20 de agosto de 2026
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Calor seca o calor húmeda: así afectan de forma diferente al cuerpo y estos son sus principales riesgos

La humedad dificulta la evaporación del sudor y puede impedir que el organismo se refrigere, mientras que el ambiente seco favorece la deshidratación y puede agravar problemas respiratorios

No todos los episodios de calor afectan de la misma manera al organismo. Una temperatura muy elevada acompañada de aire seco puede resultar más soportable que con una humedad alta, pero eso no significa que esté exenta de riesgos. La deshidratación, la dificultad para regular la temperatura corporal y el agravamiento de determinadas enfermedades son algunos de los problemas que pueden aparecer durante los episodios de calor extremo.

La intensa ponentada que ha afectado a la Comunitat Valenciana, con temperaturas por encima de los 40 grados en numerosos municipios, ha vuelto a poner de actualidad una pregunta habitual en verano: ¿es peor el calor seco o el húmedo?

La respuesta depende de cómo reacciona nuestro organismo ante cada situación.

Por qué soportamos mejor el calor seco

Cuando el ambiente es seco, nuestro cuerpo puede utilizar con mayor eficacia uno de sus principales mecanismos naturales de refrigeración: el sudor.

El médico de familia Fernando María Navarro explica que el ambiente seco favorece la pérdida de agua porque facilita su evaporación. Precisamente esa evaporación ayuda al organismo a reducir su temperatura.

El problema es que podemos estar perdiendo una cantidad importante de líquido sin percibir una sensación de agobio tan intensa como la que provoca la humedad.

Por eso, durante los episodios de calor seco es especialmente importante beber líquidos regularmente y no esperar necesariamente a tener sed.

El aire seco también puede afectar a las vías respiratorias

La deshidratación no es el único riesgo. Respirar continuamente aire muy seco obliga a las vías respiratorias a humidificarlo antes de que llegue a los pulmones.

Esta situación puede provocar molestias y, según advierte Navarro, agravar determinadas patologías respiratorias.

Por tanto, que una jornada de calor seco resulte aparentemente más llevadera no significa que el organismo esté sufriendo menos.

¿Por qué resulta tan agobiante el calor húmedo?

Con una humedad ambiental elevada sucede prácticamente lo contrario.

El cuerpo continúa produciendo sudor, pero el aire contiene tanta humedad que dificulta su evaporación. Y sudar, por sí solo, no es lo que enfría el cuerpo: es la evaporación del sudor sobre la piel la que permite eliminar parte del exceso de calor.

Si el sudor permanece sobre la piel y apenas se evapora, nuestro sistema natural de refrigeración pierde eficacia.

El organismo puede entonces tener más dificultades para mantener una temperatura adecuada, incrementándose el riesgo de sufrir problemas relacionados con el calor.

Por eso una temperatura determinada puede resultar mucho más difícil de soportar en un ambiente muy húmedo que con aire seco.

Mayores y personas con determinadas patologías, entre los más vulnerables

Los efectos de las altas temperaturas también están llegando a los centros de salud. Entre los problemas observados se encuentran la deshidratación y las descompensaciones relacionadas con determinados tratamientos farmacológicos.

Las personas mayores requieren una atención especial durante estos episodios. El facultativo recomienda vigilar aspectos como la hidratación, la medicación y la tensión arterial.

Mantener las viviendas lo más frescas posible, evitar esfuerzos durante las horas de mayor temperatura y beber líquidos regularmente son medidas especialmente importantes cuando se encadenan jornadas y noches muy calurosas.

Entre 20 y 24 grados, el ambiente más confortable

Como referencia de confort, los expertos sitúan unas condiciones ambientales adecuadas para el organismo humano entre los 20 y los 24 grados, acompañadas de una humedad relativa situada aproximadamente entre el 40% y el 60%.

Muy lejos de esas condiciones se encuentran los episodios extremos en los que coinciden temperaturas muy elevadas y una gran humedad.

En definitiva, el calor seco y el húmedo presentan riesgos diferentes. El primero facilita que el sudor se evapore, pero acelera la pérdida de agua; el segundo dificulta esa evaporación y puede comprometer la capacidad natural del cuerpo para desprenderse del exceso de calor. En ambos casos, cuando las temperaturas son extremas, la hidratación y la prevención resultan fundamentales.

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