El programa afirma haber accedido a un grupo de Telegram con amenazas contra policías y comercios. Según su investigación, parte de los mensajes se borró cuando los participantes advirtieron que estaban siendo observados.
La organización de nuevas convocatorias tras los disturbios de Barcelona ha centrado una investigación de Todo es mentira, cuya redacción asegura haber accedido a un grupo de Telegram denominado «Blocus Barcelona 31 de octubre».
Durante la emisión, el programa ha mostrado y leído mensajes que, según explica, incluían llamamientos a cometer daños, saquear establecimientos y agredir a agentes policiales. El grupo superaba los 1.100 miembros en el momento de la observación, aunque esa cifra no permite conocer cuántas personas tenían intención real de acudir.
La investigación periodística describe también un cambio de comportamiento cuando algunos participantes comenzaron a sospechar de la presencia de periodistas o policías: borrado de conversaciones, publicación de mensajes aparentemente inocuos y anuncio de un nuevo grupo con acceso restringido.















La redacción asegura que conservó las conversaciones antes del borrado
La periodista encargada de presentar el trabajo ha explicado que el equipo accedió al grupo antes de que se eliminaran los mensajes y que pudo capturar tanto su contenido como el proceso de borrado.
Según su relato, las conversaciones iniciales mostraban una intención de provocar destrozos y dirigirse contra comercios de lujo. Posteriormente, la descripción incorporó una referencia a la defensa de la sanidad.
El programa interpreta esa modificación como un intento de presentar la convocatoria bajo una reivindicación social después de que los medios comenzaran a informar sobre su contenido.
Esa interpretación procede de la investigación televisiva. La transcripción no incorpora una verificación policial de la autoría de las cuentas ni permite determinar si todos los mensajes respondían a una misma intención.
Amenazas contra policías y establecimientos
Entre los contenidos expuestos durante la emisión figuraban amenazas dirigidas a agentes, referencias a daños en vehículos policiales y llamamientos a destruir mobiliario y atacar comercios.
El interés informativo de esos mensajes está en su posible carácter preparatorio de nuevas acciones violentas. Su existencia en un chat, sin embargo, no demuestra que todos sus integrantes participaran en los disturbios anteriores ni que fueran a ejecutar las amenazas.
La identificación de los autores y la valoración de sus conductas requieren examinar cada caso. Tampoco puede equipararse el número de miembros de un grupo con la asistencia a una convocatoria.
De un grupo abierto a otro con acceso filtrado
La redacción relata que, cuando aparecieron advertencias sobre posibles infiltrados, comenzaron a desaparecer las conversaciones.
Después, según el programa, se publicaron mensajes irónicos sobre actividades tranquilas y se anunció la creación de otro grupo para quienes realmente quisieran acudir, con un sistema de invitación y aprobación de acceso.
Este cambio es uno de los elementos centrales del reportaje: la posible transición desde un espacio con amplia difusión hacia otro más restringido para continuar la organización.
La transcripción recoge ese anuncio, pero no confirma que el nuevo grupo llegara a constituirse.
Jupol expresa preocupación por la coordinación y los menores
Un portavoz de Jupol ha intervenido después de la presentación del reportaje y ha señalado que la utilización de grupos digitales, los cambios de canal y las precauciones para evitar la identificación son comportamientos conocidos por quienes trabajan en información policial.
El representante sindical ha expresado especial preocupación por la participación de menores en los disturbios y ha reclamado un endurecimiento de la respuesta frente a estas conductas.
También ha defendido el trabajo de los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana, al tiempo que ha cuestionado la suficiencia del dispositivo desplegado.
Sus afirmaciones sobre los medios disponibles, las causas sociales de la violencia y la necesidad de cambios legislativos corresponden a la posición del sindicato, no a conclusiones acreditadas por el reportaje.
El debate distingue entre protestas y convocatorias para delinquir
La emisión ha incluido un enfrentamiento político sobre la responsabilidad del Gobierno y la respuesta a las movilizaciones.
Antonio Naranjo ha acusado al ejecutivo y a los partidos de izquierdas de haber alentado anteriormente la violencia cuando se dirigía contra adversarios políticos. Otros participantes han rechazado esa lectura y han defendido que no se confundan las protestas pacíficas por la vivienda, la educación o las pensiones con los saqueos.
José Muñoz ha sostenido que lo ocurrido en Barcelona responde a un fenómeno distinto: personas que utilizan canales digitales para concertar actuaciones delictivas.
La investigación presentada aporta mensajes relevantes sobre una posible nueva convocatoria. Quedan pendientes la identificación de sus responsables, la autenticación del conjunto de contenidos y la determinación de qué amenazas representan un riesgo efectivo.
NOTICIAS CIUDADANAS
Borrado de mensajes y nuevos grupos privados: así describe una investigación televisiva la organización de «Blocus»
«Todo es mentira» asegura haber documentado conversaciones con amenazas y planes de vandalismo para el 31 de octubre en Barcelona. Un portavoz de Jupol pide reforzar la prevención y respalda a los agentes que intervinieron en los últimos disturbios.
Un grupo de Telegram con más de 1.100 miembros, mensajes sobre ataques a comercios y policías y un posterior borrado de conversaciones. Esa es la secuencia que la redacción de Todo es mentira ha presentado tras acceder, según afirma, a un canal relacionado con una nueva convocatoria en Barcelona.
El espacio llevaba el nombre de «Blocus Barcelona 31 de octubre». La periodista que ha expuesto la investigación asegura que el equipo conservó mensajes antes de que fueran eliminados y observó cómo cambiaba el contenido cuando algunos usuarios sospecharon que estaban siendo monitorizados.
El reportaje sitúa la atención en la preparación de posibles actos violentos. No permite atribuir esas intenciones a todos los integrantes del grupo ni identificar por sí solo a quienes estaban detrás de las cuentas.
Qué afirma haber encontrado el programa
La investigación describe conversaciones sobre saqueos, daños en mobiliario urbano y amenazas contra agentes.
Según la redacción, el contenido inicial se orientaba hacia establecimientos de lujo. Después apareció en la descripción una referencia a la sanidad, incorporada cuando ya se estaba informando públicamente sobre estas convocatorias.
El programa considera que esa modificación buscaba dar una apariencia reivindicativa al grupo. Es una interpretación apoyada en la secuencia que asegura haber observado, pendiente de lo que puedan establecer las investigaciones policiales.
La desaparición de las conversaciones
Uno de los momentos destacados del reportaje es el borrado del historial.
La periodista explica que comenzaron a circular advertencias sobre la posible presencia de policías o personas que estaban difundiendo capturas. Después, los mensajes anteriores fueron eliminados y sustituidos por comentarios irónicos sobre actividades pacíficas.
El equipo afirma haber registrado ese proceso. La transcripción, no obstante, no aporta información suficiente para determinar quién ordenó cada eliminación o qué usuarios administraban realmente el canal.
La propuesta de un nuevo espacio restringido
Tras el borrado, una cuenta identificada en el grupo como creadora anunció la intención de abrir otro canal con acceso filtrado.
Según el relato del programa, ese espacio permitiría continuar las conversaciones con mayores restricciones de entrada. La emisión recoge la propuesta, sin confirmar que llegara a ponerse en funcionamiento.
La secuencia ilustra una dificultad para el seguimiento de estas convocatorias: los contenidos pueden desplazarse de espacios fácilmente accesibles a grupos más cerrados.
Más de 1.100 miembros no equivalen a 1.100 participantes
El tamaño del grupo es un dato de alcance, pero no un recuento de personas dispuestas a cometer actos violentos.
En un canal pueden coincidir promotores, curiosos, periodistas, observadores y usuarios que no participan activamente. Tampoco puede deducirse que quienes están inscritos sean las mismas personas que intervinieron en los incidentes anteriores.
Las responsabilidades deben vincularse a mensajes y actuaciones concretas, no a la simple pertenencia al grupo.
La valoración sindical
El portavoz de Jupol entrevistado ha considerado preocupante el contenido expuesto y ha señalado similitudes con formas de coordinación observadas en otros episodios de violencia.
Ha destacado la presencia de menores, reclamado una respuesta más firme y defendido la actuación de los agentes de Mossos y Guardia Urbana.
También ha planteado que un dispositivo más amplio podría haber reducido la gravedad de los disturbios anteriores. Esa valoración expresa su criterio sindical; la transcripción no incorpora un informe operativo que permita comprobarla.
Durante la entrevista ha mencionado asimismo otra alerta de seguridad. El material no acredita una relación entre esa amenaza y el grupo de Telegram, por lo que no puede presentarse como parte de una misma trama.
La controversia política no resuelve la autoría
El debate posterior ha enfrentado a quienes reprochan al Gobierno una supuesta tolerancia previa con la violencia y a quienes denuncian que se intentan desacreditar movilizaciones pacíficas.
José Muñoz ha diferenciado las manifestaciones reivindicativas de las convocatorias que, según su interpretación, buscan directamente delinquir.
La información relevante del reportaje está en los mensajes conservados y en su posible utilidad para prevenir nuevos hechos. Determinar quién los escribió, qué capacidad tenía para ejecutarlos y si existe una organización detrás corresponde a la investigación, más allá del enfrentamiento político en el plató.







