Las altas temperaturas no solo aumentan el riesgo de golpes de calor y deshidratación. Los especialistas advierten de que el calor extremo también incrementa de forma significativa la probabilidad de sufrir infartos, arritmias y descompensaciones de la insuficiencia cardíaca, especialmente entre las personas mayores, pacientes con enfermedades cardiovasculares y quienes toman varios medicamentos.
Además, los expertos recuerdan que una parte importante de los ahogamientos de adultos no se debe únicamente a la falta de habilidad para nadar, sino a episodios médicos repentinos, como un infarto o una arritmia mientras la persona se encuentra en el agua.
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El corazón trabaja más cuando hace mucho calor
Los especialistas del Instituto Cardiovascular Vithas, en el Hospital Vithas Valencia Turia, explican que durante los episodios de calor intenso el organismo activa distintos mecanismos para regular la temperatura corporal.
La vasodilatación, la sudoración y la pérdida de líquidos obligan al corazón a trabajar con mayor intensidad para mantener la presión arterial y garantizar un flujo sanguíneo adecuado.
En personas sanas este esfuerzo suele pasar desapercibido, pero quienes padecen insuficiencia cardíaca, enfermedades coronarias, alteraciones en las válvulas del corazón o arritmias tienen un riesgo mucho mayor de sufrir complicaciones.
Fatiga, mareos y palpitaciones: las señales de alarma
El calor puede desencadenar síntomas que nunca deben ignorarse, como:
- Mareos o sensación de desmayo.
- Palpitaciones.
- Falta de aire.
- Fatiga intensa.
- Dolor u opresión en el pecho.
Ante cualquiera de estos síntomas, especialmente si aparecen durante una ola de calor, es recomendable buscar atención médica lo antes posible.
La deshidratación favorece las arritmias
Uno de los principales peligros del verano es la deshidratación.
La pérdida excesiva de agua y de minerales como el sodio y el potasio altera el equilibrio eléctrico del organismo y puede favorecer la aparición de arritmias cardíacas, algunas de ellas potencialmente graves.
Muchos ahogamientos tienen un origen cardíaco
Los especialistas recuerdan que numerosos ahogamientos de personas adultas comienzan realmente con un problema cardiovascular.
Una pérdida de conocimiento causada por un infarto, una arritmia o un síncope mientras se nada puede impedir que la persona permanezca a flote y provocar un ahogamiento secundario.
El riesgo aumenta cuando coinciden varios factores:
- Temperaturas muy elevadas.
- Deshidratación.
- Esfuerzo físico al nadar.
- Enfermedades cardiovasculares previas.
Por ello, los médicos recomiendan extremar la precaución en playas, piscinas y ríos durante los episodios de calor intenso.
Especial cuidado con quienes toman varios medicamentos
Los pacientes polimedicados constituyen uno de los grupos más vulnerables durante las olas de calor.
Algunos tratamientos pueden dificultar la adaptación del organismo a las altas temperaturas:
- Diuréticos, que favorecen la pérdida de líquidos y electrolitos.
- Antihipertensivos, que pueden provocar una mayor bajada de la tensión arterial.
- Betabloqueantes, que limitan la respuesta del corazón al esfuerzo y pueden ocultar los primeros síntomas de alarma.
Los cardiólogos insisten en que nunca debe suspenderse ni modificarse la medicación por iniciativa propia, aunque sí aconsejan consultar con el médico si las temperaturas extremas se prolongan durante varios días.
La Comunitat Valenciana, en alerta por el calor
Las recomendaciones llegan en un verano especialmente caluroso. Desde el 1 de julio, la Comunitat Valenciana ha registrado 114 fallecimientos atribuibles al calor, según los datos oficiales, lo que ha llevado a los especialistas a insistir en la importancia de reforzar las medidas de prevención.
Cómo proteger el corazón durante una ola de calor
Los expertos recomiendan seguir una serie de pautas sencillas para reducir el riesgo cardiovascular:
- Mantener una hidratación constante, aunque no se tenga sed.
- Evitar la exposición al sol durante las horas centrales del día.
- Reducir la actividad física intensa cuando las temperaturas sean muy elevadas.
- Permanecer en lugares frescos, ventilados o climatizados.
- Prestar atención a síntomas como mareos, palpitaciones, dificultad para respirar o dolor en el pecho.
- Consultar con el médico si se toman varios medicamentos y las olas de calor se prolongan.
Los especialistas concluyen con un mensaje claro: protegerse del calor también es proteger el corazón, especialmente en personas mayores, pacientes con enfermedades cardiovasculares y quienes siguen tratamientos médicos que pueden aumentar su vulnerabilidad frente a las altas temperaturas.