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Investigadores de la UPV analizan diez años de conversaciones policiales para descubrir los patrones utilizados por los depredadores sexuales en internet
Primero llegan los cumplidos. Después, las conversaciones constantes. Más tarde aparecen las insinuaciones sexuales, las peticiones de fotografías y, finalmente, puede producirse el intento de conseguir una cita presencial. Investigadores de la Universitat Politècnica de València han analizado cómo actúan los ciberacosadores sexuales con niños y adolescentes y han identificado una escalada progresiva destinada a generar confianza y dependencia.
La investigadora Núria Lorenzo explica que los agresores estudiados son mayoritariamente hombres y que sus víctimas son principalmente chicas.
Primero, conseguir la confianza
El acercamiento puede comenzar de una manera aparentemente inofensiva.
El acosador introduce una gran cantidad de halagos y comentarios positivos sobre el aspecto físico o la personalidad del menor y trata de mantener una comunicación continuada.
Una vez conseguida cierta confianza, el contenido de las conversaciones comienza a cambiar.
El agresor introduce progresivamente referencias sexuales. Puede hacerlo abiertamente o de una manera más sutil mediante insinuaciones y dobles sentidos.
Las peticiones llegan después
La siguiente fase consiste en incrementar progresivamente la presión sobre la víctima.
Según explica Lorenzo, cuando ya se ha creado una relación de dependencia pueden comenzar las preguntas y las peticiones. Entre ellas, solicitar a la joven que se encuentre en un lugar privado para poder hacerse una fotografía y enviarla.
El proceso puede avanzar hasta intentar trasladar la relación creada en internet al mundo real mediante una cita presencial.
El objetivo del agresor es conseguir manipular y aislar emocional y físicamente a la víctima.
Una “metralleta” buscando víctimas
Los investigadores han identificado además una estrategia especialmente significativa: un mismo acosador puede estar manteniendo este tipo de conversaciones con numerosas potenciales víctimas simultáneamente.
Lorenzo denomina este comportamiento la “técnica de la metralleta”.
En lugar de centrar todos sus esfuerzos en una única persona, el agresor multiplica los contactos para aumentar las posibilidades de conseguir que alguna de las víctimas responda favorablemente a su estrategia.
El estudio ha examinado diez años de conversaciones policiales para identificar estos patrones y avanzar en sistemas que permitan detectar y prevenir antes el ciberacoso sexual.
El acoso escolar aumenta y aparece la IA
El problema coincide con un incremento general del acoso entre menores. Un informe de la Fundación ANAR sitúa su incidencia en el 14% durante el último curso, frente al 12% del anterior.
Las víctimas sufren principalmente agresiones, insultos y aislamiento, pero el informe advierte de una nueva utilización de la tecnología: herramientas de inteligencia artificial para fabricar vídeos falsos utilizando la imagen o la voz de las víctimas.
Las chicas representan el 60% de las víctimas recogidas en los datos del informe.
La evolución tecnológica introduce así nuevas formas de agresión digital al mismo tiempo que los investigadores tratan de comprender los patrones de conversación utilizados por quienes buscan acercarse sexualmente a menores a través de internet.
