En Benillup, un pequeño municipio del Comtat (Alicante) con poco más de un centenar de habitantes, la preocupación no es nueva. Desde hace más de veinte años, el avance del barranco de Carraita mantiene en vilo a los vecinos cuyas casas se encuentran a escasos metros del talud.
Cada episodio de lluvias intensas reabre la herida. “No pedimos privilegios, solo poder vivir en nuestro pueblo sin miedo cada vez que llueve”, repiten los residentes que ven cómo el terreno continúa cediendo con el paso del tiempo.
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El episodio que cambió la tranquilidad del pueblo
El punto de inflexión se produjo en 2004, cuando un extraordinario temporal de lluvias provocó un importante movimiento de tierras en el barranco, afluente del río Serpis. Varias viviendas quedaron entonces a apenas diez metros del borde tras un gran desprendimiento.
Desde aquel episodio, cada borrasca deja nuevos sustos. Pequeños corrimientos, grietas y erosión progresiva han ido agravando la situación. Los vecinos aseguran que la virulencia creciente de los temporales en los últimos años ha acelerado el deterioro del talud.
El miedo no es solo una sensación: algunas casas permanecen en una posición delicada, prácticamente al borde del desnivel.
Más de dos décadas reclamando actuaciones
Durante estos 22 años, la asociación vecinal ha remitido escritos a distintas administraciones: la Generalitat Valenciana, la Confederación Hidrográfica del Júcar y la Diputación de Alicante. Según explican, han recibido promesas y estudios preliminares, pero ninguna intervención definitiva que estabilice el terreno.
El Ayuntamiento, con recursos económicos muy limitados, no puede afrontar por sí solo una obra de contención de gran envergadura. La consolidación del talud requeriría un proyecto técnico complejo y una inversión que escapa a la capacidad de un municipio tan pequeño.
Carta directa al presidente de la Generalitat
Ante la falta de avances, los vecinos han decidido dar un paso más y enviar una carta al presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, solicitando su implicación directa para desbloquear la situación.
En el escrito recuerdan que el Barranc de Carraita es un punto de riesgo identificado desde hace años y advierten de que no quieren que sea necesaria “ninguna desgracia” para que se actúe.
Vivir pendientes del cielo
En Benillup, el parte meteorológico se sigue con más atención que en otros lugares. Cada aviso por lluvias intensas activa la preocupación y obliga a vigilar la evolución del terreno.
Lo que piden los vecinos no es abandonar su pueblo, sino poder permanecer en él con garantías. Tras más de dos décadas de incertidumbre, reclaman una solución estructural que permita estabilizar el barranco y asegurar las viviendas.
Mientras tanto, el paisaje tranquilo del interior alicantino convive con una amenaza silenciosa que, poco a poco, sigue avanzando.