Durante el análisis del conflicto en Oriente Próximo, uno de los puntos más debatidos fue el papel de Hezbolá en la escalada militar entre Israel y el Líbano. Según se expuso en el programa, el país libanés no formaba parte inicialmente del conflicto, pero la entrada de la milicia chií —aliada de Irán— cambió el escenario.
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La entrada de Hezbolá en la guerra
El argumento expuesto es que Hezbolá comenzó a intervenir tras las primeras fases del conflicto regional, lanzando oleadas de misiles contra territorio israelí. Según este análisis, se trataría de ataques dirigidos contra ciudades y zonas civiles israelíes.
Israel, por su parte, sostiene que sus operaciones militares en el sur del Líbano tienen como objetivo neutralizar a esa milicia y no al Estado libanés en sí. Este enfrentamiento directo entre Israel y Hezbolá es uno de los ejes del conflicto actual. De hecho, desde marzo de 2026 se considera que existe una guerra abierta entre Israel y la organización libanesa tras el lanzamiento de cohetes desde territorio libanés y los posteriores bombardeos israelíes.
La violencia ha tenido consecuencias para la población civil de ambos lados de la frontera, con víctimas y desplazamientos masivos, lo que ha intensificado las críticas internacionales y las advertencias de una posible crisis humanitaria.
El factor militar y los sistemas de defensa
Uno de los elementos mencionados es el papel de los sistemas de defensa antimisiles de Israel, como la conocida “Cúpula de Hierro”. Estos sistemas interceptan gran parte de los proyectiles lanzados contra el país, lo que reduce significativamente el número de víctimas pese a la intensidad de los ataques.
Sin estos sistemas defensivos, muchos analistas coinciden en que los impactos en zonas urbanas podrían provocar cifras mucho mayores de muertos.
Más allá de la guerra: la dimensión geopolítica
En el debate también se apuntó a un factor más amplio: la geopolítica global. Más allá del enfrentamiento militar, el conflicto estaría vinculado a intereses estratégicos de potencias como Estados Unidos, Rusia y China, además del peso económico del petróleo y las rutas energéticas.
Las decisiones sobre sanciones, comercio de petróleo o alianzas internacionales suelen estar condicionadas por esos intereses estratégicos. En ese contexto, algunos analistas interpretan que los movimientos de grandes potencias —como acuerdos energéticos o comerciales— responden más a equilibrios geopolíticos que a criterios exclusivamente ideológicos o humanitarios.
Un conflicto regional con impacto global
El enfrentamiento entre Israel, Hezbolá e Irán no se limita a un escenario local. La guerra ya tiene efectos en varios países de la región y en el mercado energético internacional, especialmente por la tensión en rutas clave como el estrecho de Ormuz, una de las principales vías de transporte de petróleo del mundo.
Con múltiples actores implicados y con intereses económicos y estratégicos en juego, el conflicto se ha convertido en una de las crisis geopolíticas más complejas del momento.


