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Una de cada cinco reacciones anafilácticas se produce en el entorno escolar y en aproximadamente la mitad de esos casos es la primera reacción conocida del menor


Un alumno comienza a tener dificultades para respirar, se le hincha la garganta o pierde el conocimiento después de entrar en contacto con un alérgeno. En una situación así, cada minuto importa. Sin embargo, España no dispone actualmente de un reglamento estatal homogéneo que establezca un mismo protocolo de actuación ante una anafilaxia en todos los centros educativos, según denuncia AEPNAA.
La situación ha llegado hasta el Parlamento Europeo de la mano de Amapola Munuera, farmacéutica especializada en alergia alimentaria y representante de la asociación, que intervino el 9 de septiembre en Bruselas para reclamar una regulación común.
El problema puede aparecer sin antecedentes
Uno de los datos que más preocupa es que no siempre se trata de niños cuya alergia ya era conocida.
AEPNAA señala que una de cada cinco anafilaxias ocurre en el colegio y que aproximadamente la mitad de estos episodios constituye la primera reacción alérgica conocida del alumno.
Esto implica que el protocolo no puede limitarse únicamente a los profesores que tengan en clase a un estudiante previamente diagnosticado.
La adrenalina debe poder alcanzarse inmediatamente
Una de las medidas defendidas es que la medicación de rescate de cada alumno identificado esté localizada en un lugar conocido por todo el personal.
La propuesta establece que debe ser rápida e inmediatamente accesible y nunca permanecer bajo llave.
También reclama que profesores, monitores y resto del personal reciban formación periódica para identificar una reacción grave y saber utilizar un autoinyector.
No basta con vigilar el comedor
Los alérgenos pueden aparecer en lugares mucho menos evidentes.
El documento menciona la necesidad de revisar materiales escolares, manualidades, excursiones y celebraciones, además de extremar el control de la contaminación cruzada en los comedores.
Como ejemplos, cita materiales que podrían contener derivados de leche o maíz y gomas con látex. La adaptación debe realizarse, según el protocolo, evitando excluir o aislar al menor.
Una ficha con fotografía, síntomas y teléfonos
Otra de las propuestas es que cada alumno diagnosticado disponga de una ficha individual accesible para quienes puedan tener que atenderlo.
Debería incorporar fotografía, antecedentes médicos, alérgenos, síntomas de alerta, pautas de rescate y contactos de emergencia, después de una coordinación previa entre el colegio y la familia.
Qué hacer ante una reacción grave
La propuesta recoge una cadena de actuación concreta ante síntomas graves o que progresen rápidamente: actuar sin demora siguiendo la pauta de rescate prescrita, activar el 112, indicar que se trata de una reacción anafiláctica, mantener al menor acompañado y organizar su traslado para supervisión médica.
Baleares ya ha empezado a implantar un modelo específico en los centros públicos con formación, protocolos comunes y autoinyectores de adrenalina. AEPNAA plantea ahora extender una protección homogénea para que la respuesta ante una emergencia de este tipo no dependa del colegio ni de la comunidad autónoma en la que estudie el menor.







