6 de septiembre de 2026
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Las sorprendentes vasijas eróticas de los moche: así representaban la sexualidad hace 1.500 años

Centenares de cerámicas del antiguo Perú muestran relaciones sexuales con un grado de detalle extraordinario, aunque los arqueólogos advierten de que probablemente tenían un significado mucho más complejo que el puramente erótico

Mucho antes de la llegada de los españoles a América, una cultura de la costa norte del actual Perú dejó uno de los conjuntos de representaciones sexuales más extraordinarios conservados del mundo antiguo.

Fueron los moche o mochicas, una sociedad que floreció aproximadamente entre los siglos II y IX d. C., varios siglos antes de la aparición del Imperio inca. El Metropolitan Museum sitúa su desarrollo aproximadamente entre 200 y 850 d. C.

No poseemos textos moche que expliquen directamente sus creencias.

Pero dejaron miles de imágenes.

Y muchas están hechas de barro.

Una civilización que contó su mundo mediante la cerámica

Los artesanos moche alcanzaron un extraordinario nivel técnico y artístico. Representaron seres humanos, animales, plantas, guerreros, ceremonias, prisioneros y acontecimientos rituales con un naturalismo que todavía sorprende.

Entre sus formas características se encuentran las llamadas botellas de asa estribo, recipientes en los que dos conductos se unen antes de formar una única boca.

Este diseño tuvo una larguísima tradición en la costa norte peruana y pudo tener ventajas prácticas, como reducir la evaporación o facilitar el transporte, aunque su significado completo continúa siendo objeto de investigación.

Pero existe una categoría que inevitablemente llama la atención del visitante moderno.

Las cerámicas eróticas.

Sexo representado sin disimulo

Algunas piezas representan actos sexuales de manera extraordinariamente explícita.

Aparecen escenas de sexo oral, masturbación y relaciones anales, además de otras representaciones relacionadas con los órganos sexuales y la reproducción.

Y existe una peculiaridad especialmente interesante.

Las escenas de penetración vaginal son comparativamente infrecuentes.

La antropóloga Mary Weismantel analizó precisamente este fenómeno en un trabajo académico publicado en American Anthropologist. Su investigación señala que estas cerámicas representan numerosos comportamientos sexuales, mientras que raramente muestran penetración vaginal.

En estudios posteriores se destaca asimismo que el sexo anal constituye uno de los temas sexuales predominantes dentro de estas representaciones.

Una investigación sobre las colecciones moche del Museo Larco habla de al menos 500 piezas relacionadas con temas sexuales dentro de las colecciones estudiadas.

¿Eran simplemente objetos pornográficos?

Aquí aparece el gran error que podemos cometer al contemplarlos desde nuestra mentalidad del siglo XXI.

No sabemos que los moche fabricaran estas piezas simplemente para provocar excitación sexual.

Probablemente su significado era bastante más complejo.

El propio Museo Larco, que conserva una de las colecciones más importantes de cerámica erótica precolombina, advierte de que estas representaciones deben entenderse dentro de la concepción andina del mundo, de la sexualidad y de las fuerzas vitales.

Por tanto, denominarlas simplemente «sex pots» resulta atractivo desde el punto de vista periodístico, pero puede ocultar buena parte de su significado.

Sexo, muerte y fertilidad

Algunas interpretaciones resultan todavía más sorprendentes.

El Museo Larco relaciona determinadas escenas sexuales con personajes sacerdotales, fertilidad y rituales propiciatorios.

En varias representaciones de felación, por ejemplo, el hombre aparece vestido con elementos asociados por el museo a sacerdotes mochicas.

En otras piezas, sexualidad y muerte aparecen directamente relacionadas.

El museo interpreta determinadas representaciones como escenas pertenecientes al mundo ritual y al tránsito hacia el inframundo. Una de ellas relaciona incluso el semen con una ofrenda destinada a la tierra.

Esto cambia radicalmente nuestra manera de contemplar las vasijas.

Lo que para nosotros puede parecer una representación puramente sexual quizá formara parte de una concepción mucho más amplia sobre fertilidad, muerte, renovación y continuidad de la vida.

¿Para qué servían las vasijas?

Muchas no eran simples figuritas.

Eran recipientes.

La pieza conservada en Princeton, por ejemplo, es una auténtica vasija cerámica de asa estribo fechada entre 300 y 600 d. C.

Sabemos además que las cerámicas elaboradas desempeñaban funciones importantes en las residencias de las élites y en los templos y que algunas terminaron depositándose como ofrendas funerarias.

Sin embargo, aquí debemos ser prudentes.

Que fueran recipientes funcionales no demuestra que todas las vasijas eróticas se utilizaran específicamente para contener líquidos sexuales o que se emplearan de una determinada manera durante ceremonias sexuales. Son interpretaciones que requieren evidencias particulares para cada contexto arqueológico.

Los españoles y las piezas que sobrevivieron

La llegada de los europeos introdujo una concepción cristiana de la sexualidad completamente diferente.

Existen relatos sobre la destrucción y ocultamiento de representaciones sexuales indígenas durante la época colonial, pero tampoco conviene presentar sin documentación específica la idea de que los españoles encontraron sistemáticamente estas vasijas moche y las destruyeron todas por representar sodomía.

Muchas sobrevivieron precisamente porque habían permanecido enterradas en tumbas y contextos arqueológicos durante siglos.

Y gracias a ellas hoy conocemos una dimensión de aquella sociedad que de otra manera habría desaparecido.

El gran misterio de las cerámicas moche

La pregunta fundamental continúa abierta:

¿qué querían decir realmente estas escenas?

No tenemos un escritor moche que nos lo explique.

No existe un manual antiguo que diga qué significaba cada postura o para qué debía utilizarse cada recipiente.

Por eso los investigadores han propuesto interpretaciones relacionadas con la fertilidad, la reproducción, los rituales, la muerte, las relaciones entre mundos y las concepciones andinas del cuerpo.

El propio Rafael Larco Hoyle, pionero en el estudio sistemático de estas piezas y autor en 1966 de Checán, reconoció que su interpretación definitiva continuaba abierta. El Museo Larco mantiene actualmente una Galería Erótica basada precisamente en aquella investigación.

Y quizá sea precisamente esa incertidumbre lo que hace que estas piezas resulten tan fascinantes.

Hace aproximadamente 1.500 años, un artesano modeló cuidadosamente cuerpos humanos realizando actos que cualquiera reconoce inmediatamente hoy.

Sabemos perfectamente qué representan.

Lo que todavía intentamos comprender es qué significaban para quienes las fabricaron.

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