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Elon Musk reclama la abolición de la Unión Europea tras la multa de 120 millones a X
6 de diciembre de 2025 | Redacción


Elon Musk ha vuelto a situarse en el centro de la controversia política y tecnológica mundial después de arremeter con dureza contra la Unión Europea. El propietario de X, la red social antes conocida como Twitter, ha reclamado directamente la “abolición” de la UE tras la multa de 120 millones de euros impuesta por la Comisión Europea por incumplimientos de la normativa comunitaria sobre servicios digitales.
En una sucesión de mensajes publicados en su propia plataforma, el empresario ha acusado a la burocracia de Bruselas de “asfixiar lentamente a Europa hasta la muerte” y ha defendido que la soberanía debe regresar a los Estados miembros para que “los gobiernos puedan representar mejor a sus pueblos”. Uno de esos mensajes ha sido fijado en la parte superior de su perfil, convirtiéndose en la carta de presentación para sus casi 230 millones de seguidores.
Una multa millonaria por “diseño engañoso” y falta de transparencia
La ofensiva verbal de Musk llega horas después de que la Comisión Europea anunciara una sanción de 120 millones de euros contra X por vulnerar varias obligaciones recogidas en la Ley de Servicios Digitales (DSA, por sus siglas en inglés), el nuevo marco regulador que pretende someter a las grandes plataformas a mayores exigencias de transparencia y protección de los usuarios.
Según Bruselas, el llamado “tick” azul —la marca de verificación de cuentas— se presentaría de forma engañosa para el público, que lo percibe como un sello de autenticidad, cuando en realidad su acceso es discrecional y está ligado a criterios comerciales. Ese supuesto “diseño engañoso” chocaría con el espíritu de la DSA, que prohíbe prácticas confusas para el usuario y exige información clara sobre los sistemas de verificación y recomendación.
La sanción incluye, además, otros incumplimientos atribuidos a X, como la falta de transparencia en el repositorio de anuncios y el bloqueo o resistencia a facilitar datos relevantes a los investigadores, una de las obligaciones clave para evaluar el impacto social y político del contenido que se difunde en las grandes plataformas digitales.
Musk acusa a Bruselas de adorar “al dios de la burocracia”
Lejos de limitarse a discrepar de la interpretación jurídica de la norma, Musk ha optado por un discurso abiertamente político contra las instituciones comunitarias. En sus mensajes, habla de una Comisión Europea que “adora al dios de la burocracia” y sostiene que el sistema comunitario está “estrangulando al pueblo de Europa” mediante regulaciones que, en su opinión, frenan la innovación y ahuyentan la inversión.
“La burocracia de la Unión Europea está asfixiando lentamente a Europa hasta la muerte”, ha escrito, antes de insistir en que la respuesta debería ser la desaparición de la propia UE y la restitución de las competencias a cada país. Su postura intensifica la tensión entre las grandes tecnológicas estadounidenses y los reguladores europeos, enfrentados desde hace años por cuestiones de datos personales, competencia y responsabilidad sobre el contenido.
Apoyos euroescépticos: Orbán habla de ataque a la libertad de expresión
El discurso de Musk ha encontrado eco inmediato entre líderes euroescépticos. El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, se ha apresurado a respaldar al magnate, calificando la multa de la Comisión como un ataque directo a la libertad de expresión.
Para el dirigente húngaro, cuando “los señores supremos de Bruselas” no son capaces de ganar un debate, recurren a las sanciones económicas. En su mensaje, difundido también a través de X, Orbán denuncia que la UE estaría imponiendo desde los despachos “qué podemos leer y qué podemos decir”, y concluye con un aplauso explícito a Musk, al que presenta como un defensor de la libre expresión frente a los burócratas.
La respuesta de Francia: “Esto es solo el principio”
En el lado opuesto, Francia ha salido en defensa de la sanción y del papel de la Comisión Europea como garante de la transparencia en las plataformas digitales. El ministro de Exteriores, Jean-Noel Barrot, ha subrayado también en X que la obligación de transparencia es “innegociable” para las grandes redes sociales.
Barrot ha acusado a lo que ha denominado “comunidad reaccionaria” internacional de tratar de desacreditar las reglas europeas y ha advertido de que ni la Comisión ni los Estados miembros se dejarán intimidar. “La transparencia es obligatoria para las principales plataformas. La regla es la misma para todos”, ha recordado, señalando que otras compañías, como TikTok, aceptaron el marco regulador mientras X ha optado por resistirse.
El ministro ha rematado su mensaje con una advertencia que ha resonado en el debate público europeo: “Y esto es solo el principio”. Una frase que apunta a un futuro de mayor escrutinio, nuevas investigaciones y posibles sanciones adicionales si se detectan más incumplimientos.
Una batalla que va más allá de X: regulación, soberanía y poder tecnológico
El choque entre Musk y la Unión Europea no se limita a un conflicto económico entre una empresa y un regulador. En el fondo, la disputa reabre un debate más profundo sobre quién marca las reglas del ecosistema digital, cuál es el límite de la intervención pública en las plataformas privadas y cómo se equilibra la libertad de expresión con la protección frente a la desinformación, los abusos o los contenidos ilegales.
Mientras Musk defiende una visión de las redes sociales como espacios de mínima regulación, la UE apuesta por un modelo que sitúa a las grandes tecnológicas bajo una supervisión estricta y vinculante, con sanciones de gran calibre en caso de incumplimiento. Esta divergencia de modelos se ha convertido en uno de los grandes frentes de fricción entre Bruselas y Silicon Valley.
La respuesta política a los últimos mensajes de Musk, con aplausos desde el euroescepticismo y respaldo a la Comisión desde gobiernos como el francés, confirma que la batalla por el control del espacio digital europeo está lejos de resolverse. La multa de 120 millones a X podría ser solo un capítulo más en una larga pugna en la que se cruzan intereses económicos, modelos de gobernanza y la propia idea de qué significa hoy la libertad de expresión en internet.
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