Que el agua del mar parezca limpia no garantiza que sea adecuada para el baño. Los controles en las playas de la Comunitat Valenciana incluyen muestreos periódicos, análisis microbiológicos y vigilancia de posibles focos contaminantes, mientras nuevas tecnologías como los drones y la inteligencia artificial buscan acelerar la detección de problemas.
Con la llegada del verano, miles de personas se bañan cada día en las playas de la Comunitat Valenciana, pero ¿cómo se determina realmente que el agua es segura?
La respuesta está muy lejos de una simple inspección visual. Un agua transparente puede contener microorganismos imposibles de apreciar a simple vista y, al contrario, determinados cambios de color pueden tener un origen natural y no representar necesariamente un riesgo sanitario.
Para conocer el estado real del agua se desarrolla un sistema de vigilancia basado en tomas de muestras, análisis de laboratorio, inspecciones y seguimiento de posibles fuentes de contaminación.
A estas herramientas tradicionales comienza a incorporarse además la tecnología. Un proyecto piloto desarrollado en la Comunitat Valenciana está utilizando drones, sensores e inteligencia artificial para obtener información más rápidamente y detectar posibles anomalías.
Índice de contenidos
E. coli y enterococos: qué se busca en los análisis
Uno de los principales objetivos de los controles es detectar una posible contaminación microbiológica.
Entre los indicadores fundamentales que se analizan en las aguas de baño figuran:
- Escherichia coli (E. coli).
- Enterococos intestinales.
No significa necesariamente que estos sean los únicos elementos relevantes para conocer el estado ambiental de una playa. Su importancia sanitaria radica en que funcionan como indicadores de contaminación fecal.
Una presencia elevada puede advertir de aportes contaminantes relacionados, por ejemplo, con aguas residuales o con determinadas actividades desarrolladas en el entorno.
Precisamente porque estos microorganismos son invisibles a simple vista, contemplar el agua desde la orilla no permite establecer con garantías si una playa es adecuada para bañarse.
Así se toman las muestras en una playa
El control comienza sobre el terreno.
Los técnicos recogen muestras de agua en puntos previamente seleccionados para que los resultados obtenidos sean representativos de las condiciones existentes en cada zona de baño.
La elección de estos lugares tiene en consideración las características de cada playa y la presencia de bañistas. Una zona especialmente extensa puede necesitar varios puntos de muestreo.
Después, las muestras son trasladadas al laboratorio para realizar los correspondientes análisis microbiológicos.
Este procedimiento proporciona información sobre el estado del agua en el momento en que se realizó la toma.
Pero el sistema no depende exclusivamente de una muestra aislada.
La vigilancia continuada permite conocer la evolución de cada zona y detectar situaciones anómalas que puedan requerir nuevas comprobaciones o la adopción de medidas preventivas.
Una playa puede parecer limpia y no estarlo
Uno de los errores más frecuentes consiste en asociar directamente el aspecto del agua con su calidad sanitaria.
Transparencia no es sinónimo de ausencia de contaminación.
Muchos microorganismos capaces de indicar un problema sanitario no alteran necesariamente el aspecto del agua. Por eso resulta imprescindible recurrir al laboratorio.
De la misma manera, determinadas tonalidades, espumas o acumulaciones observadas en el mar pueden responder a fenómenos naturales y no significan automáticamente que exista un episodio contaminante.
La observación sirve para detectar anomalías, pero debe complementarse con los controles correspondientes.
Las lluvias pueden cambiar rápidamente las condiciones
Los episodios de precipitaciones intensas constituyen uno de los momentos que pueden alterar las condiciones existentes en determinadas zonas costeras.
El agua de lluvia puede arrastrar materiales desde calles, campos, barrancos o acequias hasta desembocar finalmente en el mar.
Estos aportes pueden incluir materia orgánica, residuos y microorganismos, especialmente en áreas próximas a desembocaduras y puntos de vertido.
Por este motivo, las condiciones meteorológicas y los posibles focos de contaminación existentes alrededor de una zona de baño forman parte de los elementos que deben tenerse en consideración dentro de los programas de vigilancia.
La Comunitat Valenciana prueba drones para vigilar el agua
La tecnología comienza ahora a complementar estos sistemas tradicionales.
La Generalitat ha presentado un proyecto piloto para medir la calidad del agua mediante drones, desarrollado por las empresas valencianas Ocean Watcher y Salvare.
El sistema combina vuelos de drones, sensores y algoritmos de inteligencia artificial para localizar indicios de contaminación y disponer de información con mayor rapidez.
La principal ventaja es precisamente el tiempo.
Mientras que un análisis microbiológico requiere tomar una muestra, transportarla y procesarla, los sensores pueden facilitar datos prácticamente inmediatos sobre determinadas alteraciones y señalar lugares donde resulte conveniente intensificar las comprobaciones.
Siete puntos participan en el proyecto piloto
Las pruebas se desarrollan en distintos puntos de las provincias de Valencia:
Meliana
- Acequia Sangonera.
- Acequia Nova.
Alboraya
- Acequia de Sant Vicent.
- Barranc del Carraixet.
Valencia
- Gola del Pujol.
- Gola del Perellonet.
Sueca
- Gola del Rei.
Se trata de enclaves especialmente interesantes para comprobar el funcionamiento de esta tecnología por la relación existente entre acequias, barrancos, golas y las aguas costeras.
¿Pueden los drones sustituir a los análisis de laboratorio?
La incorporación de drones no supone prescindir del sistema tradicional.
Su utilidad reside especialmente en ampliar la capacidad de vigilancia y acelerar la detección de anomalías, identificando rápidamente lugares en los que pueda existir un problema.
Los análisis de laboratorio continúan siendo esenciales para determinar la presencia y concentración de microorganismos concretos.
La combinación de ambos métodos puede permitir, por tanto, una vigilancia más rápida: la tecnología detecta indicios y ayuda a localizar posibles alteraciones, mientras los análisis permiten comprobar microbiológicamente el estado del agua.
Una red de vigilancia durante la temporada de baño
La Comunitat Valenciana dispone de numerosos puntos de muestreo distribuidos por sus zonas de baño.
Como referencia, el programa correspondiente a 2024 contemplaba 264 zonas de baño y 293 puntos de muestreo.
El seguimiento periódico permite construir un historial de resultados para cada playa y conocer no solamente qué ocurre un día determinado, sino cómo evoluciona su calidad.
Esta diferencia es importante porque una muestra puntual y la clasificación general de una playa no representan exactamente lo mismo.
La clasificación de las aguas de baño tiene en consideración los resultados microbiológicos obtenidos durante un periodo determinado, mientras que los controles efectuados durante la temporada permiten detectar episodios concretos que puedan requerir medidas inmediatas.
¿Qué ocurre si aparece un problema?
Cuando los controles revelan una posible alteración de la calidad del agua, las administraciones pueden intensificar los muestreos y analizar el posible origen del episodio.
Localizar la fuente resulta especialmente importante.
Una incidencia puede estar relacionada con diferentes circunstancias y, por eso, conocer el entorno de cada playa —desembocaduras, barrancos, acequias o posibles aportes de aguas residuales— permite orientar las actuaciones.
Si las condiciones no ofrecen garantías suficientes para los bañistas, pueden adoptarse medidas preventivas y restricciones temporales del baño hasta comprobar que el agua vuelve a encontrarse en condiciones adecuadas.
El aspecto del mar es solo una pequeña parte del control
Cuando una persona llega a una playa y encuentra el agua aparentemente limpia está viendo únicamente la parte más evidente de un sistema mucho más complejo.
Detrás existen técnicos que recogen muestras, laboratorios que analizan microorganismos, programas públicos de vigilancia y protocolos para actuar cuando aparecen resultados anómalos.
Ahora se añade una nueva herramienta: drones capaces de recorrer determinados espacios y sensores cuyos datos pueden procesarse mediante inteligencia artificial.
El objetivo sigue siendo el mismo: detectar cuanto antes cualquier posible riesgo y disponer de información suficiente para determinar si una zona de baño reúne las condiciones necesarias para que los ciudadanos puedan entrar al agua con seguridad.