América Latina | “¡Tenemos hambre!”: las razones detrás de las protestas contra la cuarentena en al región

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Cuarentenas totales, restricciones por ciudades, cierres de negocios o confinamiento voluntario.

Salvo algunas excepciones, prácticamente todos los países de América Latina han adoptado medidas para intentar frenar el contagio del coronavirus.

Unas son más estrictas que otras, pero en general buscan limitar el contacto entre personas, y en la mayoría de los casos han derivado en el cierre de locales y espacios públicos y en la cancelación de eventos.

Han causado, en definitiva, un parón en la actividad económica y, en consecuencia, la pérdida de empleo e ingresos para una gran parte de la población.

El paso de los días y la falta de una idea clara de cuándo se va a salir de esta situación generan un malestar social que ha dado lugar a protestas ciudadanas en varios países de la región, en forma de bloqueos, cacerolazos o marchas callejeras.

La principal reclamación de los manifestantes es que los gobiernos aporten los recursos indispensables para cubrir sus necesidades básicas durante el período de aislamiento.

Sin embargo, hay matices entre las diferentes movilizaciones. Te contamos cuáles son las más destacadas.

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Brasil: el presidente a la cabeza

Comenzamos por Brasil, que se encuentra en una situación muy particular porque es su propio presidente, Jair Bolsonaro, quien lidera las protestas en contra de la cuarentena, en oposición a varios gobernadores estatales e incluso a las autoridades sanitarias.

Un enfrentamiento que llevó al cese el 16 de abril del ministro de Salud Luiz Henrique Mandetta.

El pasado domingo, Bolsonaro asistió a un encuentro público en el que cargó contra las normas de confinamiento ante el clamor de sus partidarios, que se sumaron a caravanas políticas por todo el país.

Subido a una camioneta frente al cuartel general del ejército en la capital, Brasilia, el presidente pronunció un controvertido discurso en el que dijo que no está dispuesto “a negociar con el Congreso”.

Esa misma noche, 20 gobernadores difundieron una carta pública en defensa de la democracia. También hubo reacciones similares del presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, y de varios magistrados del Tribunal Supremo.

Un día después, menos combativo, Bolsonaro señaló que espera que esta sea la última semana con restricciones por considerar que es una política errónea que elimina empleos y “también mata”.

Brasil tiene más casos de coronavirus que cualquier otro país de América Latina, con más de 38.000 contagios y más de 2.400 muertes hasta el martes 21 de abril.

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Colombia: trapos rojos en las ventanas

Las protestas en Colombia han surgido en varias ciudades y zonas rurales del país y se dan en distintas modalidades: bloqueos de calles, cacerolazos y trapos rojos en las ventanas para exigir ayudas económicas y alimenticias.

Esta prenda sirve como grito de auxilio en la fachada de muchos vecinos y empieza a esparcirse por Colombia como un nuevo símbolo de protesta contra la pobreza que vive el país.

El gobierno de Iván Duque anunció el pasado marzo un paquete de ayudas a base de subsidios, créditos blandos y suspensión de pagos, pero las medidas no son suficientes en un país donde la mitad del empleo es informal.

“Ahora todo dio un giro”, le dijo Ruth Grisales, vecina de Soacha, al corresponsal de BBC Mundo en Colombia, Daniel Pardo.

“Mis trabajos se terminaron y ninguno de los patrones se ha dedicado ni a llamarme a preguntar cómo estoy”.

Más de 20 días después del inicio de la cuarentena, sectores de la población decidieron salir a la calle para exigirle al presiden las ayudas prometidas.

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Bolivia: acusaciones entre gobierno y oposición

El malestar en Bolivia tiene un componente fundamentalmente económico, pero también otro de carácter político.

Las familias que viven de pequeños negocios de venta callejera o trabajan en casas ajenas se han quedado sin fuentes de ingresos, lo que ha dado lugar a diferentes protestas.

Las movilizaciones comenzaron a producirse a principios de abril, cuando habitantes de la ciudad de El Alto y vecinos de la zona sur de Cochabamba incumplieron las restricciones y salieron a las calles para exigir la entrega de bonos y alimentos.

“Tenemos hambre, tenemos hambre”, exclamaban los manifestantes.

En este contexto, y aquí aparece el elemento político, el gobierno interino de Jeanine Áñez acusó al expresidente Evo Morales, actualmente en Argentina, de alentar las protestas.

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Chile: la sombra del descontento de fin de año

Chile despidió 2019 en plena conmoción social tras meses de movilizaciones que se iniciaron a finales de octubre por la subida del precio del billete de metro de la capital, Santiago.

Aquel descontento inicial dio lugar a meses de protestas en las que se exigían mejoras de carácter social, económico, educativo y político.

Las revueltas no se detuvieron tampoco tras la convocatoria por parte del gobierno de Sebastián Piñera de un referéndum para estudiar el cambio de la Constitución.

Pero llegó el coronavirus y, aunque la cuarentena en Chile no es total sino por zonas, se frenaron las protestas.

Hasta este lunes, cuando una concentración en la emblemática Plaza Italia de Santiago dejó al menos 14 detenidos, según informó la policía, que justificó su intervención por las actuales restricciones a las reuniones de más de 50 personas.

Los reclamos se trasladaron a las redes sociales, donde numerosos usuarios se quejaron de que un bono anunciado por el gobierno para el 60% de las personas más desfavorecidas contiene unas condiciones que impedirán que lo reciban todos los que lo merecen.

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México: demanda de equipos de protección

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha sido criticado desde algunos sectores por no haber tomado medidas drásticas para contrarrestar el embate del coronavirus.

En lugar de un confinamiento total obligatorio y el consabido distanciamiento social, AMLO defiende que se mantenga una “sana distancia”.

Esta semana, México entró en una “fase de ascenso rápido” y pasó de contar 5.000 casos confirmados el lunes 13 de abril a los más de 8.700 reportados este pasado lunes 20 de abril, según los datos de la Secretaría de Salud.

La nueva fase implica la suspensión de todas las actividades laborales no esenciales. Se mantiene además la suspensión de actividades en espacios públicos como parques, plazas comerciales, playas o centros deportivos y religiosos.

Este giro aún no ha dado lugar a protestas significativas, pero sí ha dejado imágenes de trabajadores en paro para protestar por la falta de equipos de protección frente al contagio.

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Venezuela: la falta de gasolina prende las protestas

La escasez de gasolina es un problema crónico desde hace años en Venezuela que se ha visto agravado por el coronavirus.

En el contexto actual de crisis sanitaria, la falta de gasolina -para la que los expertos no atisban una solución a corto plazo- puede tener graves consecuencias.

Unas consecuencias que ya se sienten en Petare, el barrio popular más grande de Venezuela, donde el periodista de BBC Mundo Daniel García conoció a Manuela, una mujer de 54 años a la que la cuarentena obliga a quedarse en casa.

“No salgo a comprar porque como no trabajo, no tengo real”, explicó. Y es que la crisis del coronavirus la dejó sin su fuente de ingresos: limpiar casas de clase media dos días por semana.

La tensión ha ido creciendo de tal forma que la semana pasada cientos de personas rompieron la “cuarentena social y radical” en distintos lugares del país para protestar por esta situación.

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El Salvador: de los elogios a las movilizaciones

Los salvadoreños también han salido a las calles en las últimas semanas para denunciar la falta de alimentos y lo que consideran un incumplimiento de lo prometido por el gobierno de Nayib Bukele.

En el país centroamericano, que está en cuarentena total desde el pasado 21 de marzo, el presidente Bukele aprobó un ambicioso plan de estímulo económico que fue elogiado dentro y fuera de sus fronteras.

Sin embargo, los elogios se transformaron en protestas callejeras ante el cierre de los centros en los que se repartían subsidios de ayuda por un valor de US$300 para comprar alimentos.

Otros países de la región también son testigos de la difusión de críticas y denuncias a través de redes sociales, medios de comunicación o desde los balcones, lo que pone de manifiesto el enorme reto que supone mantener en cuarentena a millones de personas que mayoritariamente viven al día.

 
 

 

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