cambiado radicalmente”


La frase no es nueva. Pero ahora viene con consecuencias. Cruset se desmarcó completamente del clima de “mano tendida” que el Gobierno intenta proyectar, y dejó claro que lo del bloqueo no es un farol, ni una estrategia temporal, ni un enfado de fin de semana. Es una ruptura total.
Según el diputado, Junts lleva “meses” advirtiendo de que el Gobierno no cumple, no escucha y no negocia como debería. En las famosas reuniones mensuales en Suiza, esas que se celebran lejos de los focos pero cerca de los acuerdos, Junts ya habría hecho saber que la paciencia se agotaba. El problema, denuncia, es que desde Moncloa se ha preferido negar la evidencia con esa sonrisa política que tanto gusta en los titulares, pero tan poco aguanta en el Congreso.
La metáfora del niño que no va a clase (y no piensa suspender)
Pero si algo dejó clara la entrevista es que Junts ha decidido asumir sin complejos su papel de azote del Gobierno. Cruset, con una mezcla de ironía y reproche, se burló de la idea de que el Ejecutivo opte ahora por no presentar leyes para evitar visualmente su falta de apoyo parlamentario.
La comparación no tiene desperdicio:
“Sería como si mi hijo dijera que no va a suspender ningún examen más porque no irá a clase.”
Así, sin anestesia. Y con una carga simbólica que, más allá de la metáfora escolar, retrata una legislatura vacía de contenido legislativo pero llena de gestos tácticos que ya no convencen a nadie. O al menos, no a los siete diputados de Junts que tienen ahora mismo la llave del Congreso.
Junts no está en Madrid para “estabilizar” a Sánchez
Cruset, como portavoz adjunto, reafirmó el objetivo estratégico de Junts: no han venido a Madrid a ser muleta de ningún gobierno. No están allí para sostener al PSOE, ni para regalar sus votos, ni para estabilizar a nadie. Están, dice, para “defender los intereses de los catalanes”, y si eso implica dinamitar la legislatura, que así sea.
Y ojo con esto, porque es la primera vez que desde Junts se verbaliza tan nítidamente que la gobernabilidad de España no es su problema. No es su objetivo. No es su prioridad. Si a Pedro Sánchez se le hunde la legislatura, será —dicen— consecuencia directa de sus propios incumplimientos. Y ni una lágrima.
¿Qué viene ahora? La legislatura zombi
En el fondo, el gran temor del PSOE ahora no es tanto que Junts haya roto el acuerdo, sino que lo haya hecho sin margen de regreso. Porque eso significaría que cualquier intento de presentar una ley será una escenificación de fracaso. Cada proyecto, una derrota anunciada. Cada votación, una confirmación más de que el Ejecutivo ya no tiene mayoría real.
Y si el Gobierno opta por no presentar iniciativas legislativas, solo para evitar titulares de “rechazada por el Congreso”, estaríamos, según Junts, ante una negación del sistema democrático. Un Gobierno sin leyes no es un Gobierno, vino a decir Cruset. Es una ficción política. Un expediente administrativo con ministros de cara simpática.
El manual de resistencia… sin capítulo para esto
Pedro Sánchez ha hecho de la palabra “resistencia” su lema vital y político. La publicó en un libro (que se vendió bien), la convirtió en eslogan de campaña, la repite cada vez que alguien le recuerda que su aritmética parlamentaria da más miedo que ilusión.
Pero ni en el manual ni en las páginas más rebuscadas del sanchismo había un plan para esto: un bloqueo sin disimulo, con desprecio público, sin posibilidad de parche. Porque lo que ahora plantea Junts no es un “vamos a ver si cumplen”. Es un “no vamos a volver a votar a favor de nada”.
Y eso, traducido al lenguaje de la calle, significa que la legislatura ha entrado oficialmente en su fase zombi. Vive, pero no legisla. Existe, pero no actúa. Ocupa espacio, pero no gobierna.
¿Se quedará Sánchez solo?
La gran incógnita ahora es si otras formaciones seguirán el camino de Junts. Cruset, preguntado por la posibilidad de que haya más rupturas, miró de reojo a ERC, partido al que acusó, con una media sonrisa cargada de dinamita, de haber “aplaudido” hasta ahora los incumplimientos del Gobierno.
¿Se sumarán los republicanos a esta espantada progresiva? ¿O mantendrán el pacto, por necesidad, por cálculo, por miedo a elecciones? La presión sobre ellos va en aumento, y cada día que pasa sin avances concretos es otro argumento para justificar una futura ruptura.
Los Presupuestos, primera víctima del naufragio
Junts no deja margen a la imaginación: no habrá Presupuestos Generales del Estado con sus votos. Y si Sánchez decide presentarlos igual, será solo para verlos caer. Cruset insistió:
“El Gobierno verá cómo se le van cayendo todas sus iniciativas.”
Ese es el nuevo escenario. Una legislatura convertida en campo de minas, donde cada paso legislativo puede ser el último. Una relación rota, en la que ni los mediadores suizos parecen poder hacer ya de celestinos.
¿Qué margen queda? ¿Y hasta cuándo?
Pese al tono rotundo de Junts, la política tiene esa habilidad de convertir rupturas definitivas en pausas tácticas. Pero ahora mismo, todo indica que no hay marcha atrás. Y que el PSOE tendrá que elegir entre sobrevivir a base de decretos y gestos, o arriesgarse a una legislatura fallida que termine en urnas.
Porque si hay algo que no ha dicho Cruset, pero todos entienden, es que Junts no busca negociar nada más. Lo que quiere es marcar perfil, distanciarse del PSOE, y prepararse para una eventual cita electoral en Cataluña donde competirán con Aliança Catalana a cara de perro. Y para eso, ser “el que tumbó a Sánchez” puede ser un gran titular de campaña.