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La Pepa: el coche negro de la Guerra Civil que recorría los pueblos
Durante la Guerra Civil Española, el miedo no siempre llevaba uniforme. A veces llegaba en silencio, sobre cuatro ruedas, y se detenía frente a una casa concreta. En muchos pueblos, aquel coche negro tenía un nombre: La Pepa.


El coche que anunciaba la desgracia
No era un modelo concreto ni llevaba distintivos oficiales. Bastaba con que fuera negro, grande y apareciera a horas extrañas. Su llegada alteraba el pulso del pueblo. Las luces se apagaban, las puertas se cerraban y el silencio se hacía más denso. Aquel coche significaba detenciones, registros y, en demasiadas ocasiones, la muerte.

Por qué lo llamaban La Pepa
El apodo no era casual. “La Pepa” era el nombre popular de la Constitución de 1812, símbolo histórico de legalidad y soberanía popular. Llamar así al coche de las detenciones era una ironía amarga: el crimen se cometía en nombre del pueblo, la violencia se justificaba como justicia revolucionaria y la arbitrariedad se disfrazaba de legalidad.
Autoridad suficiente para ser culpable
Mi bisabuelo Mariano era capataz de obra. No poseía tierras ni criados, pero tenía algo peligroso en aquellos años: autoridad sobre otros hombres. En una guerra donde la sospecha se imponía a los hechos, cualquier figura intermedia podía ser señalada como enemigo de clase.
El escondite y el miedo doméstico
Cuando los milicianos llamaban a la puerta, Mariano se ocultaba en el doble fondo de un armario de despensa. Un espacio estrecho, pensado para sacos de grano, donde apenas se podía respirar. Allí pasó horas enteras, oyendo los pasos de los milicianos sobre el suelo de la cocina. Sus hijas decían que su padre se había marchado hacía semanas. Mentir era una forma de supervivencia.
La delación y el tribunal
Finalmente alguien habló. Mariano fue detenido y llevado ante un tribunal. Según cuenta la memoria familiar, fueron sus propios trabajadores quienes lo salvaron del fatal paseo. Declararon que podía ser capataz, pero no un explotador. Aquella diferencia, mínima y decisiva, le salvó la vida.
Volver sin regresar del todo
Días después regresó andando. Llevaba la ropa arrugada, el cuerpo sucio y los ojos hundidos. Se había vuelto más viejo de golpe. No habló nunca de lo ocurrido. Dicen que solo pidió agua fresca y se quedó sentado a la mesa, mirándose obsesivamente las manos, como si no fueran suyas. Apenas volvió a salir de casa. Murió poco tiempo después.
Memoria frente al olvido
Historias como esta no siempre aparecen en los archivos oficiales. Viven en las casas, en los silencios familiares y en los objetos cotidianos. La Pepa no fue solo un coche. Fue el aviso de que la violencia podía llegar en cualquier momento y que nadie estaba completamente a salvo.
Etiquetas: Guerra Civil Española, memoria historica, represión, coche negro, paseos