El abandono de los terrenos agrícolas está favoreciendo la propagación de los incendios forestales al convertir amplias zonas del territorio en una “mecha forestal ininterrumpida”, según advierte el geógrafo de la Universitat de València Javier Berenguer, especialista en análisis territorial y gestión del riesgo.
El experto señala que las olas de calor son un factor determinante, pero recuerda que la magnitud de un incendio depende también de cómo está organizado el territorio.

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El paisaje influye en la evolución del fuego
Berenguer explica que unas mismas condiciones meteorológicas pueden tener consecuencias muy diferentes según las características del entorno.
A su juicio, las altas temperaturas por sí solas no explican el comportamiento de un incendio. La continuidad de la vegetación, el abandono de los cultivos, la acumulación de biomasa, la existencia de viviendas dispersas o la facilidad de acceso para los equipos de extinción son factores que condicionan la evolución del fuego.
Los campos abandonados favorecen la continuidad del combustible
El especialista advierte de que la pérdida de actividad agrícola elimina zonas que tradicionalmente actuaban como barreras naturales frente a los incendios.
Cuando los cultivos dejan de trabajarse, la vegetación crece sin control y aumenta la continuidad del combustible vegetal, lo que facilita que las llamas avancen con mayor rapidez y alcancen grandes superficies.
La geografía marca la diferencia
Según Berenguer, las condiciones ambientales pueden desencadenar un incendio, pero es la configuración del territorio la que determina su alcance.
En este sentido, resume que “el calor enciende la mecha, pero la geografía decide si esa mecha recorre dos metros o dos mil hectáreas”, una reflexión con la que pone de relieve la importancia de la planificación del territorio y de la gestión forestal para reducir el riesgo de grandes incendios.