4 de febrero de 2026
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Los apellidos valencianos cuentan una historia: de la repoblación medieval a los nombres en peligro de desaparecer

Vistas Generales Vilafamés (Castellón)
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Mucho antes de que existieran los DNI o los registros civiles modernos, los apellidos ya funcionaban como una especie de mapa social. Decían de dónde venía una persona, a qué familia pertenecía o incluso qué oficio desempeñaba. En la Comunitat Valenciana, esos apellidos siguen siendo hoy una huella viva de siglos de historia.

Un reciente congreso celebrado en València ha puesto el foco en esta herencia invisible: cómo se formaron los apellidos valencianos, por qué algunos se han extendido por todo el territorio y por qué otros están a punto de desaparecer.

Apellidos que delatan el origen

Buena parte de los apellidos valencianos actuales proceden directamente de la repoblación medieval tras la conquista de Jaume I. Muchos colonos llegaron desde territorios de lo que hoy es Lleida, Aragón o el sur de Francia, y su lugar de origen acabó convirtiéndose en apellido.

Así nacieron nombres como:

  • Balaguer
  • Cervera
  • Pons
  • Biosca
  • Camarasa
  • Verdú

En su origen eran simples identificadores: “Joan de Balaguer”, “Maria de Cervera”. Con el tiempo, el “de” desapareció y el topónimo quedó fijado como apellido.

Pueblos donde casi todos se llaman igual

Todavía hoy existen municipios donde un mismo apellido domina de forma abrumadora. El caso más llamativo es el de Quatretonda, donde casi la mitad de la población comparte el apellido Benavent.

Situaciones similares se repiten en:

  • Tous, con el apellido Briz
  • Benissa, con Ivars
  • La Marina, con Devesa

Son restos vivos de comunidades cerradas durante siglos, donde los matrimonios entre familias del mismo entorno consolidaron los apellidos generación tras generación.

Apellidos en peligro de extinción

No todos han tenido la misma suerte. Algunos apenas sobreviven en un solo municipio.

Uno de los casos más singulares es Torlà, concentrado casi exclusivamente en Vilafamés. Tan raro es que, al oírlo, muchos valencianos asocian automáticamente el apellido con ese pueblo de la Plana Alta.

Otros apellidos muy minoritarios son:

  • Zaragozí
  • Estarlich
  • Verge (apenas 1.700 personas en toda España)

En estos casos, basta con que una generación no tenga descendencia para que el apellido desaparezca del todo.

¿Y los apellidos árabes?

Aunque Valencia fue territorio musulmán durante siglos, no ha sobrevivido prácticamente ningún apellido de origen árabe. Los pocos que existen, como Benimeli, suelen deberse al nombre del pueblo, no a una continuidad familiar real.

Según los investigadores, los linajes musulmanes fueron absorbidos, convertidos o sustituidos tras la expulsión de los moriscos, lo que borró casi por completo esa huella onomástica.

El momento en que se dejó de “valencianizar” los apellidos

Durante siglos, los apellidos castellanos se adaptaban al valenciano:

  • Bañón se convertía en Banyó
  • Cedrillas pasaba a Segrelles

Pero en el siglo XVI esta costumbre desapareció. A partir de entonces, los apellidos castellanos se mantuvieron tal cual, lo que explica por qué hoy conviven formas adaptadas y formas originales.

Cuando las mujeres no tenían apellido

Otro dato revelador: hasta bien entrado el siglo XIX, muchas mujeres no figuraban con apellido propio en los registros oficiales. Eran simplemente:

  • “hija de…”
  • “viuda de…”

El apellido solo se transmitía por vía masculina, lo que ha influido decisivamente en la desaparición de muchos linajes.

Un espejo de la sociedad

Según los especialistas reunidos en el congreso organizado por la Universitat de València, los apellidos son mucho más que una curiosidad genealógica: son un reflejo directo de la historia social.

En ellos se mezclan:

  • Migraciones
  • Lengua
  • Poder político
  • Desigualdad de género
  • Cambios culturales

Cada apellido cuenta una historia colectiva, aunque hoy apenas seamos conscientes de ello.

Lo que llevamos escrito sin saberlo

En la Comunitat Valenciana existen unos 60.000 apellidos distintos de origen medieval, aunque si se agrupan por variantes reales, la cifra se reduce a unos 25.000.

Eso significa que, cuando alguien se presenta como Navarro, Sanchis, Torregrosa, Balaguer o Benavent, está citando sin saberlo un fragmento de la historia del país.

Porque al final, más allá del nombre propio, los apellidos son la biografía silenciosa de los valencianos. Una historia escrita sin tinta, pero grabada en cada generación.

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