El célebre ilusionista madrileño, considerado una de las grandes figuras internacionales de la cartomagia, ha fallecido este martes. Su hija, Ana Tamariz, ha comunicado la noticia y ha destacado la «inconmensurable obra» que deja como legado.
El mundo de la magia despide a uno de sus grandes referentes. Juan Tamariz ha fallecido este martes a los 83 años, según ha comunicado públicamente su hija, la también ilusionista Ana Tamariz.
La noticia pone fin a una trayectoria de más de seis décadas dedicada al ilusionismo y marcada por una manera absolutamente personal de entender la magia. Tamariz consiguió llevar la cartomagia y la magia de cerca desde los círculos especializados hasta millones de hogares gracias a la televisión, combinando técnicas de enorme complejidad con humor, improvisación y una personalidad inconfundible.
«Con inmensa tristeza, hoy me despido de mi padre, Juan Tamariz, una persona increíble, muy querida y admirada por todos», ha expresado su hija al anunciar su fallecimiento.
Ana Tamariz ha agradecido a su padre «todo el amor» recibido y, especialmente, el amor por la magia que transmitió a su familia y a varias generaciones de ilusionistas.
También ha asegurado que su recuerdo y su «inconmensurable obra» permanecerán vivos y ha agradecido el cariño de los magos, amigos y familiares que acompañaron al artista durante su vida y «hasta el último día».
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De una función infantil a una vida dedicada a la magia
Juan Tamariz nació en Madrid el 18 de octubre de 1942 y descubrió muy pronto la fascinación por el ilusionismo.
Su interés comenzó siendo todavía un niño después de contemplar la actuación de un mago en un teatro. Aquella experiencia acabaría convirtiéndose en una vocación que marcaría toda su vida.
Con 18 años ingresó en la Sociedad Española de Ilusionismo y comenzó una carrera centrada especialmente en la cartomagia, la magia de cerca y el mentalismo.
Tamariz no se limitó a ejecutar juegos ante el público. Estudió profundamente los mecanismos que permiten construir la sorpresa, la atención del espectador y la percepción de lo imposible, hasta convertirse en una referencia también para los propios profesionales.
El Mundial de Cartomagia de 1973 cambió su carrera
Uno de los momentos decisivos de su trayectoria llegó en 1973, cuando conquistó el Premio Mundial de Cartomagia en el Congreso Mundial de Magia celebrado en París.
El reconocimiento contribuyó a consolidar internacionalmente a un ilusionista que acabaría actuando en escenarios de numerosos países.
Su influencia trascendió las actuaciones. Durante décadas impartió conferencias y cursos para profesionales y publicó numerosos libros dedicados a la teoría, la técnica y la historia del ilusionismo.
Esa doble dimensión, artista ante el público y estudioso de la magia entre bastidores, explica buena parte de la enorme consideración que alcanzó entre los profesionales del sector.
Juan Tamariz y la televisión: una combinación inolvidable
Para buena parte del público español, sin embargo, Juan Tamariz será recordado inevitablemente por sus apariciones televisivas.
Comenzó a actuar en televisión en 1961 y posteriormente participó en espacios que marcaron diferentes generaciones, entre ellos Un, dos, tres… responda otra vez, Magia Potagia y Nada x aquí.
Su aspecto, sus gestos, sus carcajadas y su peculiar manera de relacionarse con los espectadores terminaron convirtiéndose en parte del personaje.
Tamariz consiguió algo especialmente complicado: hacer comprensible y popular una disciplina técnicamente muy exigente sin restarle misterio.
Sus actuaciones no consistían únicamente en sorprender con un juego de cartas. El humor, la conversación con los participantes y la expectación que construía antes del desenlace formaban parte del propio truco.
Mucho más que el «violín imaginario»
Su característica forma de celebrar algunos de sus juegos y su famoso violín imaginario terminaron formando parte de la cultura popular española.
Pero detrás de aquella imagen deliberadamente extravagante existía un profundo trabajo sobre la teoría del ilusionismo.
Tamariz desarrolló durante décadas su propia concepción sobre cómo debía construirse una experiencia mágica y trasladó esos conocimientos a libros y enseñanzas que han influido en generaciones posteriores de profesionales.
Para muchos aficionados fue el hombre divertido que hacía magia en televisión. Para numerosos ilusionistas de todo el mundo fue, además, uno de los grandes maestros contemporáneos de la cartomagia.
Una vida entera haciendo creer en lo imposible
Juan Tamariz consiguió mantener durante décadas algo especialmente difícil para cualquier artista: ser reconocible sin dejar de sorprender.
Desde aquellos primeros pasos en la Sociedad Española de Ilusionismo hasta sus actuaciones internacionales, conferencias, libros y programas de televisión, su carrera estuvo vinculada prácticamente por completo a la magia.
Su fallecimiento deja una de las figuras más singulares del espectáculo español y un enorme legado dentro del ilusionismo internacional.
La despedida publicada por su hija resume precisamente esa herencia. Desaparece Juan Tamariz, pero permanece una obra que convirtió durante décadas una baraja de cartas, una mesa y la complicidad del público en la posibilidad de que cualquier cosa pudiera ocurrir.