16 de septiembre de 2026
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16 de septiembre de 1498: muere Tomás de Torquemada, el primer inquisidor general de España

Confesor de los Reyes Católicos y figura fundamental en la organización de la Inquisición, Torquemada murió en Ávila después de ejercer durante años una enorme influencia religiosa y política

El 16 de septiembre de 1498 fallecía en Ávila Tomás de Torquemada, fraile dominico, confesor de los Reyes Católicos y primer inquisidor general. Su nombre ha quedado inevitablemente asociado a uno de los periodos más controvertidos de la historia española: la consolidación de la Inquisición a finales del siglo XV y la persecución de quienes eran considerados herejes o sospechosos de mantener prácticas religiosas prohibidas.

La Real Academia de la Historia sitúa su nacimiento en 1420 en la localidad palentina de Torquemada, aunque otras fuentes históricas han señalado Valladolid como posible lugar de nacimiento. Murió en Ávila el 16 de septiembre de 1498, cuando rondaba los 78 años.

De fraile dominico a hombre de confianza de los Reyes Católicos

Torquemada ingresó en la Orden de Predicadores, los dominicos, y profesó en el convento de San Pablo de Valladolid.

Su carrera eclesiástica fue avanzando hasta convertirse en prior del convento de Santa Cruz de Segovia, cargo que desempeñó durante varias décadas.

Su cercanía a la monarquía acabaría proporcionándole una influencia mucho mayor.

Torquemada fue confesor real y hombre de confianza de la Corona en una época en la que religión y poder político estaban profundamente relacionados.

La Real Academia de la Historia explica que, cuando se decidió centralizar el funcionamiento de la nueva Inquisición bajo la autoridad de un inquisidor general, el elegido fue precisamente Torquemada, considerado una persona de confianza tanto por la monarquía como por las autoridades pontificias.

El primer inquisidor general

En 1483 comenzó la etapa que convertiría definitivamente a Torquemada en uno de los personajes más conocidos de la historia española.

Recibió autoridad como inquisidor general, extendiendo posteriormente sus competencias sobre diferentes territorios de las coronas de Castilla y Aragón.

PARES, el Portal de Archivos Españoles del Ministerio de Cultura, recoge que el 17 de octubre de 1483 recibió también el cargo de inquisidor general para Aragón, Cataluña y Valencia.

Su importancia no procedía únicamente de participar en procesos inquisitoriales. Bajo su dirección se avanzó en la organización y reglamentación de una institución que terminaría funcionando durante siglos.

Las instrucciones promulgadas durante aquellos primeros años establecieron procedimientos que debían seguir los diferentes tribunales inquisitoriales.

Torquemada se convirtió así en una pieza esencial en la transformación de distintos tribunales en una estructura centralizada y vinculada estrechamente a la monarquía.

Conversos y persecución de la herejía

Uno de los principales objetivos de la Inquisición de aquellos años fueron los conversos, especialmente personas de origen judío convertidas al cristianismo que eran acusadas de continuar practicando secretamente el judaísmo.

La Inquisición investigaba esas acusaciones, interrogaba a los sospechosos y podía imponer diferentes penas. En determinados procesos las condenas terminaron con la entrega del reo al poder secular para su ejecución.

También se investigó incluso a personas que ya habían muerto. Existen procesos documentados en los que se actuó contra la memoria y los bienes de fallecidos acusados de judaizar. La documentación histórica conservada muestra que estas prácticas ya existían en los primeros años de funcionamiento del tribunal.

Las cifras de víctimas, objeto de discusión

Durante siglos se han atribuido a Torquemada cifras extraordinariamente elevadas de ejecuciones.

Sin embargo, no existe consenso historiográfico que permita atribuirle con seguridad muchas de las cantidades que todavía circulan por libros divulgativos, páginas de Internet y redes sociales.

Algunas estimaciones fueron realizadas siglos después de los acontecimientos y han sido posteriormente discutidas o revisadas.

Por ese motivo resulta más riguroso distinguir entre la existencia documentada de ejecuciones y persecuciones inquisitoriales y las cifras globales atribuidas personalmente a Torquemada.

Los propios documentos de la época demuestran, no obstante, la dureza de determinados episodios. Una crónica citada en documentación histórica registra, por ejemplo, un auto inquisitorial celebrado en Córdoba el 5 de enero de 1492 en el que fueron condenadas decenas de personas.

Torquemada y la expulsión de los judíos

Su nombre también está estrechamente relacionado con otro de los grandes acontecimientos del reinado de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón: la expulsión de los judíos en 1492.

El 31 de marzo de 1492, los Reyes Católicos promulgaron el decreto que ordenaba la salida de los judíos que no aceptaran convertirse al cristianismo.

La documentación de la época justificaba la decisión argumentando que la convivencia entre judíos y cristianos favorecía que determinados conversos regresaran a las prácticas judaicas.

Torquemada tuvo una importante presencia en la política religiosa de aquellos años, aunque la expulsión fue finalmente una decisión de los monarcas, por lo que resulta simplificador atribuirla exclusivamente al inquisidor.

El convento de Santo Tomás de Ávila

Durante los últimos años de su vida, Torquemada estuvo estrechamente vinculado al convento de Santo Tomás de Ávila.

El edificio comenzó a construirse en 1482 y Torquemada participó activamente en su desarrollo junto a María Dávila y fray Alonso de Valisa.

Los propios Reyes Católicos financiaron parte de las obras, aunque no llegaron a asumir formalmente el patronazgo del convento. El edificio llegó a funcionar tanto como sede del tribunal de la Inquisición como residencia de la Corona.

En 1493, Torquemada se retiró allí como prior.

16 de septiembre de 1498

Cinco años después de su retirada, Tomás de Torquemada murió en Ávila el 16 de septiembre de 1498.

Tenía aproximadamente 78 años.

Terminaba así la vida del hombre que había dirigido la primera etapa de consolidación de la Inquisición española y cuyo apellido acabaría convirtiéndose, con el paso de los siglos, en sinónimo de la propia institución.

Su figura continúa provocando debate más de cinco siglos después.

Detrás de la imagen legendaria construida posteriormente existe un personaje histórico perfectamente documentado: un dominico que pasó de prior y confesor real a dirigir una institución religiosa y política con enorme poder durante el reinado de los Reyes Católicos.

Y precisamente un 16 de septiembre, pero de 1498, moría en Ávila uno de los personajes más controvertidos de la España del siglo XV.

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