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Forn Baixauli: el horno de 280 años que resiste en la zona cero de la dana de Picanya
Redaccion 29 de marzo de 2025

Uno de los hornos más antiguos del territorio valenciano ha vuelto a encender sus hornos en la llamada zona cero de la dana. Forn Baixauli, con casi 300 años de historia y ocho generaciones al frente, ha logrado reabrir sus puertas en Picanya después del desastre del 29 de octubre, gracias a una mezcla de esfuerzo, arraigo y una ola de solidaridad que difícilmente se olvidará en el municipio.
Este reportaje recorre, en primera persona, el entorno castigado por la riada, el interior completamente reformado del horno y recoge el testimonio de Batiste Rubio, una de las almas de este negocio familiar que lucha por llegar a los 300 años de vida.
Un paseo por la zona cero: cicatrices visibles en Picanya
Cuando visité el horno de Baixauli en Picanya todavía se podían observar los efectos devastadores de la dana en algunos puntos cercanos a la Rambla del Poyo. Mientras circulaba por el cinturón de Picanya que bordea la rambla, la magnitud del cauce resultaba sobrecogedora. Cuesta entender las dimensiones reales de lo sucedido hasta que uno recorre esas calles.
Tuve suerte para aparcar y decidí acercarme andando hasta el horno. En el camino, las heridas seguían presentes: marcas de agua en las fachadas, puertas sustituidas a toda prisa, persianas nuevas donde antes hubo barro y destrozos. Aparentemente, la vida sigue con normalidad, pero basta mirar con atención para entender que, bajo esa rutina, late todavía el recuerdo de una noche que lo cambió todo.



Al llegar a Forn Baixauli, la memoria se hace tangible. Sus ventanales están repletos de fotos, recortes y pequeños recuerdos que rememoran lo sucedido y la infinita generosidad de la gente. Esa historia de dolor y reconstrucción no se esconde: se comparte y se agradece.
El horno reformado: azulejos de gratitud y un nuevo comienzo
El local está totalmente reformado. Nada más cruzar la puerta, llaman la atención unos azulejos pintados a mano que presiden el espacio, a modo de homenaje. Son un agradecimiento explícito a todas las personas que, de manera desinteresada, lo dieron todo para ayudar en los peores momentos. Una ayuda física y material, sí, pero sobre todo emocional y moral.
No se puede hablar de un horno con esta solera sin contextualizar lo que ha supuesto el antes y después del 29 de octubre. La dana no solo destrozó un negocio, también puso a prueba el vínculo de Picanya con uno de sus símbolos cotidianos. Allí he quedado con Batiste para que me lo cuente todo. Tengo ganas de conocer su horno por dentro y, por supuesto, sus productos.
Un horno nacido en 1745 y ocho generaciones al frente
¿En qué año se abre el horno y cuántas generaciones han pasado por él?
Batiste sonríe cuando se le pregunta por los orígenes del negocio. «El horno se abrió en 1745 y estaba ubicado en el centro de la población. Lo abrió la tatarabuela de mi tío Vicente, que es el padre de mi socio, Vicente Baixauli. Él era la séptima generación, y nosotros dos somos la octava generación que está al frente del horno, de lo cual nos sentimos muy orgullosos».
Aquel primer Forn dels Quatre Cantons, ubicado donde hoy se encuentra la biblioteca de Picanya, fue el germen de un oficio que se ha mantenido vivo casi tres siglos después. Más tarde, el negocio se trasladó a la actual calle Major, 22, donde el horno sigue siendo, hoy, un punto de encuentro diario para el vecindario.
El camino de Batiste hacia el obrador
¿Cómo llegas tú al horno y qué papel desempeñáis tú y tu primo?
«Yo llego al horno cuando tenía tan solo catorce o quince años», recuerda Batiste. «Mi padre falleció cuando era muy pequeño y no tenía nada claro lo que quería hacer con mi vida. Mi pasión era el fútbol, pero siempre estaba rondando el horno. Mi tía me propuso que les ayudara y así empecé colaborando con ellos. Un día rosquilletas, otro día madalenas y, con diecisiete años, tuve claro que me quería dedicar a la pastelería».
A partir de ahí, se formó para ser pastelero y volcarse plenamente en el negocio familiar. «Mi función ahora es dirigir la parte de pastelería y pan y mi primo se encarga principalmente de la gestión administrativa del horno. Sin embargo, para mí la jefa sigue siendo mi tía. Sigue siendo nuestro referente y mientras ella no se jubile, seguirá siendo así».
Tradición y tecnología: cómo ha cambiado el oficio
¿Cómo ha cambiado el mundo del horno tradicional? ¿Qué mejoras habéis introducido?
Batiste tiene clara su filosofía: «En mi humilde opinión, a lo largo de los años puede cambiar la maquinaria, la forma de trabajar, pero los ingredientes siguen siendo los mismos. Se ha introducido maquinaria que nos permite trabajar con mayor eficiencia, para rentabilizar el oficio, y esto es básico para poder subsistir. Eso exige formación y actualizarse permanentemente, aunque todo ello tiene un coste muy elevado».
A pesar de las pérdidas causadas por la dana, hoy Forn Baixauli cuenta con un abatidor, una fermentadora y otros equipos que agilizan la producción sin renunciar al sello artesano. Tradición y tecnología conviven para garantizar un producto de máxima calidad y un negocio viable en pleno siglo XXI.
Equipo humano y conciliación: ocho personas y domingos cerrados
¿Cuánta gente trabaja en el horno y qué tipo de horarios tenéis?
«Actualmente somos ocho personas», detalla Batiste. «Cinco permanentes y tres de fin de semana. Intentamos que estén contentos y para ello debemos tener horarios que permitan conciliar su trabajo con sus vidas. Nosotros, por ejemplo, no abrimos los domingos».
En un sector marcado históricamente por jornadas interminables, la apuesta por cierta conciliación es también parte de la renovación del oficio: cuidar al equipo para poder cuidar mejor del producto y de la clientela.
La dana del 29-O: el día que todo se vino abajo
¿Cómo os afectó la dana y cómo habéis podido reabrir?
La respuesta de Batiste se vuelve más pausada. «La afectación fue plena y fue muy duro para nosotros porque llevábamos tan solo dos meses al frente del negocio. Cuando vimos el estado en el que había quedado el horno tras la dana, sinceramente, nos planteamos no volver a abrir. Fueron momentos muy duros. Ver destrozado un lugar que ha sido parte de nuestra familia durante generaciones fue devastador».
Con el paso de los días, sin embargo, empezó a suceder algo inesperado. «Vimos la generosidad de la gente y esto nos hizo decidirnos a continuar con el negocio», explica. «Tuvimos que ser ágiles a la hora de buscar soluciones en esos momentos tan difíciles, pero insisto en que, si no fuera por el cariño recibido, hubiera sido imposible».
El pueblo les demostró de muchas formas cuánto querían al horno Baixauli: «Por su historia, por su gente, por sus productos, por el papel que, en definitiva, desempeñábamos en sus vidas. Entendimos que había que corresponderles y que había que volver, aunque nunca será suficiente».
Hoy, el 80 por ciento del mobiliario y equipamiento con el que han vuelto a abrir procede de donaciones particulares y del sector. Cada mesa, cada vitrina y cada máquina cuentan también una historia de apoyo colectivo.
Las especialidades de Forn Baixauli: calabaza, boniato y tradición
¿Cuáles son vuestras especialidades en pan y dulces?
Entre hornada y hornada, Batiste enumera con orgullo las joyas de su obrador. «La coca de calabaza es nuestra especialidad y utilizamos producto de proximidad de un buen amigo que cultiva calabazas, además de otros productos de primerísima calidad».
A esa coca se suman los pasteles de boniato y el dulce tradicional como els rosegons o la repostería más clásica, que sigue ocupando un lugar privilegiado en las vitrinas del horno. Son sabores que remiten a fiestas, a meriendas de infancia y a una forma de vivir el pueblo que resiste pese a todo.
Una clientela fiel y familiar
¿Qué tipo de clientela tenéis y qué destacarías de ella?
«Mi gente siempre ha sido del pueblo y cercana al horno», explica Batiste. «Pero con los años ha ido cambiando y ampliándose al resto de la población. Es una clientela muy fiel y familiar. Son personas que nos tienen siempre muy presentes en cualquier celebración».
Encargos de cumpleaños, dulces de comunión, bandejas para reuniones familiares o un simple pan de cada día: la relación con la clientela trasciende la compra puntual y se integra en la biografía de Picanya.
Retos de futuro: llegar a los 300 años
¿Cómo ves el futuro del horno tradicional y cuáles son vuestros retos?
Batiste no se engaña: el futuro del horno tradicional no está garantizado por decreto. «El futuro del horno tradicional depende en gran medida de las ganas que tengas de trabajar, independientemente de que te tengas que adaptar a mil circunstancias como la falta de personal o la tecnología», reflexiona.
«El futuro está en las manos de cada persona y las cosas sobrevenidas, como la dana del 29 de octubre, no se pueden evitar. Hay que trabajar con ganas e ilusión. De hecho, en la remodelación hemos querido que haya unos ventanales grandes para que la gente vea cómo trabajamos con ilusión y con ganas, y cómo elaboramos las tartas, los pasteles».
Entre los retos inmediatos, menciona la puesta en marcha de la página web, ya casi a punto, y la incorporación de servicios como la venta a domicilio. Pero el gran objetivo está claro: «Nuestro objetivo a día de hoy es llegar a los 300 años de apertura. Tan solo nos quedan treinta y cinco y estamos convencidos de que vamos a llegar».
Batiste y Vicente lo tienen claro. La sensación, al salir del horno y volver a cruzar esas calles aún marcadas por la riada, es que lo van a conseguir. Están al frente de un horno que tiene muy presente su historia, su pasado reciente y el porqué debe seguir trabajando como el primer día. Quizá por eso, y pese a todo, lleva ya más de doscientos años con la persiana levantada.
Etiquetas: Forn Baixauli, Picanya, dana, pan artesano, panaderias historicas, Horta Sud, Batiste Rubio, zona cero, tradicion panadera