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Alicante impulsa un centro de interpretación para divulgar las 27 torres que protegieron la huerta de los ataques piratas durante siglos
Mucho antes de que Alicante fuese conocida internacionalmente por sus playas y el turismo, la ciudad vivía pendiente del horizonte marítimo y de la amenaza constante de los corsarios que recorrían el Mediterráneo en busca de botín y esclavos. De aquella época convulsa permanece uno de los conjuntos patrimoniales más singulares y desconocidos de España: las torres defensivas de la huerta de Alicante.
El Ayuntamiento ha decidido dar un nuevo impulso a este legado histórico mediante la creación de un centro de interpretación destinado a divulgar la importancia de un sistema defensivo prácticamente único en el país y que todavía conserva 27 torres repartidas entre los municipios de Alicante, Sant Joan d’Alacant y Mutxamel.
Un escudo contra los piratas del Mediterráneo
Las torres de la huerta nacieron entre los siglos XVI y XVII, en una época en la que las fértiles tierras alicantinas constituían uno de los territorios agrícolas más prósperos del litoral mediterráneo y, al mismo tiempo, uno de los más vulnerables a las incursiones de corsarios y piratas procedentes del norte de África.
Los ataques eran frecuentes y los asaltantes buscaban principalmente capturar habitantes para venderlos como esclavos o saquear las explotaciones agrícolas y las viviendas dispersas por la huerta.
Para hacer frente a esta amenaza, las familias más acomodadas impulsaron la construcción de una red de torres fortificadas integradas junto a casas y explotaciones agrícolas desde las que se vigilaba la costa y se alertaba rápidamente de la llegada de embarcaciones enemigas.
Un conjunto monumental único en España
Los expertos consideran que el sistema defensivo de la huerta alicantina constituye uno de los conjuntos de arquitectura defensiva rural más importantes y mejor conservados del país.
No existe en España otro territorio que reúna un número tan elevado de torres defensivas de los siglos XVI y XVII vinculadas directamente a viviendas y explotaciones agrícolas.
Actualmente se conservan 27 torres de las 35 de las que existe constancia documental, una cifra que permite hacerse una idea de la magnitud del dispositivo de vigilancia que protegía la comarca hace varios siglos.
Algunas de estas construcciones pertenecen actualmente al patrimonio municipal, aunque una parte importante continúa siendo de propiedad privada y permanece integrada dentro de viviendas particulares.
Refugio para agricultores y sistema de alerta temprana
La función de estas torres iba mucho más allá de la simple vigilancia.
Cuando se detectaba la presencia de corsarios en el mar, las señales de aviso se transmitían rápidamente entre distintas posiciones permitiendo a los agricultores abandonar el trabajo en el campo y refugiarse en las construcciones fortificadas hasta que desaparecía el peligro.
Este sistema de comunicación visual y refugio permitió durante siglos reducir el impacto de las incursiones y garantizar la supervivencia de la actividad agrícola que sustentaba la economía local.
Las torres se convirtieron así en un elemento esencial para el desarrollo económico y social de la huerta alicantina.
La Torre Sarrió se convierte en el centro de la historia
Con el objetivo de acercar este patrimonio a la ciudadanía, el Ayuntamiento de Alicante, el Museo Arqueológico de Alicante (MARQ) y la Fundación CV MARQ han impulsado un nuevo centro de interpretación ubicado en la Torre Sarrió.
El espacio permitirá conocer el funcionamiento de este sistema de defensa, la vida cotidiana en la huerta y el contexto histórico en el que se levantaron estas construcciones.
La iniciativa busca además aumentar la protección y difusión de un patrimonio que, según reconocen desde el consistorio, sigue siendo desconocido incluso para muchos alicantinos.
Una Alicante muy distinta a la actual
La creación del centro de interpretación invita también a mirar la ciudad desde una perspectiva diferente.
Durante siglos, Alicante era conocida principalmente por la calidad de sus vinos, por la riqueza de su huerta y por su actividad comercial mucho antes de convertirse en uno de los principales destinos turísticos del Mediterráneo.
Las torres de la huerta son el testimonio silencioso de aquella ciudad agrícola y amurallada que vivía pendiente del mar no por el turismo, sino por el temor a la llegada de los corsarios.
Un patrimonio que define la identidad alicantina
Las administraciones consideran que preservar y divulgar estas construcciones supone proteger una parte esencial de la memoria colectiva de Alicante y de los municipios de su entorno.
Las torres no solo cuentan la historia de los ataques piratas o de las antiguas estrategias defensivas, sino también la de las familias, agricultores y comerciantes que levantaron la prosperidad de la comarca durante siglos.
La gran pregunta es cuántos vecinos y visitantes conocen hoy que, detrás de urbanizaciones y avenidas, todavía permanece uno de los sistemas defensivos rurales más extraordinarios y desconocidos de toda España.