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Cierre de la histórica droguería de Valencia que creó el primer detergente en España
La puerta metálica del número 43 de la avenida del Puerto en Valencia ha permanecido cerrada desde julio. En ese lugar, donde una vez los aromas de sosa, perfume y alcanfor formaban parte del día a día, ha desaparecido uno de los últimos vestigios del comercio tradicional. La Droguería Almenar, que también incluía mercería, paquetería y perfumería en su interior y que fue el hogar de ocho hermanos, ha dejado de funcionar, aguardando a que alguien se anime a revivir el negocio.
La historia de esta empresa comenzó hace más de un siglo, cuando estaba ligada al mayorista valenciano Tomás Lechona Bella y su sede se encontraba en la calle del Mar. Por aquel entonces, la droguería se dedicaba a vender productos al peso y emanaba el aroma característico de un laboratorio casero. En los años 50, los padres de Enrique y Amparo Almenar, que comenzaron como empleados, tomaron las riendas del negocio.
En ese tiempo, la tienda era mucho más que la pequeña sucursal conocida hoy en día: incluía almacenes, un corral y hasta una vivienda donde nacieron la mayoría de los ocho hermanos, entre ellos Enrique y Amparo. “Durante nuestra infancia nos repartíamos las tareas. Los más pequeños nos encargábamos de llenar bolsitas de detergente desde el bidón. Antes todo se vendía en grandes cantidades, mi padre incluso llegó a envasar esmaltes de uñas”, comenta Amparo, imitando con sus manos el movimiento de verter producto de un envase a otro.
El negocio actual resulta de una reforma llevada a cabo hace 25 años, cuando la familia logró hacerse con la propiedad del lugar, reduciendo a la mitad el tamaño del local y perdiendo el aspecto original de la fachada. Sin embargo, los letreros pintados a mano por Pilar, una de las hermanas Almenar, todavía adornan el lugar. Durante los trabajos de remodelación, se hallaron auténticos tesoros ocultos durante años.
Uno de estos hallazgos fue una mesa de madera noble, de principios del siglo pasado, que presentaba un retal de cuero acolchado en su superficie. Amparo restauró el mueble hace pocos meses y, para su sorpresa, al retirar el cuero, descubrió periódicos de 1921 de LAS PROVINCIAS usados como relleno.
Entre las memorias de esta tienda, hay una que destaca en la historia industrial de España. En los años 60, mucho antes de la aparición de los detergentes como Norit y Tu-tú, Droguería Almenar desarrolló el primer limpiador de ropa en este formato: se llamaba Plofi y prometía facilidad, eficiencia y economía. El reverso del envase original detallaba que era “un procedimiento moderno ya utilizado en el extranjero”.
Aunque el proyecto inicial no prosperó al no poder obtener una licencia industrial, ya que solo se permitía la producción química en Madrid o Barcelona, lograron comercializar Plofi a nivel local en diferentes variantes, como una específica para ropa oscura, muy utilizada en el cercano convento de monjas. La fabricación se llevaba a cabo manualmente en un bombo de madera, mezclando blanqueadores ópticos, sal sosa y perfumes. Otras de las materias, como las pinturas, eran elaboradas por los niños. “De tres a cuatro de la tarde estábamos ocupados con palitos creando colores”, recuerda Amparo.
Para los ocho hermanos Almenar, la tienda fue más que un negocio: fue un estilo de vida. Crecieron entre los bidones, jabones, cintas y botones. La sexta hermana continuó la tradición hasta retirarse el pasado 31 de julio con 69 años. “La droguería nos ha permitido vivir dignamente. No para enriquecernos, pero sí para vivir bien y mantener una empleada”, señala Amparo, que confía en que el negocio puede seguir siendo viable.
El ambiente familiar, la honestidad y el conocimiento especializado fueron las claves de la fidelidad de su clientela: “Mis hermanas y yo hemos probado casi todos los productos que hemos vendido. Si no funcionaban, no los recomendábamos. Puede que a veces mis consejos no fueran aplicables, pero siempre vendíamos aquello que nos había funcionado bien”, dice. Su pasión es evidente en cómo acaricia los botones y conoce la ubicación exacta de cada artículo, reflejo de toda una vida dedicada al negocio.
La llegada de la pandemia de COVID fue un golpe duro para la tienda: “Muchas personas que nunca habían comprado en internet comenzaron a hacerlo”, lamenta. Además, enfrentó dificultades para encontrar empleados cuando sus hermanas abandonaron la mercería, ya que buscaba personas capacitadas y con una pasión similar a la suya, aunque difícil de igualar.
Si nadie toma el relevo de los Almenar en esta profesión, tal vez en unos años alguien pase por la Avenida del Puerto y vea otro negocio en el número 43, sin saber que allí se creó el primer detergente español, ni que una familia de diez personas construyó su vida tras esas paredes, ni que, cien años atrás, allí existió una tienda que olía a cal, jabón y conversaciones.