9 de mayo de 2014
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Aparece muerto en su domicilio Yago Lamela

Fue discípulo del maestro de maestros, Rafael Blanquer. El mito valenciano del atletismo hizo lo que pudo por él pero ya por entonces, largas temporadas de bajón emocional mermaban a un impresionante atleta, quizás uno de los más completos que ha tenido nuestro país en los últimos años, y que hubiera sido uno de los más grandes de no ser por circunstancias que convirtieron su vida en un auténtico infierno.

 

Yago Lamela fue hallado en la casa de sus padres en su Avilés natal, en circunstancias que aún no han trascendido. El atleta asturiano se había retirado en 2009, y sufría una fuerte depresión que ya en 2011 le llevó a ingresar en la planta de Psiquiatría del Hospital San Agustín de su Avilés natal.

Formado en la Atlética Avilesina, es parte de la historia de atletismo mundial desde el 7 de marzo de 1999, día en el que Yago saltaba 8 metros y 56 centimetros, record de Europa en Longitud que seguiría vigente hasta que lo batiera el alemán Bayer una década después. Fue un hito impensable hasta entonces para el atletismo español.

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Yago Lamela, compitiendo con el Valencia Terra i Mar.

Lamela se convirtió en un auténtico ídolo del atletismo español y en una de las más firmes promesas de cada cita internacional de atletismo. Pero pronto sufrió su primer bache deportivo, del que salió al lado del maestro de maestros, Rafael Blanquer. El mito del atletismo valenciano consiguió remontar sobre todo anímicamente a Yago, que tras recuperar la confianza en sí mismo y su famosa melena, encontró su mejor forma junto a las campeonas del mundo Niurka Montalvo, Concha Montaner y la subcampeona olímpica Glory Alozie, el subcampeón de Europa David Canal…, un elenco como para sentirse arropado por lo mejor de lo mejor. Así era y es la ‘fábrica de atletas’ de Blanquer.

Y así, a orillas del Mediterráneo, Yago recuperó la forma, el ánimo…, y los ocho metros. Sus marcas volvieron a rondar aquellos míticos 8’56 que se habían convertido en una obsesión. Así, en 2003 saltó 8’53 m., la mejor marca mundial del año. Una medalla de lata del el Mundial Indoor de Birmingham y un bronce al aire libre en París aumentaron su leyenda y le pusieron de nuevo en la buena dirección.

De su primer bache deportivo salió en Valencia. Allí, junto a Rafa Blanquer, con quien compartía la pasión por los coches, volvió a dejarse crecer la melena, algo que siempre relacionó con su estado de ánimo. Lamela rescató su mejor tono junto a Niurka Montalvo (campeona del mundo), Concha Montaner (campeona del mundo júnior), Glory Alozie (subcampeona olímpica), David Canal (subcampeón de Europa)… Al calor del Mediterráneo recuperó el ánimo. Se compró un descapotable y comenzó a volar por encima de los ocho metros. En 2003 terminó con un salto de 8,53 que era la mejor marca mundial del año. Llegó otra plata en un Mundial indoor (Birmingham) y un bronce al aire libre (París).

Las cosas se le ponían perfectas para las olimpiadas de 2004, pero ese año quedó marcado en su carrera como el inicio de su calvario definitivo. El tendón de un tobillo, el de la pierna de batida, la que soporta todo el peso y le impulsa, recibía un golpe bajo que le impedía acudir a la cita olímpica.

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Blanquer, Montaner, Montalvo y Yago Lamela. En Valencia el del Avilés fue feliz.

El atleta avilesino había terminado 2003 con la mejor marca mundial del año, 8,53 m., a tres centímetros de su récord personal, y con claras aspiraciones a superar en Atenas sus mejores registros. Todo pintaba prometedor para Yago: el estreno de la temporada lo iba a realizar en casa, en la pista de atletismo de Avilés recién acabada, que él iba a estrenar. Pero unos días antes, anunció que una lesión le impediría saltar ante su público.

Lo que parecía un simple traspiés se convirtió en una lesión crónica que terminó acabando con su carrera… y con su vida con apenas 36 años. Finalmente y con muchas dudas consiguió llegar a Atenas, pero se quedó muy lejos de sus marcas, no pudiendo siquiera llegar a los ocho metros.

Fue su último salto. Meses después acudió a Finlandia para someterse a un intervención quirúrgica. No dio resultado, y la segunda, tampoco. Lo intentó de todas maneras, hasta con acupuntura, pero ni aún así. Yago no se resistía, no quería tirar la toalla. Regresó con Juanjo Azpeitia, el entrenador ovetense que le llevó a los 8,56 aquel ya lejano mes de febrero de 1999, en los Mundiales de Maebashi (Japón), un salto que además de la medalla de plata, le catapultó a la fama.

Pero ya nada era igual. En 2009 dejaba definitivamente las pistas de atletismo y le perdimos la pista hasta 2011, cuando supimos que había ingresado una semana en la planta psiquiátrica del hospital de San Agustín, en Avilés. Uno de sus últimos reveses lo sufrió al intentar sacarse el título de piloto de helicóptero en una academia que quebró cuando ya contaba con un buen número de horas de vuelo.

La vida no le trató bien, pero Yago Lamela consiguió, con más esfuerzo que los demás, hacerse con un hueco de privilegio en el salón de honores del deporte español. Descanse en paz.

VLC Noticias | Redacción

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